miércoles, 17 de enero de 2018

Mejor desaparece. Martha Estela Torres Torres

El eje de la luna


Por Martha Estela Torres Torres


Nada queda ya por decirnos.
Las últimas horas han apagado
el lenguaje que aún ardía entre nosotros.
El silencio ha terminado
por clavarnos
la lanceta del olvido.

Nada tenemos ya qué decirnos
En esta soledad oscura de la ausencia
donde quizá surjan las letras negras
de otros nombres.

Nada tenemos ya qué explicarnos
en este laberinto de sueños fallidos
donde la cizaña sofocó las últimas rosas.

Nada queda del amor
ni siquiera rescoldos dulces
ni migajas de ternura, 
ningún recuerdo vivo
que empañe nuestros ojos.

Nada queda ya de las promesas
que se extinguieron con el tiempo,
pero ¿acaso no fue el lunes cuándo dijiste
que me amabas?
¿No fue ayer cuándo me despertaste el amor?,
cuándo usaste tu mejor sonrisa
                        para mostrarme el horizonte?

Ahora las mentiras resplandecen 
como bengalas en la noche.
Ya no vale cuestionarlas
ni tienes fuerza para defenderlas.
Ya no te interesa actuar la farsa
del amor que te rompió los sueños de libertad
a cambio de uno, imperecedero,
que iluminó la gloria de las estrellas
y la ruta invicta del horizonte.


Pero a ti ¿qué te importa la luz,
el eje de la luna o el polen de la madreselva,
el canto del cenzontle o la lluvia del atardecer?

¿A ti qué diablos te importa que tu frialdad
ahogue las raíces del árbol que aún sigue en pie?

¿A ti qué demonios te importa que escriba estas letras,
estos rezos vanos e inútiles
que no consiguen librarme de tu anarquía,
de tu falsa aurora,
de tu ambicioso poder que horada mi voluntad?

Ahora solo espero que te coman los gusanos,
que los buitres devoren la carne infértil de tu corazón
que la luna te ciegue para siempre
y que jamás respires el aire que respiro.

No olvidaré jamás
la rueca mordaz de tus ladridos,
tus ojos de filosa oscuridad
ni tus palabras de ácido sulfúrico.

Muere, lentamente, en la falsa victoria,
en la cumbre de la soledad, en la rivera de la locura.
¡Muere vencido por tu propia mezquindad!





Martha Estela Torres Torres tiene licenciatura en letras españolas y maestría en humanidades. Entre sus libros publicados están: Hojas de magnolia, La ciudad de los siete puentes, Arrecifes de sal, Cinco damas y un alfil, Pasión literaria y Árboles en mi memoria. Actualmente es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y editora en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

jueves, 4 de enero de 2018

Hildeberto Villegas. Catulo nos revela en este poema

(Catulo nos revela en este poema)


Por Hildeberto Villegas




Catulo nos revela en este poema el sufrimiento de su amada Lesbia por la muerte de un pajarillo.


(Traducción)


Lloren, amores y deseos,
y cuantos hombres agraciados haya.
Ha muerto el pájaro de mi pequeña,
el gorrión, deleite de mi niña.
Al que ella amaba más que a sus ojos,
pues era una miel y conocía a su dueña
tan bien como una niña a su madre,
y sin apartarse de su regazo,
saltando de aquí para allá,
piaba solamente para su señora.
Pero ahora va por un camino tenebroso
hacia un lugar de donde se dice que no hay retorno.
Malditas sean tinieblas del Orco,
que devoran todo lo bello.
Tan hermoso pájaro me han arrebatado.
¡Oh, mala suerte! ¡Oh, pobre pajarillo!,
por tu culpa los ojos de mi pequeña
hinchdos y enrojecidos lloran.




(Versión latina original)


Lugete, o Veneres Cupidinesque,
et quantum est hominum venustiorum.
Passer mortuus est meae puellae,
passer, deliciae meae puellae.
Quem plus illa oculis suis amabat,
pam mellitus erat suam quenorat
Ipsam tam bene quam puella matrem,
nec sese a gremio illius movebat.
Sed circum siliens modo huc modo illuc
ad solam domina musque pipiabat.
Qui nunc it per iter tenebrico sum
illuc unden egan tredire quem quam.
At vobis male sit, malae tenebrae
Orci, quae omnia bella devoratis.
Tam bellum mihi passer emab stulistis.
O factum male! omiselle passer!
Tua nunc opera meae puellae
flendo túrgido liruben tocelli.




Hildeberto Villegas Méndez. Fue maestro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, titular de las cátedras de español, latín y gramática histórica de la lengua castellana. Federico Ferro Gay y él tradujeron el libro De vulgari eloquentia, de Dante, cuya tercera edición salió en 2013. Fue productor de programas culturales de Radio Universidad. Murió en 2017.

martes, 2 de enero de 2018

Juan Pablo Santana


Por Juan Pablo Santana

El silencio es mi arma
Para encontrar de sus luces
la noche más temprana
El vaho de la ciudad debilitando sus grietas
Como la actriz vieja que odia la
alta definición,  alta fidelidad
adora
la débil premonición, leve señal.

En esta calle murieron tres por ocho en siete días y medio
Por esta propiedad abandonada
apareció mi cuerpo ya viejo de noticias
mientras el humo de mi único cigarro contorneaba
la distancia de un amor no solicitado

Dónde si no, en este cielo que duele por sales y arenas
Dónde si no, los frutos se le escapan al refrigerador y
se me pudren en la mano que es Saturno

Ya verás –dijiste–
aprenderás amar a la persona adecuada,
a no perderme el tiempo –
Ya encontrarás una voz de ecos para la cotidianidad  
Pero no será esta noche ni en mi cuerpo.

Ya verás –soñaste–
La mujer sentada, la mujer dormida
La mujer del retrato de los templos interminables y los museos en llamas,
la dama infinitamente retratada a la palma de tu mano
Pero no en mis labios, para tu origen.
Ya escucharás la voz que es un canto
al responder el teléfono, al descubrirla
entre los pasillos la oirás llamando tu nombre por la calle o
te silbará una canción de la que te sepas la letra.
Pero no será el amor en mis ojos una flor o la hora
más sagrada del fin de semana.
Ya me imaginarás mientras amo.




Juan Pablo Santana escribe cuento y poesía. Ha sido organizador y colaborador de varios encuentros de poetas. Sus trabajos han sido publicados en antologías y revistas literarias. Trabaja como especialista de asuntos culturales en el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez.

lunes, 1 de enero de 2018

Arelí Chavira. Por fin en paz

Por fin en paz

Por Arelí Chavira

El calor, la lluvia, el sonido insoportable de las bocinas de los autos, los olores de comida, el humo del combustible, las voces chillonas de las señoras, todo afuera es espantoso, por eso las puertas y ventanas de mi departamento están siempre cerradas.

Así que nadie sospechó. Mis gritos quedaron cautivos en la prisión de mi casa. Luego, alguien se dio cuenta, dio aviso a la policía.

Al final ya nada me molesta, ningún ruido socava mis sentidos. Encerrado, mi cuerpo sin vida tras el vidrio del ataúd, descansa en paz.





Arelí Chavira es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua con maestría en University of New Mexico in Las Cruces. En 2016 publicó su libro de relatos Mudanza de Jazmín. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Tec Milenio.