En la paz de Dios
Por Carlos Gallegos
Un nicho
aparte
en las alturas
de la memoria
colectiva
en páginas de
oro
de la historia
así debe
venerarse
así debemos
venerar
la memoria
de las mujeres
de las doñas
mujeres
que llegaron
garbosas
dilectas
y dispuestas
en los años
primigenios
de Delicias
cuando no
había nada
cuando ellas
traían todo
todo el brío
de su valor
invencible
no para
vencer
aquella tierra
de sol y llano
aquel erial
solitario
no para
vencerlo
solo para
convivir
con él
para aprender
a convivir
con su sol
abrasador
con su aire
que les
nublaba los ojos
que les
golpeaba
los chamorros
con piedritas
filosas
con aquel sol
que les
quemaba
el cutis
delicado
ajeno al
protector solar
de hoy
con aquel frío
que helaba
el alma de sus
hombres
y a ellas les
templaba
el espíritu
llegaron a convivir
con el calor
de mayo
que a los
hombres
les derretía
el ánimo
y a ellas
les nutría el
alma
para
levantarse al alba
a cocinarles
en lumbre
de mezquite
el lonche
magro
para salieran
de sus posadas
de tierra y
sueños
a irse a
enfrentar
el surco de
cada día
en la labor
agrícola
que esperaba
la caricia de
su azadón
para frutar
y aderezar su
mesa
no eran seres
mitológicos
como las
mujeres
de Odiseo
eran mujeres
de rebozo
negro
o sombrero de
palma
con toquilla
adornada
de hilazas de
colores
eran como
fueron las
Ortega
las Alcántar
que llegaron
de La Cruz
de Corraleño
de Juárez
en carromatos
uncidos
a mulas
matreras
eran como
la mujer
de Pedro Matar
que vino
de Monterrey
y que al
bajarse
del tren no
vio
nada
porque no
había nada
eran como
Catita
y Victoria
Villalobos
que procedían
de El Terrero
allá en el
hermoso Balleza
como María del
Carmen
y Rosaura
Chavarría Valdez
que dejaron la
comodidad
de las
oficinas de Correos
y Telégrafos
de Rosales
las que
dirigían
con diligencia
para venir a
vivir
a Pueblo Nuevo
como le decían
entonces a Delicias
como Mariana
Valle
nativa de San
Pedro de las Colonias
que llegó a
integrarse al coro
de la iglesia
metodista
El Divino
Salvador
eran como
tantas y tantas
que hoy son
abuelas
o que reposan
en la
melancolía de la ausencia
en la paz de
Dios
luego de
cumplir la tarea
de fundar un
pueblo
que hoy ama su
memoria
Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

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