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domingo, 9 de febrero de 2025

Lolita

 


Utrora

Lolita

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

Para una torcacita rescatada en mi casa

 

Caída. Inmóvil.

Casi muerta, casi viva.

Innocentia cordis.

 

Paciente y gris,

cantas dulcemente,

melancólicamente.

 

Eu collar blanco,

en tu cuello, fino y lánguido.

 

Mueves tus alas,

remolino de plumas.

Ciclorama.

 

Estas de paso.

Mi casa respira y yo

canto, cantas.

 

Llegaran pronto

tus voces en los árboles.

Ya libre. Siendo tu.

 


Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH. Tiene estudios de maestría en educación y doctorado en pedagogía. Es profesor de literatura en el Colegio de Bachilleres y asesor académico en la Normal Superior de Nuevo Casas Grandes. Escribe una columna llamada Mito, Literatura y Realidad en El Diario de Juárez. Tiene publicaciones en la revista literaria Hambre, en el podcast El buen Cruel, diario digital de Agua Prieta. Ha publicado en semanarios y revistas literarias como Nosotros, Metamorfosis y Letra Nostra. Es promotor cultural y académico en Normal Superior José E. Medrano R, UACJ Nuevo Casas Grandes y UPN Nuevo Casas Grandes. Dedica su tiempo a la literatura, la discusión académica y el canto lírico. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos. Tiene una columna semanal llamada Utrora en Estilo Mápula revista de literatura.

domingo, 3 de marzo de 2024

Imaginarios con Héctor. Sigfrido Viguería Espinoza

Utrora

Imaginarios con Héctor

 

 

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

 

 

Fui hace quince días a su taller para saludarlo, pero no tuve la suerte de allí estuviera.

―Te veo en el cruce de caminos. Debes girar a la izquierda.

―Ir a la izquierda me llevará a la muerte, ¿cómo podría seguir viviendo?

―Recuerda un corrido que dice: si para morir nací, ¿no estás decepcionado de este mundo que nos consume?

―Es muy romántico eso, mejor mostrar que la vida es bella

―También es romántico pensar en la belleza de la vida, viendo como desaparecen y aparecen cuerpos.

―De todos modos, en Carados, a donde me mandas, es un sueño del que despertaré en la muerte. Mi cuerpo quedará en quien sabe que parte del mundo.

―Pero vendrán otros a continuar el trabajo, el ideal. Puedes quedarte quieto y vivir la vida de manera ordinaria. Puedes fingir que te importan los otros en lo que escribes o dices. Puedes hacer muchas cosas. Lo que no puedes hacer es suponer que la gente cree en lo que eres.

Sí. Ya habíamos conversado eso desde 2004 que lo conocí en los talleres de Arte Digital, sin embargo, me parece que seguimos repitiendo el mismo drama.

―¿Te acuerdas de que una vez te vi afuera de Casa de la Cultura y venías vestido de traje? Te pregunté si venías a una boda o a un evento cultural.

―¡Jajaja! Oiga, en esa idea la gente se queda en la superficie, solo la ironía o el sarcasmo pueden develar lo que se oculta.

―Pues sí, ya vez que te dije que me decían: ahí van esos locos, cuando hice ese cineclub, cuando participaba en los eventos de libros y quien sabe qué; de mis novelas se sabe algo, pero la gente me conoce como pintor.

―¿Le gusta lo que se anda escribiendo en Casas Grandes?

―Me gusta el Grafiti, unas cuantas cosas que he visto escritas. Algunas me gustan por la intención con que son escritas, pero me parece que la verdadera está oculta y entonces no me causan conflicto, pero no les creo.

―Cuando usted nos lleva a Carados por el camino de la izquierda. ¿Usted creyó siempre en eso?

―Tan creí que acá estoy ya, pero has venido a evocarme desde un mundo impersonal, yo que estoy en el mundo de las ideas. De todos modos, me agrada que me hables y me busques, pero sobre todo que no me olvides.

―Por eso vengo y le hablo, le escribo y sobre todo le agradezco que alguna vez me dijera que le parecía justo y honesto. Son dos valores que no puedo equiparar ni emular.

―Cuando te dije eso es porque no pensaba que eras perfecto o algo así. Lo que alcancé a leer tuyo me bastó para considerarte justo y honesto en lo que escribes. No puedo decir que realmente lo seas como persona. De igual forma, el recuerdo puede quedar, pero es mayor la huella si llega a ser literaria. No se olvida.

―Tengo unos proyectos sobre usted.

―Prefiero que no los digas y mejor los hagas. A ver qué pasa.

―En eso quedamos.

―En eso quedas tú. Espero y lo cumplas. El camino hacia Carados, que ya conoces: una especie de embrujo, ensueño o como quieras llamarle.

―Ya sé a dónde voy por ese camino, acuérdese que la vida es sueño.

 

Como preludio de justicia y memoria para el artista Héctor Nava Moreno

 

 

 

 

Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH. Tiene estudios de maestría en educación y doctorado en pedagogía. Es profesor de literatura en el Colegio de Bachilleres y asesor académico en la Normal Superior de Nuevo Casas Grandes. Escribe una columna llamada Mito, Literatura y Realidad en El Diario de Juárez. Tiene publicaciones en la revista literaria Hambre, en el podcast El buen Cruel, diario digital de Agua Prieta. Ha publicado en semanarios y revistas literarias como Nosotros, Metamorfosis y Letra Nostra. Es promotor cultural y académico en Normal Superior José E. Medrano R, UACJ Nuevo Casas Grandes y UPN Nuevo Casas Grandes. Dedica su tiempo a la literatura, la discusión académica y el canto lírico. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos. Tiene una columna semanal llamada Utrora en Estilo Mápula revista de literatura.

domingo, 11 de febrero de 2024

Un sentido onírico del discurso narrativo. Sigfrido Viguería Espinoza

Utrora

Un sentido onírico del discurso narrativo

 

 

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

 

 

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
La vida es sueño -Segismundo. Pedro Calderón de la Barca
 

 

 

El sentido onírico en la narrativa es una revelación dialéctica de la realidad; nos muestra, a partir de la contradicción, la intriga, lo oculto por medio de la sugestividad ensoñada.

Pesadillas. Crónicas de sueños, de Adriana Rodríguez, nos invita al mundo de la fantasmagoría insomne donde deambulan personajes, situaciones, emociones en la irrealidad para interpelar el mundo consciente.

La obra utiliza vehículos de ilación narrativa: onomatopeyas, surrealismo de voces y lugares, donde el sueño cumple una función suspendida en la pesadilla del cansancio, la rutina y las malas entrañas donde convive la gente en la cotidianidad.

Algunas metáforas narrativas donde la autora inscribe y cuenta: la sonrisa del abismo. Un personaje atrapado en la esquizofrenia imaginativa de una infanta en cualquier parte del mundo.

Otros acontecimientos hechos crónica en esta obra refieren personajes de la cultura popular: el fulano mal encarado del pueblo, el salir a deshoras de la casa, niños famélicos en figuras espectrales. Deseos hechos historias: como describir un nuevo día, la ocasión, un saludo. Imaginarios de predestinación como: mal augurio, la noche misteriosa y en secreto, los restos del cuerpo expresados en un cadáver.

Continua la fabulación narrativa preguntándose si los personajes se reconocen; es ahí donde la voz del discurso, a manera de monologo, interpela al lector como si estuviera viviendo o fuera testigo de los sueños narrados. Una especie de desdoblamiento de la personalidad del lector y una revelación de la voz interior.

Encontrarás una versión desconocida de tu vida hasta el momento en que ensimismado, entusiasmada, vivas la pesadilla de la vida y la muerte. Los polos del amor y el terror.

La pesadilla en este caso no es la típica representación del terror y el miedo; sino la crónica, la historia, la memoria que la rutina diariamente aniquila y que el sueño reivindica.

 

Rodríguez, Adriana: Pesadillas. Crónicas de sueños. Editorial Paquimé, México, 2023.

 

 

 

Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH. Tiene estudios de maestría en educación y doctorado en pedagogía. Es profesor de literatura en el Colegio de Bachilleres y asesor académico en la Normal Superior de Nuevo Casas Grandes. Escribe una columna llamada Mito, Literatura y Realidad en El Diario de Juárez. Tiene publicaciones en la revista literaria Hambre, en el podcast El buen Cruel, diario digital de Agua Prieta. Ha publicado en semanarios y revistas literarias como Nosotros, Metamorfosis y Letra Nostra. Es promotor cultural y académico en Normal Superior José E. Medrano R, UACJ Nuevo Casas Grandes y UPN Nuevo Casas Grandes. Dedica su tiempo a la literatura, la discusión académica y el canto lírico. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos. Tiene una columna semanal llamada Utrora en Estilo Mápula revista de literatura.

domingo, 21 de enero de 2024

Maya y Wanka. Sigfrido Viguería Espinoza

Utrora

Maya y Wanka

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

                              Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

                              altísimo fervor franciscano no anónimo…

 

 

Maya

 

Pequeña mía… Maya,

viendo tu cuerpo lacerado

no pude socorrer por segunda vez tus gritos y dolor.

Tu, siempre tan mansa y dulce,

me haces dudar, con tu muerte, del amor.

El rumor de tu muerte venía…

Entre abrazos, tu mano siempre amorosa a mi mano,

tu cabeza buscando refugio en mi regazo.

 

Pedazo de perro victimado por la saña y el odio.

Me pregunto si estos pueden caben en el mundo de los perros.

Yo pienso en Gaza, pedazo – mía… en el horror que no tiene nombre

y en cambio nos abomina y abomino como todos los hombres.

 

Creo en los mártires de todo el mundo.

Donde los humanos, las cosas, las plantas y los animales,

nos hieren para siempre en lo profundo.

Estás tu ahora como Rocky, durmiendo el sueño de los justos.

 

En carne viva y propia lloro como todos los miserables.

Tus heridas e injusticia,

ungidas en cada desaparecido.

El fantasmagórico significado de la vida.

Pienso en todos los días un muerto,

sea humano, perro… todos… no alcanzo a nombrarlos,

como tampoco me alcanza el horror para entender el exterminio,

el cual lo hemos hecho, cada día más humano

inhumano

deshumano.

El dolor me embarga, pequeña mía… donde muchos piensan

que la muerte de un perro vale menos que la de los humanos.

¿Y cómo pensar en humanidad en la maldad en la perversión de las muertes de ahora?

Esas muertes diarias donde las personas desaparecen

y aparecen sacrificadas… ahí… endurezco mi corazón… y luego se disuelve.

Me encuentro tan vulnerable como tu… pequeña mía.

 

Y te nombré Maya… pensando en árabe –gracia–

que me ha robado la injusticia de tu muerte.

 

 

 

Wanka

 

Pequeña mía: Pensaba en ti

como ese personaje de Los perros hambrientos.

Eras valerosa, leal y fuerte.

Siempre lo fuiste… hasta el último momento de tu muerte.

¿Por qué tuve que ver cómo morías?,

una decisión que ya intuías.

Te estoy llorando como a Maya, como a Rocky… Capi… Natasha.

Y te lloro por todo el maltrato que pude infringirte,

por todo el amor que me faltó de darte.

Me faltó estar más contigo… entender que fuiste diferente, aislada.

Siempre estarás en tu nombre fuerte y ruda… vigorosa.

¿Como puedo con la ausencia de mis dos pequeñas?

He de buscarlas en el jardín… donde yacen sus cuerpos unidos a la tierra.

He de buscarlas en los ladridos, saltos y brincos, en la casa.

He de buscarlas en mis sueños y recuerdos perrunos.

He de buscarlas desde mi muerte… hasta encontrarlas.

 

 

En la desolación de mi casa, 18 y 19 enero 2024

 

 

 

Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH. Tiene estudios de maestría en educación y doctorado en pedagogía. Es profesor de literatura en el Colegio de Bachilleres y asesor académico en la Normal Superior de Nuevo Casas Grandes. Escribe una columna llamada Mito, Literatura y Realidad en El Diario de Juárez. Tiene publicaciones en la revista literaria Hambre, en el podcast El buen Cruel, diario digital de Agua Prieta. Ha publicado en semanarios y revistas literarias como Nosotros, Metamorfosis y Letra Nostra. Es promotor cultural y académico en Normal Superior José E. Medrano R, UACJ Nuevo Casas Grandes y UPN Nuevo Casas Grandes. Dedica su tiempo a la literatura, la discusión académica y el canto lírico. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos. Tiene una columna semanal llamada Utrora en Estilo Mápula revista de literatura.

sábado, 12 de febrero de 2022

Ellas y yo. Sigfrido Viguería Espinoza

 

utrora

Ellas y yo

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

Jenny

 

Ciudad alegre…

siendo infantes tomabas mi mano

para comprar carne y aceite.

 

 

Virginia

 

Cabellera larga, pálida figura,

calidez de alma, frías tus manos;

voz y consuelo, virginal dulzura.

 

 

Patricia Eliana

 

Adolescencia y amor…

sentimiento inmaculado,

fuiste dejando muerte y dolor.

 

 

Verónica

 

Arrebato… dos meses.

La última noche, reclamo velado;

palabras lapidarias, una y mil veces.

 

 

Liz

 

Mirada sensual, acento francés.

Fui para ella figura europea.

Casi todo y nada… poeta Magaliere.

 

 

Yolotzin

 

Magia, fantasía… hada, bruja.

Yo, su Tuxedo Mask.

Siempre ajeno, cerca… más.

 

 

Lupita

 

Buscó mi amor, fallidamente.

Terminamos y volvimos. Luego nadie regresó.

Rubia. Ojiverde. Angélica… sigilosamente.

 

 

Laura

 

Míos: su voz, su ternura, el abrazo.

Partió. Mi vida se fue con ella.

Recuerdo fraterno, unidad de hermanos.

 

 

Adalid

 

Amor eterna comunión.

Intimidad más allá del tiempo.

Me fui de ella poéticamente… Re/unión.

 

 

Lidia

 

Valiente, recia. Imperial.

Me mantenía a dos metros de distancia.

Mujer profunda. Encantadora.

 

 

Gabriela

 

Siempre juntos, fui su amor.

Eros. Voz, Cercanía.

Amistad, candidez, ardor.

 

 

Ahora que…

no tengo a nadie y nadie me tiene,

donde estoy, la caja de Pandora se ha abierto.

Las calamidades y el Hades me siguen,

en mi dualidad mítica… en mi duelo.

Continúo mi camino de Orfeo

Mi lira solloza un réquiem.

Yo/ Eurídice inexorablemente hacia las sombras.

 

De camino a Chihuahua, 5 febrero 2022

 

 

 




Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.

sábado, 22 de enero de 2022

La aldea de los hombres. Sigfrido Viguería Espinoza

 

utrora

La aldea de los hombres

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

I

 

India sánscrita,

milenaria.

Cada doce segundos se niega a una niña.

Las no nacidas entierran el futuro,

junto con las mujeres ultrajadas.

Desolación y mal augurio.

En este mundo de los hombres;

condenado a las miserias de la vida.

 

 

II

 

Aldeas estériles.

Décadas ha. Sin la comunidad con las mujeres.

Mas allá de juicios de género

se preguntan si traer niñas al mundo.

Prisioneros de sus propias convenciones;

los aldeanos deambulan como espectros.

Ojos idos, desesperanza en los corazones.

 

 

III

 

La partera Neelam Bala

conjuga todo este dolor contraído,

en cada parto, donde esperan con ansia a sus hijos.

Negando la llegada de una niña

como una maldición, una mala suerte, indigna;

de preservar los apellidos.

 

Neelam es la madre tierra, que sufre no ser madre.

Tiempo-madre-médium de esos niños.

Ella bendice el nacimiento sin importar quien venga.

Espera un ser sano, bienaventurado.

Consuela virginal el corazón de los solteros,

e increpa con firmeza la mezquindad de los villanos.

 

 

IV

 

He aquí la aldea de los hombres,

donde la esperanza es el “Árbol de la hija”,

por cada uno sembrado, frutos… vida.

En un pesar eterno que no alcanzan los nombres.

 

Sigfrido Vigueria Espinoza, Nuevo Casas Grandes, 21 enero 2022

 

 





Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.

sábado, 15 de enero de 2022

Pandemos. Sigfrido Viguería Espinoza

 

utrora

Pandemos

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

Pan de todo,

lo ajeno

se ha vuelto propio.

 

Sufijo de los pueblos,

figuras y sombras.

Vivos o muertos.

 

Halitos cubiertos,

fiebre esparcida.

Abrazos y besos.

 

Refugio en el claustro,

impersonal el tiempo.

Vacío y fracaso.

 

Incorpóreo y fantasmal,

cosechas lo que siembras.

Las flores del mal.

 

Sigfrido Viguería Espinoza, 15 enero de 2022, Nuevo Casas Grandes

 

 





Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.

sábado, 1 de enero de 2022

Mil novecientos noventa… Sigfrido Viguería Espinoza


utrora

Mil novecientos noventa…

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

Levantamos del suelo nuestros sueños.

Mis padres y yo, un cuarto de cemento.

Nos mudamos a nuestro hogar en una carretilla de albañilería.

El techo de tabletas. Una torta de tierra.

Ventanas sin vidrio con plástico, puerta de madera.

La imagen de mi madre frente a la estufa de leña.

Un diciembre agreste y seco, frío en mis diez años de vida.

Colonizamos espacio hicimos comunidad, ya no éramos ajenos.

¿Por qué este año, esta década?

Nuestra historia familiar empezó ahí,

en nuestras manos la hicimos modestamente.

El primer carro, Dodge Dart Swinger 1973,

Mi amado Capi, can Husky.

Navidades heladas y crudas, veranos incandescentes.

Nuestra vida simple, modesta… comunal.

Hoy regreso y habito los recuerdos;

en este otro diciembre… empezado enero.

 






Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.