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martes, 24 de febrero de 2026

Genes

 

Foto: Pedro Chacón

Genes

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

La tarde no parecía ser de primavera, hacía demasiado calor y solo estábamos en marzo. Los muchachos formaban corrillos, por no llamarlos pandillas, y los del barrio parecían más activos que de costumbre ese día. Un viejo profesor les observaba desde su mecedora en el pórtico. Parecía fascinado con lo que veía. Anotó en su libreta: “hay un miembro nuevo y preparan su iniciación”.

Su sobrina le pregunta entonces:
—¿Por qué te emocionas tanto?
—Pues soy antropólogo, psicólogo y genetista. Y lo que ves es algo que se ha transmitido en los genes de esos muchachos. Viene de hace millones de años atrás.
—Yo pensaba que lo que hacen lo aprendieron de otros muchachos en la calle.
—Bueno, puede ser. Pero explícame, ¿cómo es que niños que jugaban solitos con sus carritos de pronto sienten la necesidad de agruparse con otros niños que eran igual de solitarios y formar esas pandillas. Es un impulso irresistible que viene de los genes. Y cuando admiten a un nuevo miembro, le someten a un ritual, una tortura, que tiene que sobrevivir si ha de pertenecer al grupo.
—O sea…
—Está en los genes, la instrucción oculta en los cromosomas, ahí el código determina no solo lo que debe pasar, sino también cómo y cuándo comenzará a hacerlo.
—Entonces tú crees que los roles del líder de la banda y de los subordinados está también determinado genéticamente.
—Claro que sí.
—¿Y hasta dónde llega eso?
—¿Qué quieres decir?
—¿Son los genes y solo los genes los que determinan que alguien sea Hitler o Stalin?
—Yo así lo creo. Y he escrito varios artículos al respecto.
—Pero eso los haría inocentes de los crímenes que cometieron.
—Inocencia y culpabilidad no son cosas que se heredan, sino juicios, evaluaciones que unos hacen de las acciones de otros. Si bien la capacidad de juzgar, de evaluar, posiblemente esté determinada genéticamente, el producto de esta no lo está.
—Me he perdido, dame un ejemplo.
—Mira a esos chicos. Parece que van a echar al pobre iniciado a la fuente, o lo van a emplumar. Si se muere o resulta con un daño permanente, estableceremos que la pandilla o su ritual de iniciación son cosas malas; si no le pasa nada permaneceremos indiferentes o quizá su acción hasta nos podrá parecer simpática, es decir, buena.

Mientras la sobrina y el tío hablaban, los muchachos de la pandilla propinaban empellones al que estaban iniciando, al cual le habían colocado un saco en la cabeza de manera que no podía ver quien lo golpeaba o lo empujaba. Se le oía quejarse hasta donde estaban la sobrina y el tío.
—¿Y hay forma de predecir cuál será el resultado de uno de esos rituales? ¿Por ejemplo el que estamos viendo?
—Pues en cierta forma es lo que intento averiguar observando a esos chicos.

La sobrina se quedó entonces pensando, como tratando de entender lo que su científico tío estaba diciendo. Notando su expresión de desconcierto, el maestro preguntó:
—¿Qué pasa mi niña? Has enmudecido
—Pues seré franca, brutalmente franca: no entiendo cómo alguien con tantos títulos y estudios acaba espiando a unos vagos horse playing en un callejón. ¿Para qué sirve eso?
—Creerás que para nada, pero habrás oído de algo llamado autismo.
—¿Qué tiene que ver?
—Según mi teoría, mucho. El comando genético que se activa en un momento dado e impulsa al niño a dejar el juego solitario y buscar integrarse en un grupo como el de esos chicos
señalando a los muchachitos que se complacían en humillar al recién llegado está ausente, o su organismo no responde a él cuando este se activa. Así el niño autista permanece aislado en su mundo.
—¿Y la iniciación, la novatada?
—Es lo que ahora mismo estoy investigando: puede depender del mismo gen iniciador, o de otro gen, llamémoslo regulador, que se activa después. De cualquier forma, esta acción o el gen regulador pueden tener importancia también en la aparición de conductas autistas.
—Y ya que estudias a esos muchachos tal como los que estudian los gorilas en la jungla, ¿cómo sabías que iba a haber una pandilla llevando a cabo una iniciación aquí y ahora mismo?
—No lo sabía.
—Pues es una cosa fabulosa poder tener tus sujetos de estudio justo en el callejón de la casa, y no en Rwanda como los gorilas de Dian Fossey.
—Me impresiona que sepas de ella. ¿Y sabrás que la mataron?
—Sí ¡Qué horror!
—Aunque ella no se enfocó exactamente en lo que yo estudio ahora, sus observaciones y hallazgos son muy importantes para estudios como el mío.

Nuevo silencio.
—Y ahora ¿qué piensas?
—Ya has visto, habrás notado, que tan franca soy, o puedo llegar a ser.
—Sí, y me gusta, dime lo que sea.
—Pues aunque nada has dicho que en concreto lo sugiera, pienso que muchos de los que proponen encontrar explicaciones a la conducta humana, realmente buscan lo que llaman mejorar la especie, la eugenesia, el soldado perfecto.
—No temas mi niña. Si yo descubriera algo que pudiera conducir a esos fines ¡me lo llevaría a la tumba. ¡Mira! Ya termina, ¡ya el nuevo es uno de ellos! Permíteme hacer una nota para registrar el tiempo en que terminó la iniciación.
—Ya se van los muy idiotas. Como si no hubiera pasado nada. ¿Que escribes ahora?
—Pues lo que estás diciendo. Al terminar la iniciación se van todos juntos como si no hubiera pasado nada. O hay otro gen llamémoslo terminador, o el mismo regulador determina que el ritual ha terminado. Lo importante es que el ritual ha servido para restaurar la normalidad.
—Me asusta que cosas como estas puedan estar determinadas genéticamente.
—¿Por qué? ¿No ves que nuestras vidas se desarrollan sobre una línea trazada por la genética?
—¿Qué quieres decir? Explícate.
—¡Muy sencillo!
—¿Has sabido de alguien que haya vivido 200 años? Claro que no, ¿por qué crees que es así? Bueno, es muy obvio que hay genes que determinan la duración de nuestros órganos vitales. Desde el momento en que somos concebidos está establecido qué tanto tiempo podrá latir nuestro corazón o funcionar nuestros riñones o nuestros cerebros. Hay pues una línea trazada desde nuestra concepción hasta ese momento final. Sobre esta línea ocurrirán los eventos de nuestra vida. Muchas veces la muerte nos llegará antes de que estos órganos pudieran haber llegado a su fin determinado genéticamente. Pero si eso no pasa, viviremos solo lo que está determinado por estos genes. Ahora lo que yo intento descubrir son los mecanismos genéticos que determinan eventos importantes en nuestras vidas, particularmente como los que te estaba explicando antes.
—Yo creía que los genes se estudiaban en el laboratorio, no en los callejones.
—Tienes razón, los genes los vemos, los separamos, los inmovilizamos, los activamos en el laboratorio, pero no podemos ver ahí sino en una forma muy limitada el resultado de estas acciones. Muchas veces deducimos para qué sirve un determinado gen, porque cuando este falta o no funciona, algo no funcionará tampoco en el organismo de donde lo tomamos. Lo que yo deduzco de los chicos del callejón es mucho más complejo.
—¿Cómo qué?
—Supón que hace millones de años el que se acerca a la banda no es un niño hasta ahora solitario y retraído, sino un feroz antropoide que representa un peligro para cada uno de los miembros de la banda. Entonces el someterlo y humillarlo para hacerlo un igual a los otros y retirarse con ellos como si nada hubiera pasado tendría un gran valor adaptativo, aunque pudiera ser que la banda solo quisiera hacerlo uno de ellos para reforzarse y fortalecerse. O bien que el antropoide hasta ese momento solitario llevado por el gen o los genes inductores ha dejado su posición autista para adquirir la socializada. ¿Qué te parece?
—Interesante, pero difícil de demostrar. Yo creía que los investigadores buscaban el gen o los genes que causan el autismo, no los que lo previenen.
—En efecto, se lleva a cabo mucha investigación enfocada a eso. La mía probablemente solo explora un ángulo diferente. Claro, como tú lo has dicho, hará falta demostrar que la presencia o ausencia de determinados genes ya bien conocidos químicamente determina la aparición del cambio primero socializante y después los que tienen que ver con la aceptación en el grupo.
—Creo que, por lo pronto, lo único que podemos hacer es alegrarnos de que estos pequeños vándalos no hayan lastimado demasiado al muchacho que estaban iniciando en su pandilla.
— Así es, querida sobrina, ¿qué le vamos a hacer?
—Solo esperemos que esta pandillita que acaba de retirarse no sea una de esas que se dedica a la delincuencia y que todo lo que vimos pueda considerarse solo un juego, aún si es determinado
como tú quieres genéticamente.
—Y por supuesto que no sea —como tú te lo has temido— que el líder de esa pandillita, como tú la llamaste, un Hitler o un Stalin potencial.
—¡Ay, tío! Esta conversación me ha llevado a otro punto genéticamente determinado: tengo mucha hambre, pasemos a la cocina y preparémonos unos nutritivos sandwiches.
—En eso sí estamos 100% de acuerdo.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

miércoles, 14 de agosto de 2024

La chispa de zinc. Marco Benavides

La chispa de zinc

 

 

Por Marco Benavides

 

 

En el proceso de la reproducción humana, uno de los descubrimientos más sorprendentes de la última década ha sido la observación de un fenómeno conocido como “la chispa de zinc”. Este destello de luz ocurre en el momento en que un espermatozoide fecunda un óvulo, liberando miles de millones de átomos de zinc en un evento que ha dejado perplejos tanto a científicos como a filósofos. Aunque este fenómeno es bioquímico, ha dado lugar a interpretaciones que abarcan desde la biología hasta la filosofía y la religión.

La chispa de zinc fue observada por primera vez en óvulos humanos por científicos de la Universidad Northwestern en 2016. Utilizando técnicas avanzadas de microscopía fluorescente, los investigadores lograron capturar este fenómeno: un destello de luz que marca el comienzo del desarrollo embrionario. Este destello no es meramente decorativo; es una señal de que el óvulo ha sido activado y está listo para iniciar el proceso de división celular que dará lugar a un nuevo ser humano.

El zinc, un elemento esencial en numerosos procesos biológicos, juega un papel crucial en la activación del óvulo. Cuando el espermatozoide penetra en el óvulo, se desencadena una liberación masiva de átomos de zinc, creando un destello visible bajo microscopía. Este proceso es fundamental para la correcta activación del óvulo y, por ende, para la formación de un embrión viable.

Este descubrimiento es un ejemplo de cómo la ciencia puede brindar soluciones a problemas complejos y, al mismo tiempo, abrir nuevas puertas al conocimiento. Sin embargo, más allá de su utilidad práctica, la chispa de zinc también ha suscitado preguntas más profundas, que nos llevan a reflexionar sobre la naturaleza de la vida y de la concepción.

En el ámbito de la filosofía y la religión, la chispa de zinc ha despertado un considerable interés. Para algunos, este destello de luz es más que un simple fenómeno biológico: es un símbolo de la «concepción del alma», el momento en que una nueva vida comienza no solo desde un punto de vista físico, sino también espiritual, y da una explicación a tan antigua pregunta: ¿qué es el alma?

La idea de que la chispa de zinc podría representar la entrada del alma en el nuevo embrión es, por supuesto, una interpretación filosófica o espiritual que trasciende el dominio de la ciencia. Los científicos, en su mayoría, describen este fenómeno exclusivamente como un proceso bioquímico esencial para la fertilización y el desarrollo embrionario. No obstante, la pregunta persiste: ¿Podría ser que este destello físico sea también un reflejo de un proceso espiritual?

La noción del alma ha sido objeto de debate y especulación desde los albores del pensamiento. Distintos filósofos a lo largo de la historia han ofrecido visiones diversas sobre la naturaleza del alma y su relación con el cuerpo.

Platón concebía el alma como una entidad inmortal y divina que preexiste al cuerpo y sobrevive a su muerte. Según decía, el alma está atrapada en el cuerpo y su objetivo es liberarse para regresar al mundo de las ideas, donde reside la verdadera realidad. Desde esta perspectiva, el alma es independiente del cuerpo y trasciende la experiencia física. Si aplicamos esta visión al fenómeno de la chispa de zinc, podríamos pensar que el destello es un indicio de la entrada del alma en el cuerpo físico, un evento que marca el inicio de una nueva vida.

A diferencia de Platón, Aristóteles consideraba el alma como la forma del cuerpo, su principio vital: el alma no puede existir sin el cuerpo, y su función principal es la racionalidad en los seres humanos. Desde esta perspectiva, la chispa de zinc no sería un reflejo de la entrada del alma, sino simplemente un indicativo del inicio del proceso vital. El alma, en este caso, sería inseparable del desarrollo físico y no existiría independientemente de él.

En el siglo XVII, René Descartes propuso un dualismo radical, donde el alma (o mente) y el cuerpo son dos sustancias distintas. El alma es la sede del pensamiento y la conciencia, mientras que el cuerpo es una máquina que opera según las leyes físicas. Esta separación entre alma y cuerpo podría sugerir que la chispa de zinc marca el momento en que el cuerpo, como máquina, se activa, mientras que el alma, siendo independiente, podría entrar en el cuerpo en un momento posterior, o incluso preexistir al destello.

En el cristianismo, el alma es vista como la parte inmortal del ser humano que tiene una relación directa con Dios. Se cree que el alma es creada por Dios y que, después de la muerte, será juzgada y tendrá un destino eterno en el cielo o en el infierno. Desde esta perspectiva, la chispa de zinc podría ser interpretada como un signo del momento en que Dios infunde el alma en el embrión, marcando el inicio de la vida no solo en términos biológicos, sino también espirituales.

El fenómeno de la chispa de zinc es un poderoso recordatorio de cómo la ciencia puede iluminar aspectos fundamentales de la vida humana, y al mismo tiempo, suscitar preguntas que van más allá del ámbito científico. La fascinante relación entre el cuerpo y el alma, el momento exacto en que comienza la vida, y el significado espiritual de la concepción son temas que han intrigado a la humanidad durante milenios.

La chispa de zinc, al ser un evento observable y medible, pertenece al dominio de la ciencia. Sin embargo, su interpretación trasciende lo puramente biológico y se adentra en terrenos filosóficos y religiosos. Este destello de luz, aunque es un proceso bioquímico esencial para la fertilización, también puede ser visto como un símbolo de algo más grande: la misteriosa y profunda conexión entre la vida física y la vida espiritual.

En última instancia, este fenómeno nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la vida y el alma, sobre cómo estos conceptos han sido entendidos a lo largo de la historia, y sobre cómo las distintas disciplinas ‒ciencia, filosofía y religión‒ pueden dialogar entre sí para ofrecer una comprensión más completa de la existencia humana.

 

12 agosto 2024

 

https://tecnomednews.com/

drbenavides@medmultilingua.com

 

 

 

 

Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

sábado, 10 de agosto de 2024

Los tarahumares. Fructuoso Irigoyen Rascón

Foto Pedro Chacón

Los tarahumares

 

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

 

Este miércoles tengo para los lectores de Estilo Mápula algo especial y diferente. Como ustedes saben, he dedicado parte de mi vida a los tarahumares como su médico en Cerocahui, Norogachi, Samachique y Guachochi, lugares en que residí por largo tiempo y luego estudiando y escribiendo sobre ellos.[1] El artículo que sigue es producto de esa dedicación. Quien haya leído mis libros advertirá inmediatamente que este escrito es prácticamente idéntico al que aparece como introducción a Rarajípari, La carrera de bola y a Historia de la Tarahumara. Sin embargo, para esta ocasión lo he revisado, quitado alguna información superflua y corregido algunas erratas. De cualquier forma, no deja de ser el mismo texto. Por no dejar, debo decir que este ha sido reproducido en otras partes por diversas personas, con o sin mi permiso. No se sorprendan de encontrar aquí algo que ya se había publicado. Creo que la versión que ahora les ofrezco es la mejor de cuantas -como diría un tarahumar- “andan por ahí”.

 

 

 

Los tarahumares

 

Los tarahumares[2] o rarámuri son, en número, alrededor de entre 75,000 y 150,000 y viven en el suroeste del Estado de Chihuahua diseminados entre las agrestes montañas y las profundas barrancas de la Sierra Madre Occidental que ahí toma de ellos el nombre de Sierra Tarahumara. Son el grupo indígena más numeroso del estado. ​Actualmente se les localiza en los municipios de Guachochi, Urique, Bocoyna, Guerrero, Guadalupe y Calvo, Uruachi, Balleza, Carichí, Chínipas, Guazapares y Temósachi. A la Baja Tarahumara corresponden terrenos de baja altitud sobre el nivel del mar con clima subtropical y, en general están situados en regiones colindantes con los estados de Sonora y Sinaloa; los municipios de Chínipas, Guazapares, Uruachi y Urique pertenecen a esta subregión. Dentro de la Alta Tarahumara están comprendidos el resto de los municipios mencionados. Esta es la zona montañosa donde el clima es templado en verano y frío con frecuentes nevadas en invierno.[3] Resulta innecesario decir que durante los últimos 75 años una intensa migración del campo a la ciudad ha derivado en miles de familias tarahumaras residiendo tanto en la ciudad de Chihuahua como en otras ciudades del centro del estado.[4] La anfractuosa topografía de su sierra hace que sus tierras laborables se encuentren desparramadas a lo largo de las corrientes de agua que la cruzan, lo que al tiempo propicia que sus moradas se distribuyan azarosamente con un patrón de suma dispersión. Son los tarahumares hombres y mujeres pacíficos y bondadosos que han conservado muchas de sus antiguas tradiciones y costumbres desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Por otra parte, los individuos que forman el pueblo tarahumar no son tan homogéneos como algunos piensan: los hay desde el rubio de ojos azules (Kwechi, algunos ranchos de Nonoava) y cabellos rizados (Santa Cruz-Colalechi), hasta aquellos cuyos rasgos recuerdan aquellos de los pueblos africanos. El aislamiento, que apenas en fechas muy recientes ha comenzado a ceder ante los modernos métodos de comunicación, ha limitado en gran parte la influencia cultural mexicana que ha condicionado en otras partes del país la total o casi total integración de los pueblos originarios a la corriente cultural dominante.

 

El vocablo tarahumar puede analizarse directamente: ra-rára; tá-tára,

significa pie, pata; umama, jumama es un verbo plural, que quiere decir

correr. Queriendo todo entonces decir los pies corredores, lo cual es una

referencia indudable a la capacidad físico-atlética de que el grupo esta

orgulloso y a su deporte predilecto: la rarajípari (carrera de bola.[5] Sin

embargo, la mayoría de los tarahumares prefieren llamarse a sí mismos

rarámuri (palabra definida por la misma etimología salvo que en este

caso se deriva del verbo singular; mientras que jumama es correr varios,

mama es correr uno).[6] Hay otra forma: rarámari, que se usa poco pero

que al padre Brambila -máximo lingüista del tarahumar- Ie parecía

la forma original primitiva, ya que no modifica la primera vocal del verbo.

Los tarahumares de Cerocahui prefieren muchas veces decir: rarómuri.

Los otros, los de zapeta que viven en la sierra, son los weri (habitantes

de las tierras altas). Todavía hay dos formas más que extrañamente no

cataloga el padre Brambila: tajúmari, forma popular en los antiguos

documentos sobre la tarahumara y aun esporádicamente en uso en

las regiones de Samachique y Wawachique; el tarumari que se escucha

de vez en cuando en el municipio de Urique (mo ‘ochi okorare tarumari,

al tarahumar Ie dolió la cabeza). El padre Brambila en cambio sí registra

la voz: tarúmare, que es como los tepehuanes llaman a los tarahumares,

los cuales a su vez llaman a los primeros seeró o seeló (campamocha, chapulin).[7] También es necesario referir que, en tiempos antiguos, como veremos más adelante, los misioneros jesuitas llamaban a grupos de tarahumares con los nombres de sus pueblos; cerocahuis, cuitecos, guazaparis, témoris. Considerándolos como naciones distintas y diferentes, lo que ha ocasionado grandes confusiones entre los historiadores, ya que también hubo tribus diferentes, por ejemplo, los tubares, en sitios en que hoy solo se encuentran tarahumares. ​

 

En la época prehispánica los tarahumares ocupaban una extensión territorial mayor, ya que se les encontraba poblando regiones tan al norte como Yepómera y Temósachi; hacia el este, formando los pueblos de Chuvíscar, Santa Isabel y Satevó en el centro del estado.[8] Mientras que por el oeste colindaban con los grupos indígenas de Sonora y Sinaloa; por el sur tenían como vecinos a los tepehuanes (municipio de Guadalupe y Calvo).[9]

El lenguaje tarahumar, pariente lejano del náhuatl y más cercano del varojío, el ópata y las lenguas cahitas, es muy rico en verbos que expresan posición, movimiento e ideal para describir situaciones geográficas muy intrincadas como las que se presentan en la sierra. Así mismo, posee infinidad de palabras para nombrar los diversos animales y plantas de su medio ambiente.

 

​Los tarahumares tienen una organización política que en algunos aspectos recuerda la de las ciudades de la Grecia clásica. Cada pueblo (rancherías que rodean el lugar donde se encuentra el templo Teyópachi, el cementerio Camposántochi y la casa de comunidad Komerachi) goza de autonomía respecto del resto de los pueblos. Su autoridad máxima es el siríame (gobernador) quien es electo por el pueblo por medio de voto abierto y directo. El siríame es el depositario de la tradición, la cual recuerda a su pueblo mediante la ceremonia del nawésari. Con una impresionante habilidad oratoria, el siríame predica a su pueblo normas morales: les informa sobre los eventos que se aproximan y, de cuando en cuando, les transmite mensajes procedentes del cielo o de lugares lejanos. El siríame toma todas aquellas decisiones que conciernen al gobierno, pero siempre escucha el consejo de la comunidad para hacerlo. También preside los juicios e impone sanciones a los infractores de la tradición y las costumbres.

En la región de Norogachi, el siríame es auxiliado por un general que comanda a los capitanes, verdadero poder ejecutivo de la tribu. Otros funcionarios menores con papeles específicos son los fiscales y alguaciles, quienes cuidan a los presos, los bastones de mando de los gobernadores, y evitan que los perros penetren al templo; los chapeyó, responsables de la danza de matachines; y los mayora, que arreglan los matrimonios y conducen por el buen camino a niños y jóvenes.

 

La familia es la célula primordial de la organización social tarahumara, y de ella emanan los grandes valores morales de la etnia: respeto por la personalidad del otro (no importando que éste sea una mujer, un niño, anciano o una persona de otra raza), su honradez, su fidelidad a la familia y otros muchos factores que hacen que quien conviva con ellos les considere amigos excepcionales y personas de confianza absoluta. ​

El grupo indígena tarahumara subsiste apoyado en una precaria economía consiste en el complejo agricultura-pastoreo. La función fundamental de sus ganados es la de fertilizar la tierra, aunque también obtienen de ellos alguna cantidad de lana, leche para fabricar quesos y, muy ocasionalmente, carne para sus celebraciones religiosas. Durante su prehistoria, la economía tarahumara no se basaba en la agricultura-pastoreo, sino que parecen haber sido en aquel tiempo cazadores y recolectores. Las artes de esa anterior etapa no han sido olvidadas del todo y por ello la recolección de hierbas, pesca y cacería son todavía importantes sobre todo en los malos años agrícolas. Sus siembras son fundamentalmente de maíz, llamado sunú, y frijol, conocido como muní. Aunque también siembran calabaza, bachí; una especie de verdolaga, mekuásari; tabaco wipaka. En las barrancas recolectan frutas tropicales y mediterráneas. Si bien estas siembras, en los años en que se presentan lluvias adecuadas, bastan para asegurar la alimentación de la tribu, cuando hay sequía, o bien llueve en demasía, los tarahumares pasan hambre. Además, la actividad de algunos comerciantes inmorales que se enriquecen a costillas de los tarahumares también contribuye a la perpetuación de su pobreza.

​Volviendo a la alimentación, ésta se complementa con algunos productos animales como el pescado, llamado rochí; la lagartija, ro’chá, ardillas, chipawí, que los tarahumares cazan mediante ingeniosas trampas y, en el caso del pescado, utilizan venenos herbarios que no hacen daño al ser humano.[10] Al venado, chumarí, lo cazan echándolo a correr y cortándole el paso, ultimándolo luego a pedradas y palos.​[11]

Una de las costumbres tarahumaras más notables es la de la carrera de bola, rarajípari, ya que no hay ningún pueblo sobre la tierra que tenga instituida una carrera de tan larga duración. Puede llegar a durar una semana y cuenta con una longitud de hasta 700 Km. La competencia se establece entre dos individuos o equipos apoyados por sus respectivas comunidades que les procuran comida, iluminación durante la noche y sobre todo estímulo moral, ya que corren las últimas vueltas de la carrera acompañando y animando a los corredores. Por si fuera poco, los corredores van boleando con el pie una pelota de madera del tamaño de una naranja y deben conducirla a lo largo de una ruta previamente acordada. Las mujeres, por su parte, corren lanzando con un palillo curveado, un aro de trapo y hierba -ariweta o rowera-. Existen competencias para todas las edades. Incluso las mujeres embarazadas, los niños y los ancianos participan.[12] Por supuesto estas competencias son mucho más cortas que la de los corredores profesionales.[13] Practican además los tarahumares otros juegos y deportes, como el palillo, que es una especie de hockey; el quince, que es parecido al pachisi de la India; el cuatro, como nuestra rayuela y otros de menos populares.

 

​ Aunque muchos tarahumares visten igual que el resto de los campesinos mexicanos, un gran número conserva su atuendo tradicional que consiste en una coyera, una banda de tela cuidadosamente doblada sobre la cabeza, una camisa de amplias mangas llamada napatza, una faja de lana tejida conocida como pura y una cubre-camisa de manta llamada cotense. Los hombres utilizan un taparrabos llamado tagora, mientras que las mujeres visten amplias y múltiples faldas conocidas como sipucha. Finalmente, unos huaraches de hule de llanta, llamados aká, complementan su vestuario.

Los arqueólogos e historiadores, como veremos después, se inclinan a pensar que el pueblo rarámuri procede de los grupos canasteros o basket-makers, que alguna vez vivieron en el suroeste de los actuales Estados Unidos de América.[14] Aunque tal teoría se basa en algunos sólidos hallazgos arqueológicos, la presencia de miles de rasgos comunes con los grupos indígenas del altiplano y la costa del Pacífico, el hecho de que su lengua sea uto-náhuatl, más similar al náhuatl que al shoshoni, así como otros muchos detalles (usos funerarios, culto del peyote, etc.), nos hace pensar más bien en que los tarahumares sean primos de los grupos nahuas del centro del país. Por otra parte, la presencia de Paquimé –un centro ceremonial y de comercio con una decidida influencia mesoamericana, según lo ha demostrado Charles Di Peso[15] – en la proximidad de la Tarahumara y sobre todo, un detalle: el hallazgo en las ruinas de Paquimé de conchas marinas y otros artefactos procedentes de la costa, que indican que los abastecedores de la ciudad cruzaban frecuentemente la sierra al norte de la Tarahumara,[16] me hacen aventurar una hipótesis diferente respecto al origen de los tarahumares. Toda cultura urbana, en este caso Paquimé, requiere de una cultura rural que la sustente, los proto-tarahumares probablemente formaban parte de este complejo rural. Por otra parte la arqueología demuestra que los tarahumares han ocupado parte de su territorio actual desde tiempos remotos, lo que descarta que pudieran haberse originado de la mezcla de varias tribus nómadas contemporáneas de ellos como postulan algunos autores.[17] ​ Dejando de lado esta digresión sobre sobre el origen de los tarahumares, toca ahora señalar la decisiva influencia que sobre ellos tuvieron los misioneros jesuitas de los siglos XVI y XVII; de ellos proceden el calendario de sus fiestas, el uso de los ganados bovino, ovino y caprino, el arado y, en fin, muchas de las cosas que ahora se contemplan entre sus costumbres y tradiciones. Los antiguos faldas negras lograron transformar a los tarahumares probablemente más que todos los intentos, oficiales y eclesiásticos posteriores.​ El otro contacto con el blanco, a través de la historia, ha sido nefasto para la nación tarahumara: la cultura del dinero, la especulación y la explotación del hombre por el hombre. Primero fueron el oro y la plata, después los bosques; ya nos vamos interesando en sus yerbitas medicinales y probablemente después iremos por sus piedras.[18] En realidad, ya las estamos explotando, mostrándolas y vendiéndoselas a los turistas. ¿Qué les ha quedado a ellos de todo lo que les hemos despojado además de sus montes talados y huecos? por lo menos, los tarahumares han logrado conservar su libertad y su modo de vida. La interrogante que lógicamente surge en este punto es: ¿cómo ha logrado el tarahumar conservar gran parte de su cultura original a pesar de los embates constantes de una cultura técnica y económicamente más poderosa? El doctor Alfonso Paredes, de la Universidad de Oklahoma, con colaboración del que esto escribe, ha pretendido aislar una serie de puntos de estrategia o principios equísticos que parecen explicar la situación y que con las debidas modificaciones que cada caso particular imponga, pudieran ser aplicados en otros lugares y con otros pueblos.

 

 

El primero de los principios mencionados señala que los sistemas de

cohesión social adaptados al medio ambiente deben ser activa-

mente conservados porque en última instancia es de ellos de donde

proceden los reguladores y normas de comportamiento tanto sociales

como individuales; el segundo principio, señala la necesidad de

promover las aptitudes y condición físicas como elementos primor-

diales de supervivencia; el tercer principio destaca la importancia

del control de la población y la disciplina en materias reproductivas.[19]

Sin embargo, tal vez el principio equístico más importante es aquel

que se refiere al respeto al medio ambiente y la frugalidad en el uso

de los recursos naturales. El quinto principio señala: «Deberán respetarse

los mecanismos naturales de defense contra la enfermedad”;

finalmente, el sexto principio, que es hasta cierto punto resumen,

extensión y consecuencia de los anteriores expone que las estrategias

sociales no violentas son las más efectivas para defenderse ante el

acoso de una cultura extraña, independientemente de que la

cultura agresora se presente a sí misma como tecnológica y

económicamente superior.[20]

 ​

 

Una civilización aparentemente primitiva como la tarahumara, puede aportar en un caso dado soluciones adaptables a los problemas que presentan otros pueblos, sobre todo cuando se trata de sociedades humanas amenazadas en sus valores más preciados por el advenimiento de elementos culturales procedentes de culturas cuya idiosincrasia les impulsa a la conquista y asimilación de otras culturas consideradas más débiles por ellas. ​

La literatura antropológica usa frecuentemente el término seminómadas para describir a los tarahumares, exceptuando a los que viven a la orilla de las grandes barrancas y que mueven su residencia de la cumbre al fondo de los cañones según la estación propicia para la agricultura, es inadecuado. La sociedad tarahumara gira en torno al hogar familiar, al contrario de lo que el concepto seminómada supone, es perfectamente estable y fijo. Con solo mirar un buen mapa de la Tarahumara nos daremos cuenta de que, los tarahumares que practican la migración estacional son la minoría; la migración a la barranca durante el invierno no ha sido todavía bien estudiada, prácticamente nadie fuera de los propios tarahumares conoce como es que éstos viven cuando se encuentran en sus moradas invernales.

 

 

Psicología Tarahumara

 

Casi todo lo que el tarahumar hace se caracteriza por ser largo y sostenido. Sus danzas -matachines, pascoles, tutuguri, pariseo, jíkuri- duran horas y horas: muchas veces se danza ininterrumpidamente por días enteros, como sucede en las fiestas de semana santa y durante el ciclo de fin de año. ​La música tarahumara toma un tema y lo repite una y otra vez sin variaciones hasta que llega el final de la pieza. Es pues este su ritmo. Tanto las ceremonias cívicas como las religiosas se caracterizan también por este ritmo lento en sus canciones, que da la ilusión que nunca va a terminar. Observar una carrera de bola, una fiesta del peyote, conocido como jíkuri o un tutuguri requiere de grandes cantidades de paciencia para una persona acostumbrada a las prisas y a la esclavitud determinada por el reloj en la cultura occidental. ​ El concepto de un ritmo cultural diferente es netamente psicológico y ha sido muy incomprendido. Decía David Brambila SJ respecto a la peculiar psicología de los rarámuris: “Su tipo psicológico de reacciones lentas hace que den a veces la impresión de ser caprichudos e inertes. Tienen sus rebeldías como las tenemos también nosotros. Pero, muchas veces no es que no quieran, sino que tardan en querer y luego, que su querer tarda en poner en movimiento el mecanismo de la acción”. [21] ​ Quien conozca la Sierra de Chihuahua, consentirá con nosotros en que la rudeza y precariedad de su medio ambiente exigen del hombre un temperamento paciente, lento y unidireccional. Así el tarahumar, no solo ha sobrevivido en su sierra sino que la ha domado hasta el punto de utilizar la más insignificante hierbecilla de las que crecen en sus cerros para alguna función específica: ora para remedio, ora para matar peces, ora para alimento de sus animales, ora para el suyo propio.

 

Filosofía y Religión

 

 En general, son los tarahumares uno de los grupos humanos que conservan mejor su propia cultura de todos cuantos habitan la América del Norte. Su filosofía destaca valores fundamentales como el respeto al otro, la honradez a toda prueba y el amor al prójimo y a la familia. Su religión, aunque alguna duda pueda surgir respecto a dioses menores, es básicamente monoteísta: onorúame –el que es Padre- hizo todas las cosas y las dio a los tarahumares para que trabajando con ellas pudieran ellos vivir. Mientras que, en las comunidades más aculturadas, onorúame,  ha pasado sin dificultad a identificarse con el dios padre de la trinidad católica, en las menos aculturadas continúa siendo rayénari, el sol. [22] Algún residuo queda de un culto a Eyerúame, la que es Madre, y que los tarahumares cristianos brindan a la virgen María, mientras que los paganos a Mechá, la luna. Es imposible determinar a ciencia cierta el grado de sincretismo cristiano-astral que se da en un cierto núcleo tarahumar, puesto que a los mismos tarahumares les es difícil definirse al respecto llegando a afirmar que algunas de sus prácticas y creencias paganas les fueron enseñadas por los misioneros en tiempos anteriores. Por otra parte, para muchos María santísima y Eyerúame son una y la misma persona. Algunos han atribuido a Jesucristo el ser hijo del sol. Los tarahumares celebran innumerables fiestas, entre las que destacan las de fin de año el 12 de octubre, conocida como pirárochi,[23] 8 de diciembre[24] a 12 de diciembre, warúpachi,[25] 6 de enero,Réyechi,[26] 2 de febrero,Katelachi, [27] y las de semana santa, noríruachi[28], además de las fiestas de tutuguri para ofrecer a Dios sus cosechas y pedir su ayuda; nutéa, para alimentar y conducir el alma de los muertos al cielo y jíkuri, para honrar al peyote.[29]

Dentro de otro orden de cosas, los tarahumares son un pueblo sometido por algunos de sus vecinos mexicanos que los explotan y mantienen marginados. Hasta la fecha sus estrategias defensivas han logrado preservar sus valores culturales, pero no han sido capaces de liberarlos de la explotación de que son objeto. A pesar de su medicina tradicional [30]y del auxilio del gobierno y de la iglesia, su situación social se caracteriza por pobreza, hambrunas periódicas y altos índices de mortalidad infantil y enfermedades como la tuberculosis.

 

[1]  Todos mis libros (con excepción de Nace Chihuahua) son accesibles hoy en día en ediciones electrónicas Kindle. Se pueden encontrar en Amazon que también los tiene en ediciones impresas (paper backs).

 

[2]   Algunos prefieren llamarles tarahumaras. Yo prefiero usar tarahumar para el masculino singular, tarahumara para el femenino singular, tarahumares para el masculino plural y tarahumaras para el femenino plural. Por supuesto también utilizo indistintamente el término rarámuri que es el que usan los tarahumares para referirse ellos mismos (vide infra).

[3]  Es importante aclarar que los términos alta y baja tarahumara se usan aquí como se hace hoy en día. En tiempos coloniales la baja tarahumara correspondía a aquellas áreas en el Chihuahua central que en la actualidad ya no son tarahumaras.

[4]   Ver los trabajos de Iturbide, M y Ramos, ML. Migración de indígenas tarahumaras a la ciudad de Chihuahua. Universidad Iberoamericana 1983.

[5]  Y en el pasado probablemente referente a los correos militares, que fueran tan importantes durante las rebeliones tarahumaras del siglo XVII especialmente la tercera rebelión capitaneada por Gabriel Teórame o Teporaka. Vd. Irigoyen, F, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, sus forjadores. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez 2019; Terrazas Curiosidades históricas, Chihuahua 1913.

[6]  La forma ralámuli ha ganado popularidad recientemente. Recuérdese que la letra r en tarahumar clásico se pronuncia como entre nuesras ere y ele.

[7]  Irigoyen, F. Cerocahui, una comunidad en la tarahumara. Centro Librero la Prensa (varias ediciones) y Amazon Kindle (varias ediciones).

[8] Lumholtz, C. Unknown Mexico. C.Scribner 1902 (Dover, Nueva York 1987). IRIGOYEN, F 2019.

[9] Pennington, CW. The Tepehuan of Chihuahua. University of Utah Press, Salt Lake City 1969.

[10]  Pennington, CW. Tarahumar fish stupefactiom plants. Economic Botany 12:1:95-102 1958; y The Tarahumar of Mexico. University of Utah Press, 1963. También Irigoyen, Carrillo y León. Pesca tradicional en la Tarahumara. Memorias del Primer Simposio Internacional sobre Pesca y Educación. Can Cún 1979.

[11] Irigoyen F. y Palma J. M. Rarajípari, la carrera de bola tarahumara. Centro Librero la Prensa (varias ediciones) Amazon Kindle (varias ediciones).

[12] Para una descripción detallada ver Irigoyen F. y Palma JM. Rarajípari, la carrera de bola tarahumara.

[13] Irigoyen F. Y Palma JM. Rarajípari, la carrera de bola tarahumara. 1995 y ediciones posteriores.

[14]  Bennett y Zingg 1935.

[15]  Di Peso C. Casaas Grandes, a fallen trading center of the Gran Chichimeca. The Amerind Foundation/Northland Press. Dragoon and Flagstaff, Arizona 1974.

[16]  Probablemente los abastecedores de productos marinos destinados a Paquimé cruzaban la Sierra a través del Cañón del Púlpito, paso que aún en la actualidad comunica Sonora con el Valle de Casas Grandes. DI PESO 1974,

[17]  Ver al respecto las especulaciones de Almada. Considérese también que el territorio ocupado per las tarahumares al tiempo de la llegada de los españoles se extendía mucho más al este y al norte de lo que lo hace en la actualidad. V. Pennington 1963: 1-13 e Irigoyen 2015: 6-41.

[18]  Esta declaración proviene literalmente de un informante rarámuri de la región de Bocoyna.

[19]  Debo confesar que discutí enérgicamente este principio con el doctor Paredes ya que yo veía que el principal factor que controlaba la población tarahumara, es decir su número, más que la disciplina era y sigue siendo la elevada mortalidad infantil.

[20] Paredes A. e Irigoyen F. Biosocial adaptation in the tarahumara ecosystem, the ekistic principles of the tarahumara. (manuscript) 1977

[21]  Brambila D. Psicología y educación del tarahumar. América Indígena vol XIX no 3:198-208, 1959.

[22]  Aunque existe otra curiosa version: el sol, por dar calor y vida, es lógicamente un ente femenino como la gallina da calor a sus polluelos. Por ello entonces Onorúame sería la luna y Eyerúame el sol. Si bien esta teoría proviene de un solo informante (recontada por Erasmo Palma) pudiera tener importancia en la dilucidación de la cosmovidión tarahumara, especialmente si esta aparente confusión fuera unvestigio de una antigua deidad dual. Lo cual sería otro punto de contacto con Mesoamerica.

[23]  Día de Nuestra Señora del Pilar, patrona de Norogachi.

[24] Día de la Inmaculada Concepción, patrona de Sisoguichi (y de la Misión Tarahumara)

[25]  Warupa= Guadalupe.  Día de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México.

[26]  Día de los Santos Reyes.

[27]  Día de la Candelaria. En algunos lugares esta fiesta cierra la Pascua de Navidad, en otros lo hace el Día de Reyes.

[28] Noríruachi quiere decir las vueltas. Lo que puede referirse a las procesiones típicas de la Semana Santa o a las evoluciones de las danzas de Pintos y Pariseo (fariseos)

[29]  Desde que presenté Jíkuri, piedra angular de la medicina tarahumara en el Primer Seminario Sobre Medicinas Tradicionales en Oaxaca en 1976 he publicado varios articulos y capítulos de liibros sobre la fiesta del peyote de los tarahumares y las creencias que rodean tanto al peyote mismo como a su  fiesta. Las principales han sido (con Paredes A.) Jíkuri, the Tarahumara Peyote Cult: An Interpretation; en The Mosaic of Contemporary Psychiatry in Perspective. (Kales, Pierce and Greenblatt, editors) Springer-Verlag, New York, London, Heidelberg 1992 y el capítulo que trata sobre el jíkuri en Tarahumara Medicine, ethnobotany and healing among the Rarámuri of Mexico. University of Oklahoma Press/Andrew W. Mellon Foundation, Norman Oklahoma 2018.

[30]  Estudiada por mí en detalle en el libro Tarahumara Medicine, ethnobotany and healing among the Rarámuri of Mexico. University of Oklahoma Press/Andrew W. Mellon Foundation, Norman Oklahoma 2018.

 

 

 

 

El famoso médico y explorador Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, avisa que acaba de aparecer su nuevo libro, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores, publicado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. En el colofón dice que la edición es de 2019, sin embargo, a causa de la pandemia, apenas acaba de salir de imprenta este agosto de 2021.

martes, 21 de mayo de 2024

El reto de la emergencia climática. Marco Benavides

El reto de la emergencia climática

 

 

Por Marco Benavides

 

 

En el vasto telar del cosmos la Tierra es un delicado hilo que sostiene la vida tal como la conocemos. Ese hilo se está deshilachando bajo el peso del descuido: la emergencia climática es el nudo que amenaza con deshacerlo por completo.

Imagina un mundo donde el sol ya no es un aliado que acaricia la piel sino un tirano que la quema sin piedad. Este es el mundo que nos espera si no actuamos ahora contra el calentamiento global. El velo protector de la atmósfera se está debilitando, pasarán los rayos solares para que acaricien la superficie terrestre con una intensidad abrasadora.

Olas de calor asolan la tierra. Secan los campos y erosionan la esperanza de una vida. Los glaciares se desprenden de las montañas como lágrimas heladas, presagian un futuro inundado por las aguas del deshielo. La biodiversidad, esa sinfonía de vida que ha evolucionado a lo largo de milenios, se desvanece en un silencio que retumba en los corazones.

La emergencia climática es el grito desesperado de la Tierra, un eco que resuena en cada rincón del mundo recordándonos nuestra responsabilidad como guardianes de este pequeño oasis en el vasto desierto del universo. No podemos ignorar este llamado. Ignorarlo sería condenar a las generaciones futuras a un destino donde la esperanza se desvanece como una gota de rocío bajo el sol implacable.

Todavía no todo está perdido. Aún podemos cambiar el rumbo de esta tragedia anunciada por la ciencia desde hace decenios. La solución yace en nuestras manos como una semilla que espera ser sembrada en el suelo fértil de la conciencia colectiva. Debemos reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero como un alivio para un planeta que se ahoga en el humo de nuestra imprudencia. Debemos abrazar las energías renovables como la promesa de un nuevo amanecer, donde el sol y el viento nos brindan su energía sin pedir nada a cambio más que nuestro cuidado.

A pesar de la oscuridad que amenaza con engullirnos, la luz de la ciencia y la innovación brilla como un faro. Con cada paso que damos hacia un futuro más sustentable nos acercamos un poco más a la salvación. Limitar el calentamiento global a menos de 1,5 °C es nuestro objetivo, nuestra estrella del norte en un océano de incertidumbre. Y aunque el camino hacia ese objetivo está plagado de obstáculos, sabemos que es un camino que debemos recorrer por el bien de todos los que llaman a este planeta su hogar.

La emergencia climática es el desafío más grande que hemos enfrentado como especie, pero también es nuestra oportunidad para demostrar nuestra capacidad de adaptación y resiliencia. Con determinación y colaboración, podemos cambiar el curso de la historia y dejar un legado de esperanza para las generaciones venideras. El tiempo para actuar es ahora, antes de que sea tarde. El futuro de nuestro hogar depende de nuestras acciones hoy.

 

21 mayo 2024

 

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drbenavides@medmultilingua.com

 

 

 

 

 

Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

martes, 9 de abril de 2024

Date la vuelta… Aracely Sánchez Ruiz

Collage de Aracely Sánchez Ruiz

Yo opino/ la columna de Aracely

Date la vuelta…

 

 

Por Aracely Sánchez Ruiz

 

 

Hace unos días me encontré en Facebook con esta pregunta: ¿Qué estabas haciendo el jueves 11 de julio de 1991, cuando ocurrió el último eclipse total de sol en México?

Si no me acuerdo qué hice ayer, menos hace casi 33 años. Pero haciendo cuentas, calculo que estaba trabajando en las viejas oficinas de la Fábrica de Ropa El Diamante, seguramente preparando la nómina para la quincena.

Dudo que haya salido a ver el eclipse, si acaso habría perforado una hoja de papel para ver que la luz que entraba por la pequeña ventana del sótano dibujara la silueta de la luna en la pared detrás de mi escritorio, pero francamente no lo recuerdo.

Aquel día el noticiero 24 Horas con Jacobo Zabludovsky hizo una cobertura especial desde las once de la mañana hasta las tres de la tarde, en la que junto a Talina Fernández narró el extraordinario espectáculo: “para que usted esté informado segundo a segundo de esta oportunidad única para nuestra generación”…tan única que no se repitió hasta el día de ayer.

“… en unos minutos la luna y el sol, en una puntualidad astronómica, tendrán su esperado encuentro y la televisión mexicana llevará hasta ustedes los detalles de este espectacular fenómeno astronómico. Por primera ocasión en la historia de la televisión mundial se transmite a tres continentes del planeta un eclipse total de sol” ‒comentaba Talina aquella mañana.

Contaba que 21 años atrás, el 7 de marzo de 1970, Telesistema Mexicano (hoy Grupo Televisa) había difundido por primera vez a colores un eclipse total de sol, que tuvo su mayor visibilidad en el Istmo de Tehuantepec y en Miahuatlán, en el estado de Oaxaca.

“…y también hoy por primera vez se captarán las imágenes a través del sistema de alta definición que sin duda será la televisión del futuro” (¡mírala! ¡Qué visionaria!)

Al mismo tiempo que en la pantalla aparecían las imágenes de la luna tapando el sol, el ingeniero Alfredo Chio Reyes, del Instituto Politécnico Nacional, describía el espectáculo que estábamos por presenciar (bueno, los que vieron el noticiero en vivo aquel jueves) desde Hawái, donde comenzó el eclipse.

“…vamos a ver un punto brillante que va a desaparecer, va a disminuir de brillo hasta que quede totalmente cubierto el sol, dibujando en el cielo un anillo de diamante”.

En México pisó primero Baja California y se desplazó al noroeste cruzando Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz. En poco más de cuatro horas, la sombra de la luna recorrería más de 18 mil kilómetros ‒dijo.

En el Valle de México hubo cuatro puntos de observación: el Zoológico de Chapultepec, San Ángel, el Planetario Luis Enrique Erro y el Pico Tres Padres.

Con el paso del eclipse, ciudades enteras se oscurecieron en pleno día, mientras se enumeraban datos relevantes, como que en 1706 tuvo lugar la primera observación de un eclipse usando un telescopio, en Francia.

“…en pocos años ha habido grandes avances en la ciencia y en la tecnología”, decía Talina (y si estuviera aquí y ahora, creo que lo diría otra vez).

Fue un día especial para los habitantes de la ciudad de México, “en ningún calendario está con números rojos, pero nadie trabajó” ‒dijo Jacobo. Probablemente este lunes ocurrió lo mismo.

“…esto que estamos viendo no ocurrirá de nuevo sino hasta el 8 de abril del año 2024, para los habitantes de la República Mexicana…” ‒advirtió, en lo que se veía como un día muuuy lejano.

Y la fecha se cumplió. Ni él ni Talina estuvieron para relatarnos minuto a minuto el paso del eclipse total de sol por nuestro país. En esta ocasión fueron Karla Iberia Sánchez, Ana Lucía Ordoñana y Danielle Dithurbide quienes lo hicieron, en la transmisión del noticiero de Foro TV, con corresponsales desde Mazatlán (con música de banda, “manque” se enojen los turistas), Torreón (sede de las transmisiones de la NASA), Durango (con sus tendederos de los que colgaban cientos de visores certificados), Chihuahua (donde familias acamparon en El Palomar para no perder detalle) y CDMX.

“A las 10 de la mañana con 51 minutos, tiempo del centro de México, ocurrirá el inicio del primer eclipse total de sol de los últimos 33 años en nuestro país”, anunció Karla al comienzo de su noticiero.

Millones de personas en territorio nacional pudieron ver el gran eclipse que duró dos horas con cuarenta minutos, unos cuatro minutos su fase plena. En ese lapso el cielo se oscureció como si estuviera anocheciendo y después “volvió a amanecer”. El fenómeno astronómico comenzó en el sur del océano Pacífico y se percibió al 100% en Sinaloa, Durango y Coahuila.

Entró al continente por Mazatlán a las 9:51 (hora local), alcanzando su fase total de las 11:07 a las 11:11 (hora de pedir deseos); después de pasar por Durango, Torreón y Monclova en su fase máxima, entre 12:13 y 12:24, siguió en línea diagonal hacia Texas, Oklahoma, Arkansas, Misuri, Illinois, Kentuky, Indiana, Ohio, Pensilvania, Nueva York, Vermont, New Hampshire y Maine; luego entró en el sur de Canadá por Ontario y continuó rumbo a Quebec, Nuevo Brunswick, Isla del Príncipe Eduardo y Cabo Bretón, saliendo por Terranova a las 17:16 horas.

Y como lo mío, lo mío, es la farándula, pues me puse a buscar qué hicieron los famosos en este día del gran eclipse solar.

Por ejemplo, Sofía Castro, que andaba con su hermana en Nueva York, subió su foto desde Central Park, luciendo sus lentes con filtro certificado (eso espero).

En tiempos de mi abuela se creía que los eclipses tenían efectos secundarios en los bebés por nacer, así que “por si las flies” Paola Dalay (novia de José Eduardo Derbez) y Mariazel se amarraron un listón rojo en la panza.

Adela Micha no perdió la oportunidad de viajar a Mazatlán. Que para cubrir la nota, ¡ay, ajá!

Por su parte Galilea Montijo compartió con sus seguidores una foto del sol (el astro rey, no Luis Mi Rey) con la fecha.

Mientras que su compañera Tania Rincón presumió que “lleva” dos eclipses en su vida, ya que tenía cuatro años y medio cuando ocurrió el de 1991.

Y Danna Paola (que hace unas semanas se quitó el segundo nombre, pero todavía no me acostumbro) lo observó en las sombras de los árboles (como yo), donde la luz que se filtra entre las hojas forma miles de medias lunas en el suelo. También Roger González aprovechó este fenómeno y publicó una foto de su antebrazo, con pequeños eclipses trazados por la luz.

Hace 32 años, 8 meses, 4 semanas y 1 día, millones de personas vieron el fenómeno astronómico y se enteraron de la cita que tendrían el sol y la luna este lunes 8 de abril.

Quienes fuimos testigos de este nuevo eclipse no volveremos a ver un encuentro celestial como el de ayer, sino hasta el 30 de marzo de 2052, dentro de 27 años, 11 meses, 3 semanas y 1 día. ¿Llegaremos?

Pero ahora sí voy a saber qué contestar cuando me pregunten qué estaba haciendo el día que acaeció el último eclipse total de sol en México: “escribiendo mi columna de Estilo Mápula”.

 

 

 

 

Aracely Sánchez Ruiz es licenciada en relaciones industriales egresada del Instituto Tecnológico de Chihuahua, trabajó 18 años en El Heraldo de Chihuahua, donde inició como correctora y los últimos doce años como reportera de la sección de espectáculos y cultura. Actualmente escribe notas y comentarios en Facebook.

domingo, 18 de febrero de 2024

Alzheimer la condena. Alberto Heredia Castillo

Alzheimer la condena

 

 

Por Alberto Heredia Castillo

 

 

Alzheimer, la condena de muerte en la que el condenado (a) no se da cuenta. Todos hemos leído y muchos hemos tenido un familiar o un conocido padecer la enfermedad; que hasta hoy no se sabe a ciencia cierta por qué ataca al cerebro que se va deteriorando con el olvido de la conciencia y las principales funciones del organismo.

Científicos, políticos, artistas, escritores, maestros, amas de casa: no respeta condición social o intelectual alguna, pero a todos lleva a la tumba en pocos o muchos años, entre diez y veinte años.

Inicia con olvidos que vemos como algo normal, porque todos los tenemos en un u otro grado durante la vida. Pero esos olvidos se hacen cotidianos, se extravían cosas de uso cotidiano: la persona piensa que alguien las ha tomado, pueden ser prendas de ropa, llaves, lentes, dinero.

Luego viene el olvido de ubicación cuando el hombre o la mujer sale a la calle y no se encuentra el lugar donde estacionó el vehículo, o qué autobús se debe tomar.

Hay la anécdota de un ilustre maestro de una universidad prestigiosa de Estados Unidos: cuando un alumno lo vio en la estación del ferrocarril urbano, le preguntó si había perdido el tren, o el boleto, que no se preocupara, él lo ayudaría. El maestro le respondió que no era ni una ni otra cosa, sino que no recordaba a dónde iba.

Una película animada que se llama El piso de arriba cuenta el caso de un académico que es llevado por su hijo a un centro de retiro para personas enfermas, conoce a un hombre que se hace su amigo y compañero de cuarto, luego lo acusará de robarle el reloj y lo insulta. El compañero, que era hábil para los negocios con los huéspedes, no pudo convencerlo de que él no había robado nada, que lo buscara bien. Semanas después encontró el reloj bajo el colchón, envuelto en un pañuelo. Su amigo le fue mostrando todo lo que había en la casa y le explicó que un día le mostraría el piso de arriba, a donde no podían subir los pacientes. Al fin pudieron subir sin que el personal los viera y lo que vio le sobrecogió, porque eran personas en sillas de ruedas sin moverse y babeando sin poder saber que debían limpiarse. Ellos, le explicó su amigo, antes estaban abajo, pero los subieron después de unos años porque solo esperan su muerte sin saber que llegará. Ellos tienen alzheimer en su última fase.

Las primeras fases se viven con cierta conciencia, pero no de todo lo que ocurre: puede haber irritabilidad y hasta agresividad hacia las personas cercanas, o a la o el cuidador.

Poco a poco se deja de tener necesidad de comer o tomar agua, por eso el o la cuidadora deben estar pendientes y proporcionarles lo necesario y en los horarios adecuados.

Lo mismo sucede con el aseo y el arreglo personal, la ropa adecuada y el calzado. Conforme avanza la enfermedad, se deja de tener control de los esfínteres y el paciente habrá que usar ropa interior desechable y alguien estar pendiente de cambiarla y limpiar varias veces al día.

Luego será también de noche.

Pero antes de eso, se debe tener cuidado de que no salga de casa sin compañía, porque podrá perderse. Por eso habrá que poner una pulsera de identificación o una placa como la que usan los militares.

Hay enfermedades colaterales que pueden ser graves, como la neumonía o la epilepsia. También puede llegar a olvidarse masticar y deglutir que requerirá poner una sonda gástrica para alimentar, pero eso es muy complicado y peligroso, porque puede ocasionar infecciones graves.

El paciente tendrá que ser llevado a una casa de cuidados intensivos que le atiendan de día y de noche. Un médico de cuidados paliativos de Pensiones Civiles del Estado dijo que el mejor lugar para un paciente con alzheimer es la casa donde ha vivido siempre, pero en algunos casos eso será imposible.

Generalmente son las hijas las que cargarán con la tarea de ser cuidadoras, pero cuando no las hay, serán los hijos o el cónyuge quienes se encargue.

Poco a poco se requerirá más tiempo, hasta ser 24/7 y eso será muy pesado hasta llegar al final.

El final llegará con un paro cardiaco o con un paro respiratorio, porque el cerebro dejará de regular las funciones vitales y se producirá la muerte. Ellos no sufren en las últimas etapas, los que sufren son los seres queridos.

Es bueno saber que la enfermedad del alzheimer aumenta en nuestros países y que la comprensión de las familias es necesaria. Los medicamentos son caros y desgraciadamente quienes no tienen recursos ni medicina social sufrirán más y morirán en menor tiempo. Hagamos conciencia.

 

21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer

 

 

 

Alberto Heredia Castillo nació en Chihuahua el 2 de julio de 1945. Escuela José Ma Mari 138 y Colegio Patria, la primaria, Benemérita Escuela Normal del Estado, Normal Superior José E Medrano. CCHEP. PCM. PSUM. PRD. Morena. Jubilado.

martes, 30 de enero de 2024

Redes sociales en la sociedad contemporánea. Marco Benavides

Redes sociales en la sociedad contemporánea

 

 

Por Marco Benavides

 

 

En la era digital, las redes sociales se han convertido en un componente fundamental de la sociedad contemporánea. Desde la creación de plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y LinkedIn, la forma en que nos comunicamos, compartimos información y nos conectamos con el mundo ha experimentado una transformación radical. Este fenómeno no está exento de controversias, ya que su papel en la sociedad conlleva tanto ventajas como desventajas.

En primer lugar, las redes sociales han revolucionado la manera en que nos comunicamos. Han derribado barreras geográficas, permitiéndonos conectar con personas de todo el mundo de manera instantánea. Este fenómeno ha ampliado nuestras perspectivas y nos ha brindado la oportunidad de aprender de otras culturas, compartir experiencias y construir puentes entre comunidades diversas. La capacidad de mantenerse en contacto con amigos y familiares a través de plataformas en línea ha acortado distancias y ha creado una sensación de cercanía, incluso cuando la realidad física nos separa.

Además, las redes sociales han dado voz a grupos que anteriormente podrían haber sido marginados o ignorados. Las plataformas proporcionan un espacio para que individuos y comunidades expresen sus opiniones, compartan sus historias y promuevan causas importantes. Esto ha llevado a movimientos sociales que han ganado impulso a través de la viralización de mensajes y la creación de conciencia sobre cuestiones relevantes. La capacidad de organizarse y movilizarse en torno a problemas sociales a través de las redes sociales ha cambiado la dinámica de la participación ciudadana y ha contribuido a la construcción de sociedades más conscientes y activas.

Sin embargo, no todo es positivo en el mundo de las redes sociales. Una de las desventajas evidentes es la proliferación de la información falsa o engañosa. La rapidez con la que se difunden las noticias a través de estas plataformas a menudo supera la capacidad de verificación de los hechos, lo que lleva a la propagación de información incorrecta. Esto no solo socava la confianza en los medios de comunicación tradicionales, sino que también puede tener consecuencias significativas en la toma de decisiones, desde elecciones políticas hasta la salud pública.

Otro aspecto preocupante es el impacto en la salud mental. A medida que las redes sociales se han vuelto omnipresentes, también lo ha hecho la presión para mantener una imagen perfecta en línea. La comparación constante con los demás, la búsqueda de validación a través de “likes” y comentarios, y la exposición a estándares de belleza poco realistas pueden contribuir a problemas de autoestima, ansiedad y depresión, especialmente entre los jóvenes. La necesidad de ser «viral» a menudo lleva a una representación distorsionada de la realidad, creando expectativas poco realistas y perpetuando la cultura de la apariencia sobre la autenticidad.

A pesar de estas desventajas, las redes sociales han demostrado ser herramientas poderosas para el cambio positivo. La capacidad de movilizar a grandes audiencias para causas benéficas, campañas sociales y acciones solidarias es un testimonio del potencial positivo de estas plataformas. Organizaciones sin fines de lucro y movimientos sociales han utilizado las redes sociales para recaudar fondos, concientizar sobre problemas colectivos y presionar por cambios significativos.

No se puede negar que el papel de las redes sociales en la sociedad actual es complejo y multifacético. Si bien ofrecen ventajas innegables, como la conectividad global y la capacidad de dar voz a grupos marginados, también plantean problemas, desde la propagación de información falsa hasta el impacto en la salud mental. La búsqueda de una manera de equilibrar estos aspectos positivos y negativos es esencial para aprovechar al máximo el potencial de las redes sociales sin caer en sus trampas. La responsabilidad individual y colectiva, junto con la regulación adecuada, son elementos clave para garantizar que las redes sociales contribuyan de manera constructiva a la sociedad actual y futura.

 

29 enero 2024

 

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drbenavides@medmultilingua.com

 

 

 

 

Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.