miércoles, 16 de mayo de 2018

Lourdes Bustillos

Hombre golpea a la muerte

Por Lourdes Bustillos

Es un espacio oscuro, no logro distinguir el ambiente en el que me encuentro salvo la vieja mesa que hace juego con la silla desgastada de madera en la que estoy sentado. Comienzo a vislumbrar la perfecta silueta de una musa, aunque mi vista está velada puedo apreciar la belleza de la dama que elegante, sigilosa se acerca a mí; su piel de porcelana casi brilla de lo perfecta que es, cabello negro, mejillas rosas, labios carnosos y esos ojos… tan pronto los miro me siento hipnotizado por su fuerza, verdes tan verdes tan profundos.
―¿Recuerdas qué hiciste antes de estar sentado aquí? ―me pregunta, utilizando un tono agudo pero firme y seductor.
La miro directamente sin embargo no puedo sostenerle la mirada, es penetrante, fuerte, oscura. Mi voz se quiebra al intentar cualquier sonido, mi garganta quema cuando hago el esfuerzo de hablar.
―¿Quién eres? ―apenas logro pronunciar.
―¿Recuerdas qué hiciste antes de estar sentado aquí? ―reitera ignorando mi pregunta.
Intento hablar, sencillamente no sé la respuesta. Sé que soy abogado, no obstante soy incapaz de recordar las últimas horas. Me siento confundido, mareado con esta duda. La miro de vuelta y ella insiste:
―¿Recuerdas qué hiciste antes de estar sentado aquí?
Coloco los codos sobre la mesa frotando mi rostro con ambas palmas intento recordar. De pronto una imagen viene a mi mente: estoy en mi departamento viendo televisión al tiempo que preparo la cena; noticia de última hora condenan a homicida en serie, no me extraña ni yo hubiera podido salvarlo de la inyección letal, lo hice una vez. Gracias a mi astucia el veredicto fue "no culpable". Cuando me buscó por segunda ocasión tuve que declinar la oferta, un descuido y se echó la soga al cuello.
―Ahora te recuerdo. Mira, diosa, te lo dije antes hoy te lo repito, yo solo hice mi trabajo, él fue el que puso ese cuchillo sobre sus cuellos no yo. ―le digo al recordarla cuando me amenazó en la exoneración de mi cliente; como hermana de la víctima era normal su enojo, su impotencia.
―¿Y qué planeas hacer?, ¿secuestrarme, torturarme? ¡Míranos!, ni siquiera me tienes esposado. Lo siento, dulzura, pero no eres amenaza.
Permanece inmutable antes de pronunciar palabra.
―¿Recuerdas qué hiciste antes de estar sentado aquí? –insiste,  redundante.
―¿Por qué repites la misma pregunta? ―alzo la voz en esta ocasión.
Me levanto enfadado de mi asiento y me dirijo hacia la puerta, pero por más que avanzo nunca llego. Comienzo a apretar el paso y la salida se encuentra siempre a la misma distancia no obstante que ahora estoy corriendo hacia allá. Siento que he recorrido un maratón y sin embargo a ella le bastan un par de pasos para colocarse frente a mí. Aterrado le pregunto al borde del terror:
―¿Quién eres?
―Soy quién te mató ―responde concisa.
De pronto recuerdo. Aquella noche viendo televisión mientras preparaba la cena se apareció en mi departamento, seductora se acercó y antes de que pudiera decir nada estaba frente a mí, a punto de recibir un beso de sus turgentes labios; en vea de eso, cortó mi yugular. No lo vi venir.
Mi cabeza da vueltas, incrédulo e implorando que todo esto sea una broma. Comienzo a creer cuando miro cómo su angelical rostro se convierte poco a poco en otra realidad: La muerte me ha llegado.
Siempre fue ella, la muerte tramposa, disfrazada de ángel y lo es, un ángel diabólico. Me resisto a que me tome entre sus brazos y peleo contra ella, contra él. Peleo con todo, golpeo sacando fuerzas de mi soberbia, de mi avaricia, de mi prepotencia de lo que soy; peleo sin que ella se inmute de mis golpes, permanece ahí apacible, inerte, sin reflejo. Es entonces que me resigno y acepto lo que tiene preparado para mí.







Lourdes Bustillos es ingeniera industrial por el Tecnológico de Chihuahua, desde muy joven ha trabajado en dos empresas globales y además se dedica a escribir. En 2018 publicó su primera novela, Inminente, publicada en la Editorial Martha Retana.

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