viernes, 22 de junio de 2018

Luis Nava Moreno. No diré lo que el viento

Al centro de la foto Luis Nava de sueter azul, José Agustín 
con saco negro, Enrique Macín con saco café y 
Dolores Gómez Antillón, de blusa niegra.

No diré lo que el viento



Por Luis Nava Moreno



No diré
lo que el viento divulga
en el desierto,
aquello que hierve entre la arena
cargada de sol
y de sollozos.
Ese violento aullar del aire
en soledad
desdibuja la cordura del lenguaje
y tuerce la visión.
Un torbellino
de recuerdos se agita turbulento
en mi garganta.
La ventisca me roba el aire,
apenas puedo aliviar mi ahogo,
mi locura…
Cierro los ojos,
ciego mis oídos,
ciego mi voz…
En el frío y el silencio de la noche
tal vez está el oasis.










Luis Nava Moreno estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua e hizo una maestría en novela en la Universidad Veracruzana. En los años setentas fundó junto con Silvano Flores la revista literaria Metamorfosis que aún se publica en la Facultad de Filosofía y Letras. En 1980 fundó y dirigió Tragaluz, aventuras y resonancias dominicales. Ha ejercido los oficios de profesor, escritor, periodista, productor de videos; fue director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor del libro de poemas Tensión de lo finito. En 2017 la Editorial UACH publicó una magnífica segunda edición de este libro, bilingüe, corregida y aumentada.

jueves, 21 de junio de 2018

Hildeberto Villegas Méndez. Catuli. Texto del poeta de Verona Cayo Valerio Catulo

Catuli. Texto del poeta de Verona Cayo Valerio Catulo


Versión al español: Hildeberto Villegas Méndez


Gaii Valerii Catuli, carmen VII

Quaeris, quot mihi basiationes
tuae, Lesbia, sint satis superque.
Quam Magnus numerus Libyss ae harenae
lasarpiciferis jacet Cyrenis
oraclum Iovis inter aestuosi
et Battiveteris sacrum sepulcrum
aut Quam sidera multa, cum tacetnox,
furtivos hominum vident amores:
tam te basia multa basiare
vesano satis etsuper Catullo est,
quae necper numera recuriosi
possint nec mala fascinare lingua.



Poema VII de Gayo Valerio Catulo

Me preguntas, Lesbia, cuántos besos tuyos
serían suficientes para mí.
En cantidad tan grande como las arenas de Libia
que se extienden por Cirene, rica en laserpicio,
entre el oráculo del ardiente Júpiter
y el sepulcro sagrado del antiguo rey Bato.
O como  tantas estrellas que ven, en el silencio de la noche,
los furtivos amores de los hombres.
Le bastaría al loco de Catulo
Que tú le dieras tantos besos
que ni los curiosos pudieran contar
ni hacerles mal de ojo con su malvada lengua.






Hildeberto Villegas Méndez. Fue maestro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, titular de las cátedras de español, latín y gramática histórica de la lengua castellana. Federico Ferro Gay y él tradujeron el libro De vulgari eloquentia, de Dante, cuya tercera edición salió en 2013. Fue productor de programas culturales de Radio Universidad. Murió en 2017.

miércoles, 20 de junio de 2018

Martha Retana. Realidad. Virtualidad



Realidad. Virtualidad

Por Martha Retana

Las letras se me juntan en el pecho, comienzan a despegar una por una y encuentran un espacio acogedor en mi garganta generando un nudo incontrolable. Las ideas palpitan en mi mente como una torrencial tormenta.
–No encuentro cómo iniciar, lo tengo en la punta de mi lengua. ¿Acaso está en la punta de mi lengua o en mi corazón apechugado?
Tantos recuerdos, pero tantos sueños.
–Tu dolor es el mío, sufro por ti, sufro, estoy enojada, no deseo que ninguna madre pase por este dolor, alguien debe hacer algo, no te quiero perder, o ya te perdí sin darme cuenta.
Como un golpe en la frente o un puñal en el centro del corazón, sueños y esperanzas se sumergen ipso facto en un mundo oscuro, un abismo interminable… tomo con mis manos desesperadas y torpes cruces, oraciones y sueños pasados; toda la vida empieza a desaparecer, las voces lejanas, las luces apagadas, el sol torturante, las noches en vela.
No hay ayuda emergente, porque ni siquiera sé qué pedir, las escasas voces que emiten pequeños lamentos que nadie escucha, pero no puedo gritar, el pensamiento de muerte me asfixia. Olor a sangre y desesperación inunda el hogar que con tanto amor construí, hoy nada importa, nada vale, solo volver a ver la sonrisa en mi hijo; quisiera que fuera como ayer cuando cantábamos en el auto en el tráfico en hora pico, un carro de locos, de felicidad.
Al igual que la mía ha sido la expresión del dolor de tantas madres al ver que los hijos se escurren de las manos como flujo de aceite.
115 suicidios en lo que va del año en el estado de Chihuahua; masacres de jóvenes en escuelas. Escucho juegos al natural sobre matanzas en niños entre 8 y 12 años. Esta semana una nota periodística en primera plana cubre el desalojo de una familia que sufre el abandono de un padre, la fotografía muestra la triste mirada de un niño de unos siete años recargando su dolor contra la pared de la que fuera su casa, y los otros, esos 7 pequeños extraños, hermanos, jugando con lo poco que queda de sus sueños.
Y las muchas notas de asesinatos entre bandas que abundan en nuestra localidad. Enfermeras y niños desaparecidos. Estas las notas actuales, –qué lindo nuestro mundo tan lleno de color, rojo. Lo más lindo de todo eso son las promesas de campaña, –discúlpenme pero no estaba ningún político evitando ese sufrimiento, no lo vi por ningún lado, quizá estaba tomando la foto panorámica.
En la fotografía, una mujer con pierna y brazos cruzados, en pose de negación o de imposibilidad, el dolor de madre el que habla, y de un niño pensativo refugiándose en sí mismo, recargándose en la pared, –podría ayudar a mamá a disminuir la carga, –no hablaré, seré invisible, evitaré dolor.
La falta de empleo, inseguridad, entre muchas otras derrotas, cosecho de la inhumanidad, según la RAE lo define como, crueldad, barbarie, falta de humanidad.
En dónde comienza este ciclo interminable de inhumanidad. ¿Desde cuándo somos simples espectadores del dolor ajeno? Un factor que agobia al sector social con sus peticiones de empleo y otros que gozan de fortunas y ambiciones inagotables, dejando a un lado la hermandad, encerrando a sus amistades y familiares; otros enfocándose solo a una carrera política.
–Todo cae por su propio peso.
Esto requiere un análisis profundo y la intervención de muchos actores sociales, pero cada quién habla como le va en la feria. Historias así las veo todos los días, para mí son visibles aún, las he padecido, la vivo en una lucha constante, no seré la única.
Por tantas demandas veo que nos hemos refugiado en mundos paralelos, como si fueran dimensiones, una vida alterna que satisfaga las carencias emocionales de la vida real en una vida virtual, falta de solución, de capacidad u oportunidad.
Ha sido tan sencillo suplir el cariño con tecnología, –quizá soy dura al decir suplir, ya que en ocasiones ayuda a entretener a los hijos mientras hacemos las tareas que consideramos más importantes:
–Porque si no lo hago, no comen.
Con ello postergamos un abrazo, evitamos jugar con los hijos y creamos una barrera emocional, sin percatarnos se nos hace tan normal decir:
–Mijito, ándele juegue en su cel mientras hago la comida y le mando un whats a mi jefe; ambas acciones al mismo tiempo, tipo malabarista.
–No puedes salir a esta hora, te pueden robar, ¿no has visto a todas las enfermeras que están desaparecidas?, mejor pon el Netflix, la serie que tanto te gusta, esa donde la chica se mata y la madre investiga como loca.
Veo esto:
–Yo el emoticón más absurdo, colorido y estúpido del mundo seré tu mejor amigo, y pudiera ser tajante y preguntar:
– ¿Tú podrías cuidarme si vuelvo a caer en un hospital, te desvelarás conmigo y si tropiezo mi mano sostendrá la tuya, soplarías tan fuerte para poder volar muy alto a modo tal que eleve  mis brazos para llevarte en mi vuelo?
Una palomita azul:
– ¡Ya vio mi mensaje!, estoy tan feliz, ahora sé que le importo…, si no fuera así me dejaría en visto o me bloquearía.
El corazón acelerado, es significado de una conducta premeditada.
–Mamá te amo con toda mi alma, feliz día de las madres. Su madre ni sabe usar un dispositivo.
–Ojalá hubiéramos sido los mejores amigos, pero te fuiste antes que yo carnal, –¿los mensajes llegarán al cielo o al infierno? A veces me convencen de que los muertos tienen facebook.
No sé si Charles Babbage o Konrad Zuse se imaginaban el impacto que tendría la computadora. Me imagino al británico Tim Berners-Lee, en Suiza, sentado cómodamente en una silla de oficina a medio tapiz, con una playera desgastada y su mirada perdida en un procesador antiestético lleno de tarjetas verdes con cables de colores cruzados saliendo de un puerto; todo para cumplir un sueño, la invención de la World Wide Web era unir al mundo, que se generaran grandes ideas, que la humanidad se conectara en un plano y se hicieran cosas maravillosas.
En un artículo publicado en la BBC por el 29 aniversario de esta invención, no estaba tan optimista Berners: "Al principio, sentí que lo mejor que los gigantes de internet podían hacer era ser neutrales, ser simplemente plataformas", cree que las redes sociales deben replantearse cómo mejorar, y dice que tal vez la respuesta esté en modificar su sistema para premiar comportamientos constructivos, y no a la inversa.
No todo es negativo, claro es, ya me han de odiar, efectivamente se han creado cosas maravillosas, el tema en cuestión es la educación en el uso de las tecnologías y su impacto, hasta dónde afecta emocionalmente, hasta dónde ayuda y su concientización en nuestra sociedad, ahora ¿qué hacemos? ¿Cómo nos educamos como padres, maestros… sociedad?






Martha Retana es psicóloga; además de ejercer su profesión ha sido profesora en su materia y editora. Actualmente trabaja en el departamento de comunicaciones de la Universidad Pedagógica Nacional y realiza trabajo artístico de pintora y fotógrafa. Escribe una columna semanal en El Heraldo de Chihuahua.

martes, 19 de junio de 2018

Federico Corral Vallejo. Caramelos en el escote o Para empezar a escribir de Gabriel Borunda

Tintanueva
Caramelos en el escote o Para empezar a escribir
de Gabriel Borunda


Por Federico Corral Vallejo


Caramelos en escote, obra de Gabriel Borunda se hizo acreedora al Premio para obra publicada Tintanueva 2016 en el género de la narrativa porque sin duda es una obra clave dentro de lo publicado en vida del maestro; la cual conlleva páginas adentro 23 narraciones que dan fe de los hechos que de manera directa o indirecta permitieron al autor recrear su croquis de vida y su esplendor literario, cada una de ellas forman parte del rompecabezas que la pluma y el intelecto de Borunda legaron a la comunidad literaria del estado grande, o mejor dicho, herencia de Chihuahua para el mundo.
Caramelos en el escote es un crucigrama de ideas y espacios que enfrentan al posible lector con sus fantasmas, con sus recuerdos y por qué no con su futuro inmediato. De ahí que recurra una vez más a las palabras de Octavio Paz, quien decía que: “Todo libro (…) es en el fondo un diario…” en el cual las cicatrices del alma se escriben con una goma de borrar indeleble. Sobre todo cuando el pasado ha borrado evidencias, marcas y registros. Aún y cuando el arte per se nos invita a salvar el mundo (en este caso la literatura). Tal vez por ello hacen fila india narraciones como: Para empezar a escribir, Vida y lectura de la niñez y adolescencia, Los olores del amor, El abuelo, Pero el divorcio, porque es pecado no te lo doy, Los fantasmas del cine Estrella, No hallarás un recuerdo de mí… etcétera, etcétera… pues en estas narraciones, incluso en las no citadas traen una fuerte carga de pasión y entrega del quehacer literario de Gabriel Borunda.
Esta nueva edición de Caramelos en el escote parte de la primera que se editó bajo el título Para empezar a escribir, publicado por Raúl Manríquez Moreno bajo el sello cuauhtemense Aster Editorial, allá por el 2008. Hoy por hoy, justo a una década del atinado ojo de Aster Editorial, es que podemos leer de nuevo esta obra bajo un título distinto, con el cual podemos acercar a las nuevas generaciones de lectores a reconocerse en la narrativa borundiana.
Este cúmulo de textos nos ofrece un recuento de letras donde la literatura tiende a ser catártica, magia que engendra párrafos en el vientre de la página en blanco; ahí justo donde Jostein Garder acota que: “Un cuento, o una narración, siempre adquiere los colores que le otorgan el narrador y el ámbito donde se cuentan, cuyo esplendor es el detonante que atrapa al lector”. Este esplendor lo tiene no solo a bien saber sino dominado la pluma, el intelecto y la sensibilidad de Gabriel Borunda, cuyo numen está poblado de un universo surtidor de imágenes alegóricas. Por ejemplo, en la narración de “El Olvido” (cito):

…Todo lo presente y lo futuro se va quedando en lo imposible, resuelto en el dolor, en la angustia de las caricias que nunca dimos, pero que pretendemos que fueron las mejores de nuestra vida y por tanto, ninguna será parecida…

Aquí, desde mi perspectiva crítica, el color es la nostalgia, el ámbito el recuerdo, y el esplendor el tiempo disfrazado de olvido, amén del contexto literario que posee la narración como tal.
Si habría que clasificar a Caramelos en el escote en una colorimetría literaria, diría que pertenece a una roji-dorada; donde el oro de los textos desemboca en una inmediata comunión por demás humana, así como esa brillantez luminosa e intensa que nos eslabona a la pasión con que fueron creados, donde la inspiración misma inhala y exhala a tal ritmo y cadencia que hacen de esta obra una extensión del cuerpo y la memoria, (cito):

…Doña Patricia decidió serle infiel al infiel para lavar el pecado de su marido y así evitar su condenación. Tal determinación fue producto del consejo de su confesor, el cual le deslizó la insinuación pensando en que su feligresa, a pesar de sus cuarenta y ocho años, aún estaba de muy buen ver…

Estas dos citas son tan solo breves destellos de la capacidad literaria de Gabriel Borunda contenida en este nuevo pero viejo volumen de narrativa. Tengamos presente que la literatura es una actividad natural de los seres humanos, aunque pase desapercibida para la mayoría de ellos; es el sustento de la naturaleza, pues todo cuanto nos rodea en su espíritu reposa; tal vez por ello, es que se niega a morir. Si hacemos memoria nos daremos cuenta de que la narrativa se encuentra en toda la historia y existe porque sí, por la vida y por la muerte, por el día y por la noche, por todo y por nada, por el simple hecho de ser piedra angular en la creación y tratar por un lado, de llegar a ser al fin una palabra… y por otro, un accidente del lenguaje, hecho vivencia de reales sucesos.
Esto y más, es Caramelos en el escote, 23 universos paralelos donde la intensidad de los mismos agigantan la emoción y la noción narrativa, donde la tensión de cada historia nos lleva de manera inmediata al sorprendente manejo del lenguaje.
Finiquito evocando por un lado a Horacio Quiroga: “Quien nace escritor, nace con la obligación de poner su don al servicio de la sociedad y su única posibilidad es la creación, desde la seriedad de forma natural y contante”… –al decir contante me ligo–, por otro lado, a la visión de Juan Boch para quien: “…cuento quiere decir llevar la cuenta de un hecho, tener precisión y contundencia sobre el suceso narrado…” sentencia que Gabriel Borunda tenía por demás aprendida y nos lo demuestra en cada una de sus historias aquí recopiladas, (cito):

–La etapa del placer por lo dulce ¿a qué edad se manifiesta? –pregunta Raúl mientras Susana toma asiento a su lado.
     El maestro miró los senos de caramelo, los caramelos de senos, los caramelos tras los botones, los botones saltando, los caramelos tras el brassiere. La boca se llenó de agua, la saliva pugnaba por impregnar los caramelos, pero salía mal contenida y caliente por el glande.

Como podemos ver, escribir cuentos o narraciones es una tarea seria, además de hermosa y comprometida, que tiene el premio en su propia realización.
Esté donde esté el maestro Gabriel Borunda Olivas, debe estar muy alegre por ver de nuevo estas sus letras trascender el tiempo. Gracias Amelia Valdez viuda de Borunda, Aideé Borunda Encerrado y Raúl Manríquez Moreno por permitirme compartir este espacio en torno a esta celebración de Caramelos en el escote o Para empezar a escribir. Enhorabuena por una literatura chihuahuense que nutre y salva.






FEDERICO CORRAL VALLEJO. Nació en Hidalgo del Parral Chihuahua, 1969. Poeta, ensayista, crítico y editor. Tiene publicadas entre otras obras de poesía: Disfrazado de dolor, 1992. Covacha sin fe, 1998. Vomitar mi muerte, 2000. Sin fecha de caducidad, 2004. En busca de un somnífero, 2005. De plumas y huesos, 2011. Puntos Cardinales, 2012 y Desprovisto de equipaje, 2013. En el género de ensayo: Retrato hablado: Ensayo sobre la obra literaria de Alicia Acosta, 2003. José Muñoz Cota: Biografía de un relámpago, 2007. La Metáfora Subrayada, 2009. Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre, 2012. Un plaquette de cuentos: Mujer de humo, 2000, un libro de canciones: A capella 440, 2013 y la novela: Cartografía de una casa, 2016. Entre otros reconocimientos posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de Ensayo Principios de Sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río Qro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha, donde organiza los premios Nacionales de Poesía y Cuento, con XX y XIII emisiones consecutivas; además de llevar a cabo el Festival Latinoamericano de Poesía: “Ser al fin una palabra...” con XII emisiones. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico y México.