Extrañas derivas
Por Guadalupe Ángeles
Leer también puede ser como tomar al toro de
la realidad por los cuernos y arriesgarnos a ser destrozados, aunque luego, si
bien nos va, reconstruidos por la voluntad de perdurar que nos hace seguir
existiendo y no solo para la nada.
Con toda la mala leche del mundo habrá quien diga que hay demasiados
escritores en el mundo. Estoy en contra de esa afirmación, los escritores no
sobran, al contrario, el escritor Argentino César Aira en su ensayo Sobre el
arte contemporáneo se extiende a este respecto de manera brillante, inicia
mencionando la importancia inconmensurable de la obra de Duchamp y sus formas
de hacer Arte. Así mismo Aira realizó una extrapolación del concepto de
economía conocido como Ley de rendimientos decrecientes, al área de la Física
(aquí la cita textual): “El fenómeno en cuestión es el siguiente: Ley de los
Rendimientos Decrecientes, de la que he escrito más de una vez. Me cito: Si
tenemos un resorte metálico de un metro de extensión con una punta apoyada en
el suelo, con una pesa de un kilo puesta en la otra punta el resorte baja
noventa centímetros, y queda midiendo apenas diez centímetros de alto. Para
hacerlo bajar más, se necesita una pesa de cien kilos, que lo hará descender
nueve centímetros. Para hacerlo bajar todavía una fracción más de ese
centímetro restante, se necesitaría una pesa de varias toneladas…”
Si Duchamp funge como el resorte metálico en cuestión, ello explicaría
por qué actualmente, escribir bien o mal (haciendo a un lado quién y por qué
haga esta valoración) deja de tener sentido en el área de la literatura, pero
esto, Aira lo dice mejor: “Todo debe estar permitido para que lo que surja de
ese todo tenga el valor liberador que deberíamos reclamarle al arte.”
Este ensayo se encuentra libremente en Internet, para mí fue
prácticamente imposible no desear reproducir todo el texto, pero me privaré de
ello para que el lector lo disfrute a plenitud.
Ya sea que se esté de acuerdo o no con las afirmaciones del escritor
argentino, espero haber sembrado la semilla de la curiosidad en el lector de
estas líneas.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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