domingo, 7 de junio de 2026

La multitud y su sombra


 Diseño gráfico: Marco Benavides

La multitud y su sombra

 

Por Marco Benavides

 

Hay una imagen recurrente en la iconografía del siglo XX que conviene recuperar antes de hablar de cifras: la de la hormiga. En incontables caricaturas, documentales y ensayos de divulgación, la especie humana ha sido representada como una colonia insaciable que se multiplica y que consume cualquier superficie que ocupa. La imagen es eficaz, pero a la vez tramposa. Porque la hormiga no elige dónde construye su montículo, no delibera sobre el futuro del suelo, no ha escrito una constitución. Nosotros sí.

La sobrepoblación no es un fenómeno que se explique simplemente con el conteo de personas. Es, antes que nada, una relación: la que existe entre el número de pobladores en un territorio y la capacidad que ese territorio tiene para sostenerlas con dignidad. Esta distinción determina si estamos hablando de un problema de cantidad o de distribución; de biología o de política; de destino o de decisión.

Los organismos internacionales coinciden en que la población mundial sigue creciendo, aunque a un ritmo más lento que en las décadas de la posguerra. Según las proyecciones más recientes de Naciones Unidas, el planeta alcanzó alrededor de 8.2 mil millones de habitantes en 2024, y podría rozar un máximo de 10.3 mil millones hacia mediados de la década de 2080. Lo que ha cambiado no es solo la velocidad del crecimiento, sino su geografía. Hoy el aumento más pronunciado ocurre en regiones del África subsahariana y en partes de Asia meridional, mientras que Europa, Japón y una franja creciente de América Latina enfrentan el problema inverso: el envejecimiento acelerado de sus poblaciones y la contracción de la natalidad.

Pero el dato más significativo no es el crecimiento rural o el nacional: es la urbanización. Cerca del 57% de la población mundial vive en áreas urbanas, una proporción que no deja de crecer. Megalópolis como Ciudad de México, São Paulo, Lagos, Karachi o Dhaka concentran millones de personas que llegaron buscando lo que el campo no podía ofrecerles: empleo, escuela, hospital, futuro. Lo que encontraron con frecuencia fue una ciudad que tampoco estaba preparada para recibirlas.

Desde una perspectiva ecológica, el crecimiento poblacional ejerce una presión creciente sobre los sistemas naturales. No es solo que más personas necesiten más agua, más tierra cultivable, más energía: es que el modelo de consumo dominante multiplica ese impacto. Para ponerlo en una escala concreta: en los datos recientes del Banco Mundial, las emisiones per cápita de dióxido de carbono rondan las 14 toneladas anuales en Estados Unidos, frente a apenas 0.3 en Burkina Faso. La pregunta no es cuántos somos, sino cómo vivimos y, sobre todo, quién decidió que esa es la única forma de vivir bien.

Desde la perspectiva social, la sobrepoblación revela y agrava las desigualdades existentes. El hacinamiento urbano, los asentamientos informales y la saturación de los servicios de salud no son consecuencias inevitables del crecimiento: son consecuencias de un crecimiento mal gestionado. Hablar de sobrepoblación sin hablar de desigualdad es hablar de los síntomas sin tocar a la enfermedad.

Parece haber una incomodidad que atraviesa cualquier discusión honesta sobre la sobrepoblación: la sospecha de que, detrás de ciertas alarmas demográficas, late un pensamiento que no se atreve a nombrarse. La historia del siglo XX está llena de políticas de control poblacional que, bajo el lenguaje neutro de la planificación familiar, escondían lógicas eugenésicas o coloniales: el fascismo europeo de los años treinta, esterilizaciones forzadas en India durante los setenta, políticas coercitivas en China, campañas de anticoncepción dirigidas selectivamente a comunidades pobres o indígenas en América Latina. Este pasado no anula la legitimidad de hablar sobre demografía, pero obliga a hacerlo con más conciencia de quién habla y a quiénes se señala cuando se dice que somos demasiados.

Los análisis más rigurosos coinciden en que la transición demográfica ocurre de manera casi natural cuando se garantizan ciertas condiciones: acceso universal a la educación, atención médica de calidad y seguridad económica básica. No se necesitan campañas coercitivas. Se necesita justicia.

Mientras algunas regiones deberán generar millones de empleos, escuelas y viviendas para una población joven en expansión, otras tendrán que repensar sus sistemas de pensiones y sus modelos de cuidado para adaptarse a poblaciones cada vez más envejecidas. No existe una solución universal porque no existe un problema universal: existe una constelación de desafíos locales que comparten ciertas lógicas globales.

Las respuestas no pueden reducirse a la aritmética de la reducción. Se trata de construir sociedades capaces de sostener a las personas que ya existen, de distribuir los recursos con más equidad, de planificar las ciudades con más inteligencia y de consumir con responsabilidad. El debate sobre la sobrepoblación es, en el fondo, un debate sobre el tipo de civilización que queremos ser.

La imagen de la hormiga, con la que comenzamos, tiene una virtud a la que quizá no le hacemos suficiente justicia: la hormiga construye. No destruye por placer ni acumula más de lo que puede cargar. Su colectividad tiene una lógica que nosotros, con toda nuestra inteligencia y toda nuestra historia, aún no hemos logrado replicar a escala. Tal vez el problema no es que seamos demasiados. Tal vez el problema consiste en que todavía no hemos aprendido a ser, todos juntos, los suficientes.

 

Dr. Marco Benavides, 7 junio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

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