jueves, 6 de agosto de 2026

Moderadamente radical


 

Moderadamente radical

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Hacer una obra de arte con estas ruinas de lo que soñé fuera la gran felicidad. Así reza el programa supuestamente lúcido que me guía. ¿Creer en la autenticidad viene a cuento? Tomando por auténtico aquello considerado esencialmente humano, y que, con mucha frecuencia, o bien da miedo o flojera.

      ¿Se puede medir el impulso de acercarnos a eso? Anhelo, confieso, crear un surrealismo de uso personalísimo. Sí, hacer de esos actos cotidianos, como permanecer bajo la regadera mucho más tiempo del aceptable, una defensa de lo humano.

      Por aquí vamos al camino que tú, paciente lector, ya adivinas: Ninguna IA podrá nunca hacer eso, ni tampoco desearlo.

      No seré alumna aventajada de ninguna escuela artística con estas excentricidades, aunque ame el agua, aunque ame la soledad (condición absolutamente necesaria para esta especie de parafilia inconexa).

      Pero vamos, no quiero crear ningún canon para nada, quizá solo deseo hacer correr el río del tiempo a mi favor, para constituirme, nada menos, pero tampoco nada más, mi yo, en mí, como el gran mar de la nada que solo es la suma de las nadas pequeñas que forman mi vida.

      Habrá quien vea en esto una búsqueda de sentido a lo que no lo tiene (vivir), no seré yo quien se lo reproche, pues tengo bien sabida (por haberla paladeado más de una vez) la desesperación inherente a experimentar los amaneceres, no como regalos, sino como su contraparte.

      Sabemos el principio porque nos lo han contado, hay fotografías que dan fe del cambio ocurrido en nuestros cuerpos a lo largo de los años, lo cual, desde cierta perspectiva surrealista parece más que un progreso, un engaño; sin embargo, también al transcurrir del tiempo comprendemos que todo es azar, y en esas aguas azarosas ningún hecho puede ser tildado de injusto.

      De modo entonces que, sin lastimar a nadie, procuro habitar los cientos de nadas (otros dirán horas) bebiendo humildemente mi te de canela con manzanilla y guardando para mí secretos inofensivos, pues “toda vida es un secreto” que solo será revelado cuando la mano de la muerte venga y toque mi corazón, el tuyo ¿el nuestro? Ello será en un lenguaje intraducible a comprensión humana.

      Eso quizá, o tal vez no.

      Surrealismos aparte, trato de adivinar la temperatura de la mano de la muerte, solo como ejercicio de imaginación.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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