viernes, 25 de junio de 2021

Heriberto Ramírez Luján. Río Peñasco


 

Río Peñasco

 

 

Por Heriberto Ramírez Luján

 

 

Nunca me imaginé que escuchar Esclavo y amo, de Javier Solís, despertara en mí tal nostalgia. Habían pasado pocas semanas de que había llegado al rancho de J.B. Runyan, surcado por las aguas frías del río Peñasco, entre Hope y May Hill en el sur de Nuevo México. Hacíamos las tareas del racho a orillas del pequeño río, encendimos el radio de una desvencijada troca y al explorar el cuadrante la canción estaba ahí. Esa antes ramplona tonada de pronto multiplicó los recuerdos y la añoranza de una tierra que parecía sujetarnos para llevarnos a su regazo.

Recién había terminado la preparatoria y con Lalo, un compañero, emprendimos la aventura hacia el otro lado de la frontera. Llegamos en un mal año a ese racho manzanero: la cosecha había sido mala, las barracas que antes acogían a decenas de trabajadores ilegales estaban abandonadas. Éramos unos cuantos los que nos ocupábamos de mantener con vida los árboles frutales, duraznos, ciruelos, cerezos y los manzanares. También nos ocupábamos de atender el ganado, vacunarlo, castrarlo, reunir las ovejas y las cabras de lana. Hube de reaprender a cabalgar y a recorrer las empinadas y peligrosas laderas. Para no variar, también debíamos desyerbar las escasas tierras de cultivo.

La comida era buena, el clima inmejorable, la paga escasa, pero se compensaba pues no pagábamos por nada, ni siquiera había en que gastar un maldito dólar. Solo que no había chicas. La única que luego aparecía por ahí era la nieta de Runyan, alta, rubia, pero más lejana que una estrella a miles de años luz.

Así que en un par de meses abandonamos ese maravilloso enclave natural. Luego, cada uno de nosotros tomamos caminos distintos. En mi caso me fui a la planicie del sureste de Nuevo México, a trabajar en una refinería de gas. Un trabajo horrendo, de esos que ni los negros quieren hacer. La paga era mejor, pero había que pagar por todo. Además, se podía ir a bailes y ver chicas.

Unos meses más y ya estaba de regreso en mi añorada Ojinaga, festejando Navidad con amigas y amigos; no traje dólares porque todo me lo gasté en ropa, pues nunca había tenido la fortuna de vestirme con ropa nueva a mi gusto y medida. Con varios kilos de menos y con una autoconfianza a tope, había sobrevivido a los ritos de paso que te imponía la frontera.

Hace un par de años –ahora como turista– volví a pasar por ese pintoresco rancho; lo vi hecho una ruina, los árboles muertos, la construcción abandonada y el río Peñasco seco. El cambio climático acabó por darle fin a un vergel que fue sustento de muchos mexicanos que cruzaban a pie, caminando durante varios días para emplearse en las faenas de temporada, y regresaban por el mismo sendero llevando a sus familias unos billetes verdes para aliviar las duras carencias de su tierra.

A Javier Solís, a partir de aquel entonces, le tomé aprecio…

 






Heriberto Ramírez Luján, filósofo mexicano, redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo.

jueves, 24 de junio de 2021

Margarita Etchechury. En el infinito espacio se conjugan


En el infinito espacio se conjugan 

 

 

Por Margarita Etchechury

 

 

Sueños tejidos en el aire:

están los sueños que juntos hilvanamos, 

la burbuja de miel que los alberga.

Suelen caer, a ratos, 

gotas de hiel que rompen el encanto. 

 

 

Si de gozar se trata, es el momento. 

Quizá en el futuro incierto 

nada resulte. O brillen las estrellas 

para siempre 

 

 

Este mundo fantasioso 

rompe estereotipos, 

permite alimentar el corazón de gozo.

 

 

En el infinito espacio se conjugan 

dos, una pasión constelando el universo 

con designios ignotos 

que el destino marcó con fecha y nombres.

 






Margarita Etchechury fue presidenta de la Asociación de Escritores Chihuahuenses 1994 y 1995. Ha publicado en revistas y suplementos literarios, entre ellos Letras y algo másSolarEl Heraldo de ChihuahuaEl Monitor de ParralEl Correo de Parral y El Sol de Parral. Su obra aparece también en varias antologías. En 2015 publicó su libro de poemas Transparencias, que fue presentado en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en la ciudad de México, y en 2017 salió su libro de relatos Canto de sirenas.

miércoles, 23 de junio de 2021

Poesía. Martha Estela Torres Torres

Poesía

 

 

Por Martha Estela Torres Torres

 

 

La poesía es la heredera de esta tierra,


la mejor hada en campos y ciudades;


inspiración que yace bajo perfume de madreselvas, 


no deja de aletear, como las Monarcas de nuestras riveras.

 



Todos los días celebramos la poesía,


se avisora lenta al amanecer como un destello


que proyecta la aurora.

 



A medio día germina con la fuerza de los tulipanes


y florece con distintas versiones de emoción y sentimiento.

 

A veces palpita en la alegría, y en la tristeza enmudece.




Adolorida al anochecer medita en las horas mansas.


Crece al ritmo de los trigales


para inventar atardeceres.

 



Se mira en el espejismo de la realidad


hollando, subterránea, criptas de la memoria.


Se guarda inverosímil en los pliegues del amor


para escapar de los incrédulos.

 



El insomnio la impulsa a jugar con la noche  


imprimiendo el dolor, la incertidumbre,


y la esperanza en pétalos de luna nueva.

 



Ahora duerme, no la despiertes, sueña con un manantial de signos: construyendo belleza, izando la verdad y compartiendo la luz.

 

 

 

 

Martha Estela Torres Torres tiene licenciatura en letras españolas y maestría en humanidades. Entre sus libros publicados están: Hojas de magnolia, La ciudad de los siete puentes, Arrecifes de sal, Cinco damas y un alfilPasión literaria Árboles en mi memoriaSeis lustros de letras y La cólera del aire. De 2009 a 2018 fue profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y acutalmente es editora en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

martes, 22 de junio de 2021

Andrés Espinosa Becerra. Su relato llamado Bonita

 

Foto Rafael Cárdenas Aldrete

los martes

Bonita

 

 

Por Andrés Espinosa Becerra

 

 

Nos metemos a una cantina del centro de la ciudad en busca de un refrigerio. Pedimos dos bohemias claras y tortas con queso de puerco. Chávez Marín da un vistazo a una revista para adultos. Me retiro para orinar.

De regreso, un obrero acompañado por una señora de notables proporciones deposita monedas en la rocola.

Voltea hacia los parroquianos, y grita: ahí les va, putos.

Comienzan a sonar las trompetas y saxofones de la orquesta de Luis Arcaraz.

 






Andrés Espinosa Becerra, Córdoba, Veracruz 1958, hizo estudios de literatura hispanoamericana. Tiene tres libros de poesía publicados: Quinteto para un pretérito (1996), en coautoría con otros autores; Los días que no duermen (2004) y Una casa con silencio y patio (2019). En 1996 gana el premio Cuauhtémoc de poesía con Domingo Siboney. Tiene algunos proyectos en espera de aparecer, como El ramalazo de los recuerdos y El árbol de los ciruelos.

lunes, 21 de junio de 2021

Heriberto Ramírez Luján. La caja de cerillos

 

La caja de cerillos

 

 

Por Heriberto Ramírez Luján

 

 

El eclipse de sol cerca del zenit ya oscurecía el cielo. Las gallinas empezaban a reunieres en sus gallineros. Todos en El Tecolote, la pequeña ranchería donde vivíamos, estaban a la expectativa. Las embarazadas se metieron en los roperos de sus casas. El desconcierto se removía entre mi curiosidad de niño y la tajante prohibición de ver directamente al astro rey. Mi padre me dice –ven, lo veremos de este modo. Sus toscas manos de campesino levantaron la tapa de una caja de cerrillo, esos de La Central, luego le hizo un pequeño orificio en el centro, y con un lápiz rayoneó la base por su parte interior. Luego, hizo pasar la luz por el agujero y ¡oh sorpresa! la imagen del eclipse se proyectó sobre la mancha negra hecha con el lápiz.

Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que mi padre me había elaborado en cosa de dos o tres minutos una cámara oscura. Hasta ahora me sigue intrigando saber cómo lo aprendió. Nunca se lo pregunté.

 






Heriberto Ramírez Luján, filósofo mexicano, redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo.

domingo, 20 de junio de 2021

Lore Bustamante. 54


 

54

 

 

Por Lore Bustamante

 

 

Entre más edad tengo, 54 recién cumplidos, de forma natural ya no me aferro a ciertas cosas, como que me cansé de ellas, ya no son de mi interés. Y no es nada más lo material, también son anhelos de personas o situaciones que no fueron, ilusiones vanas, situaciones inconclusas, viejas historias agotadas, cíclicas en lo bueno y lo malo y que ya huelen rancias.

Me alegro de deshacerme sin mucho esfuerzo de todo eso, me siento cada vez más libre y renovada.

Ahora hago simplemente aquellas cosas que son necesarias y poco a poco voy remodelando mi casa interior.

Minimalista, por cierto.

Llega el día en que eres mayor y te acercas al vacío, que me parece es la cosa más deseable, más plena, aquello que contiene el mayor significado y acabas allí donde empezaste.

Que privilegio acumular años y experimentar eso ¿no creen? Muchos no lo logran.

Lindo domingo y feliz día del papi, papá, papacito, dad, daidi, Pabbi, bobbo.

 

Domingo 20 junio 2021

 






Lore Bustamante es psicóloga de profesión, cantante por vocación. Ha dado clases en la Preparatoria ITCMA, en el C4 para el sistema de profesionalización a las diferentes corporaciones, de relaciones humanas, intervención en crisis y taller de lectura y redacción. Ha sido terapeuta individual y familiar. Tiene artículos publicados en la revista Dicen y en el periódico digital elresbaladero.com.

Alma Rosa Estrada. Tía María

 

Foto Pedro Chacón

el poema del domingo

Tía María

 

 

Por Alma Rosa Estrada

 

 

Desde la infancia

me llega una imagen tierna,

amiga de los pequeños,

de las flores y la tierra.

 

Imagen de agua dulce,

voz de campana y cristal,

ojos de cielo profundo,

de profunda caridad.

 

Los hijos entre los dedos

como entre diez corazones,

todo el mundo entre las manos

labrando tu inmenso hogar.

 

Y de todo aquel torrente

de tu ternura esencial,

algo fue mío, lo guardo

como una flor ideal.

 

Como un jazmín eterno

que nunca marchitará

ni en el tiempo en estuviste,

ni en el tiempo en que te vas.

 

Que te vas, poco a poquito,

desprendiéndote sin prisa

de tus jardines, tus flores,

tu dulzura y suavidad.

 

¡Descansa en paz, tía María,

ese reguero de flores

y ese reguero de amor

se quedan aquí, no se van!

 






 

Alma Rosa Estrada Comadurán (1929 – 2000) nació en Guerrero, Chihuahua, y vivió gran parte de su vida en Ciudad Cuauhtémoc. Estudió curso comercial en el Instituto América de la ciudad de Chihuahua. En 1993 la UACH publicó su primer libro de poemas titulado Una mujer. En el año 2000 se publicó su segundo libro, llamado Tan cerca de la vida. En 2018 se publicó el tercero: Una mujer tan cerca de la vida. En Cuauhtémoc durante algún tiempo escribió y publicó crónicas periodísticas en el semanario La voz de Cuauhtémoc. También fue una magnífica violinista y compositora de canciones. El Premio de Poesía del Festival de las Tres Culturas lleva su nombre.