lunes, 5 de enero de 2026

El mar es un secreto de los niños

 


El mar es un secreto de los niños

 

Por René Wilson

 

Hoy me encontré

conmigo

un niño

muerto de miedo en la memoria.

 

Festival de ojos saltones

Míralos por la calle

apiñados en pirámides de compromiso, seguros en su tibieza invicta de interfones, dejando su baba entusiasta en los postigos, claqueteando sus cráneos prematuros, acribillados de slogans, medianamente satisfechos, medianamente lúgubres, medianamente esto y lo otro.

 

Our boys in Vietnam

Aleteaba al correr el niño y eran

le quemaba la voz un grito veinte

hondo arrozado histérico soldados

quedó solo durmiendo disparando.

 

Pigmalión

Hay tardes

en que me basta una canción,

cierto sabor de lluvia

o de tristeza

y eres asunto terminado.

Pero hay otras

donde no encuentro más que piedras.

Y ni modo,

yo te construyo como puedo.

 

Polvo de aquellos Pablos

¿Qué qué?

Que la aurora cumplida.

Que los caminos luminosos.

Que los cantos del pueblo harán bolillos.

Que yo te saludo hermano (muchas gracias).

Que.

Que.

 ¿Qué les pasa?

 

1

El mar

nunca amanece:

un tiburón

lo inventa

cada día.

 

2

Tentáculo del agua

la espuma

multiplica

sus ojos

transitorios.

 

3

Diplomacia cordial

la de la arena,

atenta a la embajada

de los cocos.

 

4

A veces

te vuelves de agua

y el mar

se traga

al mar

aminorándote.

 

5

El mar lamió

tu nombre

como queriendo

abrirse paso

 

6

Y mira

que la lluvia

solo enreja el mar,

tú lo humedeces.

 

7

El mar

es un secreto

de los niños.

 

8

Voy a beberme

el mar,

para alejarlo.

 

Junio 1980

 


René Wilson es un poeta chihuahuense que nació el 28 de octubre de 1953.Desde los quince años viajó por casi toda la República Mexicana ejerciendo las más disímbolas actividades. Colaboró en los suplementos literarios de los periódicos y otras publicaciones mexicanas.

domingo, 4 de enero de 2026

Hielo

 


Hielo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

La mañana (¿qué día era?) él regaba con la manguera unas plantas (¿o eran flores?). No sé la razón, le compró algunos vestidos a mi hermana mayor, según cuenta la leyenda (o la novela familiar), le pregunté si también a mí me compraría vestidos, debe haber dicho que sí, pero se le atravesó la muerte y no lo pudo hacer.

       Alguna vez, pasando por la sala de la casa, su cuerpo iba envuelto en cobijas y llevado en vilo por alguno de sus trabajadores (¿el primer ataque cardiaco, el último?)

       No fuimos a presenciar ese acto tan simbólico como real: el descenso de su cuerpo sin vida al interior de una tumba.

      Entre todos los adultos que posiblemente opinaron sobre nuestra presencia en ese acto, parece ser que ganó la idea de que nos afectaría estar presentes, así que no fuimos invitados (¿nos quedamos en la casa con la abuela?)

      Lo que sí, y no fue nada simbólico y sí algo brutal, está la siguiente escena en mi mente, tan clara como el color de la tinta con que ahora la describo.

        También es de día, suena el teléfono, mi abuela lo contesta, la llamada es breve, está por ahí mi hermano Luis, luego de colgar el teléfono (era un teléfono de casa, antiguo ya a estas fechas), ella le dice que mi padre ha muerto, él golpea su cabeza en contra de la estructura de la litera en la que duerme, puede ser que también grita o llora.

        Quizá en ese momento mi abuela se da cuenta que vi todo, me toma de la mano y dice que vamos a comprar unos jitomates, “vamos por los centavos”, dice.

       Eso, creo, no es el recuerdo de un padre, tal vez el recuerdo sea del principio de su ausencia.

       Tal carga tiene esa palabra que dura muchos años, hasta esa Navidad en que mi madre enfrenta mi tristeza con la pregunta necesaria: “¿Lo que yo he hecho no cuenta?”

      (Será que ese señor llamado Eduardo, hasta entonces una figura de hielo enorme a la que deseaba abrazarme y ese frío, en el abrazo, solo imaginado, ¿era la causa de esa tristeza, para ella inexplicable?) 

       Y sí, caigo en cuenta e interpreto su inquietud, ¿será que le parece injusta mi tristeza por una ausencia no atribuible a nadie? (solo a la vida).

      Supongo que nos abrazamos y quizá lloramos juntas.

      No hay un hombre, hoy, al que pueda llamar compañero, hubo, sí, un esposo, luego un divorcio, luego amantes, y nada más. ¿Será que nadie tuvo ni siquiera la intención de matar a ninguna de mis tristezas?

      No sé.

      Tragedia o circunstancia, como se le prefiera llamar es simplemente el tonto juego al que se nos invita con el solo hecho de nacer: morir.

       Nacer y morir sin elección, ¿cómo no sentirnos juguetes de algún irresponsable ser?

       Y los que pregonan: hemos venido a aprender. ¿En serio?

      Sí, a aprender a perder: Padre, ilusiones, tiempo.

       Los silencios que se prenden de mis huesos, yo ya me encargo de disolverlos con estos dibujos que son palabras, hechos en mi cuaderno de eterna estudiante; sí es que venimos a aprender, no vale nudo en la garganta, ni muro de granito en el pecho. Todo ha de ser dicho y si ha de ser escrito, mejor.

       Soy mi padre en el anhelo de un abrazo, soy su ausencia en ese desear, soy un poco de su cabello y soy su misma nariz, que heredé a mi hija.

       Hay en mí de él quizá la sonrisa que, al verla en el espejo, me hace sentir que el tiempo no ha pasado y me compraré un vestido en su nombre, él no lo pudo hacer, no tuvo tiempo.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005) y Raptos (2009). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente reside en Guadalajara.

Mala

 


Mala

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

I

Querida Madre Superiora:

Sé que mi salida del convento ha sido un golpe para todas las hermanas, especialmente para usted y para Sor Dolores. También sé que se ha culpado de mi deserción a Evaristo; todos piensan que él me sedujo y que por eso dejé el convento. Quiero decirle, y espero que me crea, que no fue así. La culpa es mía y solo mía.

Nunca imaginé tener tanta maldad dentro de mi alma. Esa maldad me llevó a ofrecerme al tal Evaristo; si no hubiera sido él, hubiera sido otro. La maldad no es un calor, como el de los animals. Uno tiene que calentarla.

Ya le había echado el ojo al padre Ignacio, eso hubiera sido mucho peor. Entonces apareció Evaristo, pobrecito de él. Y no digo que sea él una inocente paloma, ¡bien corridito que está! Pero no se enamoró de una monja así nomás: Esta monja tuvo que provocarlo, que enseñarle todo. Parecía feliz con lo que le daba, pero ya comenzó a caer de la nube y sé que en poco tiempo lo haré muy infeliz. Mi maldad así lo dicta. Esa es la idea.

Se preguntará por qué le escribo esto.

Pues alguna vez le oí explicar a las hermanas cómo es que una de ellas había dejado la comunidad. Lo hizo usted hablando de los "impulsos humanos normales" y la "vocación débil" de la que se había ido. Pues quiero que sepa usted que ese no es mi caso. Como lo dije arriba, fue la pura maldad cobijada en mi alma. Para que usted lo sepa, el día que pronuncié mis votos estaba completamente convencida de que el Señor me llamaba y que era lo que yo quería, lo que más quería en mi vida. Pero unos cuantos días después la maldad dentro de mí comenzó a hablarme. Era como la voz que los enfermos que atendemos en el hospital dicen oír, pero más compleja e insistente. Me decía que no podría ejercer plenamente mi maldad si continuaba de monja y sirviendo en el sanatorio. El mensaje era claro: debía colgar los hábitos. ¿Cómo hacerlo? Pues lo más fácil fue seguir el ejemplo que había visto tantas veces: enredarme con alguien.

Ahora mismo aguardo el momento para dejar a Evaristo e ir con mi maldad a causar daño a otra parte.

Y por supuesto, escribo esto en un momento en que mi maldad está mirando hacia otro lado. A ella no le importaría que usted supiera todo esto. A mí, sí. Quiero que sepa de mi maldad y de lo feliz que ella me hace.
Su hija mala.

II

El despacho de la Madre Superiora estaba pintado de gris claro. De una pared lateral colgaba un cuadro con la imagen de la Inmaculada, y en la del fondo un gran crucifijo. Detrás de un vetusto escritorio, sentada en una silla giratoria, estaba la Madre Superiora. Era una religiosa de aspecto impresionante: robusta y con un impecable hábito de su orden que sin ningún ornamento y, sin que ella dijera una sola palabra, sabía uno que era la que mandaba ahí. Una lágrima se deslizaba por su mejilla. En eso, la hermana Dolores, una monja alta y delgada, pálida como papel, entra al despacho y saluda:

Ave María.

La Superiora responde en voz tan baja que uno tiene que adivinar que dijo: "Sin pecado concebida"

Madre Superiora, ¿está bien?

Sí. ¿Por qué, Hermana Dolores?

Pues, con todo respeto, es que la sorprendí llorando.

Creo que soy muy sentimental, esta carta me ha conmovido mucho. Es de una persona que necesita mucha oración.

¿Y la pide en la carta?

No exactamente, pero puedo leerlo entre líneas.

¿Puedo preguntarle de quien viene la carta? Yo puse su correo sobre el escritorio y la letra en ese sobre me pareció ser de la hermana... que nos dejó.

En efecto, así es. Sé que usted la apreciaba mucho. Póngala en sus oraciones. De verdad lo necesita.

Puso la mano derecha sobre la carta que yacía sobre el escritorio y, dudando si pasársela o no a la hermana Dolores para que la leyera, al fin lo hizo. Dolores, temiendo que la Superiora se arrepintiera y se la quitara antes de que la acabara de leer, leyó rápidamente.

¡Oh Dios! exclamó, devolviendo al tiempo la carta a la Superiora, quien la tomó con la punta de los dedos y la volvió a poner sobre la mesa. Las dos lloraban ahora.

III

Al final del claustro se abría una ventana de cuyo marco colgaba una pequeña jaula. Ahí estaba un canario.

Hermana Sofía, el canario ha dejado de cantar.

Sí, desde que la hermana se fue.

Sí, es que ellos, los animalitos saben.

Ya se repondrá.

Tal vez sí, tal vez no.

Lo sabremos si comienza a cantar otra vez.

IV

¡Madre Superiora, la busca Evaristo.

¡Ay, Señor, qué cinismo! ¿Qué quiere?

Dijo que había dejado un trabajo pendiente cuando se fue, y que tal vez lo necesitaramos para terminarlo.

¡No sé de que habla! Vendrá a sonsacar a otra hermana. Pero... pues bien, dile que pase.

La hermana portera salió a buscarlo, y minutos después entró Evaristo. Era un hombre relativamente joven, con barba de tres días, enfundado en un overol de obrero con manchas de aceite. Calzaba botas mineras y lucía una gorra de béisbol.

Buenos días, Madre Superiora.

Buenos días, Evaristo. Dime qué quieres, sé breve por favor, estoy muy ocupada.

Quiero terminar el reforzamiento del tejabán de atrás que había comenzado, cuando pasó lo de la hermanita que me pidió que la ayudara.

¿Ayudara?

Sí, a salir del convento. Dijo que para hacerlo debía decir que se iba conmigo.

Y por lo visto se fue.

Pero en cuanto llegó a donde me pidió que la llevara, creo que casa de una prima suya de ella, me dijo que ya no me necesitaba, me dio un dinerito y me despidió. No la he vuelto a ver.

―¿Entonces aquello, es decir, como pareja, no progresó?

¿Qué quiere decir?

¡Eso mismo!

¡Ay Madrecita! Nunca hubo nada de eso. Si acepté ayudarla es porque ella hasta el día que nos fuimos de aquí siempre había sido muy buena conmigo. Pero de aquello, pues nunca hubo nada, ¡se lo juro!

No hay que jurar en vano, Evaristo. No hay que jurar.

Un tanto confundida, la religiosa ya no supo qué decir. Su preparación como directora y administradora le dictaba que lo mejor que podía hacer era tener tiempo para pensarlo:

Mira Evaristo, no te puedo responder ahora mismo, tengo que consultar con nuestras finanzas para saber si continuamos con lo del tejabán.

Como usted quiera, pero sepa que no pasó nada de lo que está pensando.

Evaristo caminó hacia atrás y no podía quitar la vista de la cara asombrada de la Madre Superiora.

"Oh maldad de maldades", pensó la monja.

V

¿Que por qué no me voy a mi casa en vez de venir aquí contigo? ¡Ay querida prima! Pues tú me invitaste hace mucho. ¿Qué ya no te acuerdas?

Pues sí. Pero eso fue antes de que te metieras al convento.

Precisamente. Ellos no aprobaron mi decisión. Ahora no puedo volver así como así. No sé que dirán cuando sepan que he abandonado el convento.

Ya lo saben.

¿Quién les dijo?

Pues yo.

Cayendo en la cuenta de que no podía navegar en la vida ignorando como los demás reaccionarían a lo que ella hacía, se abstuvo de reclamarle, a pesar de sentir que la prima la había traicionado. Solo preguntó:

¿Y qué dijeron?

Tu mamá no dijo nada, solo se soltó llorando. Tu padre la emprendió en tu contra llamándote impulsiva, inmadura, infantil, pero sobre todo malvada. “Espero que ahora no se asome por esa puerta pidiendo perdón”, dijo.

Pues tiene razón en lo de malvada. Lo soy. Pero por qué habría de pedir perdón. No les gustó que entrara al convento, ¿y ahora no les gusta que me saliera?

¡Ay prima! Lo que no les gusta es que seas como eres.

¿Mala, dices?

VI

Correo electrónico del doctor Pietro.

Estimado Doctor:

Le escribo para cancelar mi cita de este mes, y posiblemente darme de alta de sus servicios por los cuales estoy muy agradecida. Y es que ya estoy bien.

Mi maldad se ha calmado. Ya no me habla constantemente. Ya no me dice que debo de andar por ahí dañando a nadie. Es un alivio, pero no atenúa el daño que ya hice y, es más, ni quiero que se atenúe. De hecho no llevo ningún remordimiento en mi conciencia. Tal vez ni conciencia tengo. De cualquier forma reconozco que su tratamiento me ayudó y que ya puedo vivir con la persona que soy. Gracias de nuevo.

Señorita Alicia, por favor conteste ese correo. Dígale a la paciente que yo no la he dado de alta. Pero que si ya no quiere verme, que le pida a su médico familiar que le siga recetando el tratamiento que está tomando, y que por ningún motivo debe interrumpir.

VII


Conversación entre comadres.

¿Has oído de tu hija?

No, lo último que supe de ella fue que ya no vivía con su prima.

¿Adelaida?

Sí, esa.

¡Pobrecita! ¡Qué paciencia!

¿Te refieres a lidiar con ella?

Y a otras cosas. ¿No te da pendiente no saber de ella?

¡Claro que sí!

¿Has pensado llamar a la policía? ¿Reportarla como perdida?

Sí, pero mi marido no quiere. Dice que está Perdida, pero en el otro sentido de la palabra. Otra vez dijo que ya volverá cuando le de hambre.

―¿Tienes alguna pista de dónde pueda estar?

Solo lo que la prima oyó de ella: que estaba poseída, posesa, como se diga, por la maldad. Que se iría a donde pudiera hacer más daño.

¿A donde van las chicas malas?

No precisamente. Lo que entendió Adelaida es que hallaría un hombre al cual arruinarle la vida.

¡Se me hace que ella sabe algo más, pero no quiere hablar!

Puede ser. Pero no puedo hacer nada sino rezar por ella. Ahora mismo voy a Misa. Acompáñame comadre. 

VIII

Otro día, las mismas comadres.

¡Comadre!

¿Qué pasa?

¡Pues que la ví! Iba en un carrazo último modelo.

¿Seguro que era ella?

Como si hubiera visto a la virgen, oops quiero decir.

--No se disculpe. solo quiso decir que sí, que era ella. Lo que importa es que está viva y bien. Bueno, por lo menos viva.

IX

A la distancia, ella:

La maldad no se cura.

El canario en el claustro del convento nunca volvió a cantar.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

sábado, 3 de enero de 2026

Paul & Linda McCartney – Ram (1971)

 


La cinta musical

Paul & Linda McCartney – Ram (1971)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Comenzamos esta sección llamada La cinta musical, en donde hablaremos de álbumes de música rock y sus géneros innumerables, desde discos que fueron y son famosos, hasta los más raros de ubicar en el mercado.

     Los relatos y descripciones que escribiré serán desde la óptica de colecciones personales, es decir, desde cassettes de cinta magnética y cartuchos de cinta 8-tracks. No abordaré comentarios desde el sonido digital, solamente desde el analógico.

     La voz melódica, edulcorante y versátil de Paul McCartney, aparte de su talento como multi instrumentista y compositor, se dejó escuchar en su segundo álbum solista Ram, luego de la disolución de The Beatles en 1970. Para conformar este acetato y cartucho track, reclutó a los guitarristas David Spinozza y Hugh McCracken, así como al baterista Denny Seiwell.

     Publicado el 17 de mayo de 1971, bajo su propio sello McCartney Productions, Inc., y comercializado por Capitol Records Inc., Ram muestra una versatilidad innata en el genio de Liverpool, quien, en un estilo de cromatismo musical, manifiesta su talento revolucionario.

     Too many people, canción con la que inicia el álbum, fue un ataque directo a John Lennon a un año exacto de la salida del último disco Beatle, Let it be. A un solo bajeo, dos guitarras, percusiones y batería, el encono era manifiesto, ante lo cual Lennon respondió con How do you sleep?, en el álbum Imagine, ese mismo año.

     La siguiente pista, 3 Legs, contiene movimientos acústicos acompasados con una voz estilo radiofónica, entre sátira y juego. Ram on, tocada con ukelele por Paul, es una indirecta hacia Lennon (encima del carnero), en dos versiones musicales, como una paráfrasis de doble sometimiento a su antiguo ex compañero de banda, en creación musical y escrituraria, ya que para 1971 pervivía el duelo musical y de cruce de palabras entre Paul y John, desde la separación de The Beatles, en mayo de 1970, y hasta 1976.

     Y aparece la voz melosa de McCartney en Dear boy, con un mensaje hacia el ex marido de Linda Eastman de McCartney, entre piano, chelo y guitarras: “I guess you never knew, dear boy, what you had found” (Supongo que nunca supiste, querido muchacho, lo que encontraste). “I guess you never knew, dear boy, that she was just the cutest thing around” (Supongo que nunca supiste, querido muchacho, que ella era la cosa más linda del mundo) “I hope you never know, dear boy, how much you missed” (Espero que nunca sepas, querido muchacho, cuánto perdiste).

     Y enseguida viene el primer éxito post-beatle, que lo colocó en el número Uno en los dos lados del Atlántico: Uncle Albert / Admiral Halsey, evocador de recuerdos del puerto de Liverpool, que contó con la participación de la Orquesta Filarmónica de Nueva York y con un coro uniforme. Aquí se seguía notando la superioridad de Paul McCartney, en lo sinfónico, sobre sus tres ex compañeros de banda en The Beatles.

     Tal orquesta también participó en los temas Long haired lady y The back seat of my car. Smile away es energía total y rock duro amalgamado bajo el potente bajeo de Paul, en dos tiempos duraderos, acompasado con los coros de Seiwell, McCracken y Linda.

     Heart of the country es la voz dulce, lánguida y chiplona que Paul ejecutaba con sus hijos a la hora del juego (como lo haría también en la canción Bip Bop, de su siguiente álbum Wild Life, también de 1971). Aquí se destaca su guitarra acústica en una perfección melódica.

     Monkberry moon delight es un preparado culinario-musical de los esposos McCartney, en repostería. Ahora no hay delicadeza en las cuerdas vocales de este músico británico, son sumamente sonoras y agresivas, al estilo de Helter skelter, del Álbum Blanco (White Album), y de Oh, darling!, del disco Abbey Road de The Beatles, grabados en 1968 y 1969, respectivamente. Y en los coros de esta pieza está presente la voz de Heather, la hija del primer matrimonio de Linda Eastman.

     Linda era una gran cocinera y Paul le enseñó a tocar los teclados para conformar una nueva banda a partir de 1971. Por ello, compuso la pieza Eat at home, a dos voces con el propio Paul: la primera voz es de un barítono satisfecho con lo que saborea (y compone), y la segunda voz, mimosa, envolvente, representa el resumen de lo deleitado: Come on, little lady, lady, let’s eat at home” (Vamos señorita, señora, comamos en casa). Bring the love that you feel for me into line with the love I see (Trae el amor que sientes por mí en línea con el amor que veo).

     Long haired lady es un pequeño himnario de frases amorosas, entre guitarras, bajo, teclados, violines, violas, contrabajo y triángulo, acerca del hermoso cabello de la mujer, en donde la voz prolongada de Linda enfatiza sobre el buen cuidado de la imagen femenina: Sweet little lass, you are my long haired lady (Dulce niña pequeña, eres mi dama de cabello largo). Who’s the lady that makes that brief occasional laughter?” (¿Quién es la dama que hace esa breve risa ocasional?). Ah, sing your song, love is long, love is long (Ah, canta tu canción, el amor es largo, el amor es largo).

     El álbum cierra con The back seat of my car, una balada que habla sobre un viaje a la Ciudad de México.

     La portada del álbum enfatiza la batalla intestina entre McCartney y Lennon, tomando el primero de los cuernos a un carnero (Ram), simbolizando este animal a John Lennon y dominado por Paul McCartney.

     Finalmente, con el cambio de voces de McCartney, esta obra suena a magia musical y sería la segunda y última en solitario, ya que para el 7 de diciembre de 1971 –siete meses después de Ram– fundaría el grupo Wings con la salida del disco LP, cassette y 8-track Wild Life (aunque podría decirse que ya comenzaba Wings con Ram, debido a que el baterista original, Denny Seiwell, participó tanto en este álbum como en Wild Life, igual de 1971, y en Red Rose Speedway, de 1973).



 

Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y la novela En busca de un año, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

viernes, 2 de enero de 2026

Hombres G: cuatro décadas de rock en español sin bajar del escenario

 


Hombres G: Cuatro décadas de rock en español sin bajar del escenario

 

Por Marco Benavides

 

Pocas bandas pueden presumir de mantener intacta su formación original después de cuatro décadas. Hombres G no solo lo ha conseguido, sino que además ha logrado algo aún más difícil: seguir siendo relevantes para el público que creció con ellos y, simultáneamente, conquistar a nuevas generaciones que descubren sus canciones como si fueran recién estrenadas.

Formados en Madrid en 1982, David Summers, Rafa Gutiérrez, Dani Mezquita y Javi Molina crearon un fenómeno que definió el sonido del pop-rock español de los años ochenta. Con temas como Devuélveme a mi chica, Voy a pasármelo bien o Marta tiene un marcapasos, la banda capturó el espíritu irreverente y desenfadado de una generación, especialmente en España y en Latinoamérica. Su propuesta era directa, sin pretensiones intelectuales, pero con una capacidad innegable para conectar con el público.

El desgaste profesional y personal llevó a la separación del grupo en 1992, un momento que muchos fans vivieron como el fin de una era. David Summers emprendió una carrera en solitario que resultó exitosa, además de trabajar como productor y compositor. Rafa Gutiérrez se refugió en el estudio, mientras Dani Mezquita exploró el mundo empresarial y Javi Molina se trasladó temporalmente a Estados Unidos. Cada uno siguió caminos diferentes, pero el vínculo nunca se rompió del todo.

La reunión oficial en 2002 no fue un simple ejercicio nostálgico. Desde entonces, Hombres G ha mantenido una actividad constante y selectiva, girando por España y América Latina, lanzando nuevos discos y colaborando con artistas jóvenes. Sus conciertos se han convertido en eventos multigeneracionales donde padres e hijos comparten las mismas canciones, un testimonio de su capacidad para trascender barreras de edad.

David Summers, hijo del cineasta Manolo Summers, se ha consolidado como el rostro más visible del grupo, aunque nunca ha eclipsado a sus compañeros. Rafa Gutiérrez aporta la solidez técnica que mantiene vivo el sonido clásico de la banda. Dani Mezquita, siempre discreto, sigue siendo fundamental para la identidad melódica del grupo. Y Javi Molina continúa siendo el ancla rítmica que sostiene cada actuación.

Lo notable de Hombres G no es solo su longevidad, sino su capacidad para no vivir exclusivamente del pasado. Aunque sus grandes éxitos de los ochenta siguen siendo los más coreados, la banda ha sabido reinventar su repertorio y adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Sus álbumes en directo y giras conmemorativas demuestran que no se conforman con ser una banda de nostalgia.

En la era del streaming y las tendencias efímeras, Hombres G representa algo cada vez más raro: continuidad, autenticidad y una conexión genuina con su audiencia. Sus canciones siguen sonando en radio, aparecen en películas y series, y forman parte de la banda sonora colectiva de varias generaciones de hispanohablantes.

El legado de Hombres G va más allá de las cifras de ventas o los récords de asistencia. Son pioneros del pop-rock español moderno, han conseguido convertirse en clásicos populares sin perder vigencia cultural. En un mundo donde las bandas se separan por cualquier motivo, donde las reuniones suelen ser puramente comerciales y donde la música se consume de forma cada vez más fragmentada, estos cuatro músicos madrileños siguen demostrando que la permanencia también puede ser una forma de rebeldía.

 

Dr. Marco Benavides, 23 diciembre 2025

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.