domingo, 26 de enero de 2025

Invisible al rumor del viento tu recuerdo se acomoda en la ventana

Invisible al rumor del viento tu recuerdo se acomoda en la ventana

 

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

 

Invisible al rumor del viento

tu recuerdo se acomoda en la ventana

y deja deslizar mi pluma leve

al suspiro pensativo de la tarde.

 

Ante mi mente pasas

con mirada de abismo

lasca de soledad o herida ciega

huyendo de mis pasos al orto.

 

Bajo un suspiro circula un cielo de palomas

que se estrellan en mi pecho enfebrecido.

 

Me planto en el crucero de todos los caminos

haciendo signos

escuchando al viento que me trae

tu nombre

como canto de gorrión.

 

Y mi verdad se mueve a ciegas

sin dueño

anda y desanda la llanura

en busca de un cielo claro y justo.

 

Me ha quedado una espina en la garganta

y resuena su lampo adormecido

en todo lo que digo

y lo que callo.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

viernes, 24 de enero de 2025

Carta a Lovecraft

 

Los viernes, Elko

Carta a Lovecraft

 

Por Elko Omar Vázquez Erosa

 

Destinatario: H. P. Lovecraft. 598 Angell St. Providence, Rhode Island.

Remitente: Elko Omar Vázquez Erosa. Chihuahua, México.

Mi querido Howard:

Mis manos tiemblan de horror ya que la casa se ha llenado de presencias ominosas que provienen de una realidad putrescente, extraviada en los mares de la locura, más allá de los sueños de Cotton Mather y del lago de Hali.

Si bien me advertiste que no dejara abiertos los portales demasiado tiempo a fin de evitar que Esos que no se deben nombrar se volvieran más fuertes, el ansia de impíos conocimientos pudo más que tus consejos y mi prudencia.

Cuando pronuncié las palabras (que ya eran viejas cuando la Atlántida fue devorada por la furia de Los Antiguos) dibujé el signo de Koth a la mórbida luz de una vela negra cuyos horrendos ingredientes es mejor omitir, no sea que este saber caiga en manos más torpes que las mías y Aquellos que acechan desde el abismo cobren sustancia.

Lo cierto es que las paredes y la realidad se volvieron acuosas y pude vislumbrar los espacios indescriptibles, donde los dioses dementes bailan al son de una música idiota y perversa.

Por fortuna encontré una fórmula de Al Hazred que me permitió contener el vacío en el baño de la segunda planta de mi casa, mismo que se encuentra clausurado con el pretexto de un desperfecto de plomería; pero tiemblo al pensar que uno de estos días se agotará la paciencia de mi madre, abrirá la puerta y contemplará las formas atroces que bailan en la negrura infinita. ¡Por Dios! ¡Entonces sí se me va a armar!

Eres mi última esperanza. Confío que entre tus papeles encuentres una solución a esta fractura que he provocado en el continuum espacio temporal.

Tuyo:

Elko

P.D. Te mando unos chiles habaneros de la huerta familiar que espero sean de tu agrado.



Elko Omar Vázquez Erosa nació en 1974. Estudió ciencias de la información en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Fue reportero en El Heraldo de Chihuahua y en Televisa. Ha publicado novelas y libros de poemas, entre ellos El refugio y  Signos de agua. En una entrevista, le dijo a una hermosa periodista: “No he hecho nada importante con mi vida. Solo escribir poemas”. Es el director fundador de la revista Voluptuosidad es la palabra | Blog de literatura, humor y poesía.

jueves, 23 de enero de 2025

Había una vez un Sherlock chiquito

Rollos cortos

Había una vez un Sherlock chiquito

 

Por Luis Raúl Herrera Piñón

 

Y sí, había una vez un Sherlock chiquito, pero que estaba demasiado mayor. Pasado y presente de un personaje archireconocido, que ha dado la vuelta al mundo en incontables adaptaciones de cine, teatro, novelas, relatos, historietas, dibujos animados y series de televisión. Me refiero, desde luego, al inconfundible Sherlock Holmes, en esta ocasión abordado por Mitch Cullin en su novela Mr. Holmes, adaptada para el cine por Jeffrey Hatcher para que la dirigiese Bill Condon.

Pues resulta que este Mr. Holmes, filme producido por la BBC, estrenado en julio de 2015 en Estados Unidos, se ha quedo chiquito ante lo ambicioso de sus intenciones. Por querer abarcar mucho, apretó poco.

Para los cinéfilos, y especialmente para los admiradores de las pericias investigativas del personaje creado por el escritor escocés sir Arthur Conan Doyle, en 1887, este filme pudo haber sido mejor. Aunque, hay que decirlo, ante tanto cine malo que acecha las salas de cine, esta propuesta del Reino Unido es como un tuerto en tierra de ciegos.

Sin ser tan exigentes, es fácil constatar que en los aspectos técnicos Mr. Holmes es de buena factura. Tiene una hermosa fotografía que saca provecho de los paisajes bonitos. La iluminación no deja lugar a sombras, porque todo en la película es muy brillante, excepto su guion.

En tres espacios temporales distintos se desarrolla la acción del filme: El del punto de inicio en el año 1947 con un Sherlock de 93 años que no acepta su senilidad. Un pasado en que visitó Japón. Y la época en que trabajó en su último caso, antes de retirarse. Esos tres tiempos específicos daban para mucho más de lo que podemos ver en pantalla. Lamentablemente, como sucede en muchos casos con directores poco hábiles o distraídos, el engrudo se le hizo bolas o no dio pie con bola. Lo que pudo ser una obra maestra se quedó solamente en obra negra.

Hay demasiados detalles que se tocan solamente de pasada, y que de haber profundizado en ellos le hubiesen dado profundidad a la trama, como por ejemplo, la imagen que dio Watson de Sherlock en sus obras, cosa que al investigador le desagradaba.

Hay que ser justos, por eso menciono con gusto que lo mejor del filme es la actuación de Ian McKellen, quien hizo un esfuerzo bárbaro para estar a la altura de los mejores Sherlocks cinematográficos, cuestión harto difícil cuando en la lista hay fenómenos de la actuación como Basil Rathbone –héroe de catorce películas–, Peter Cushing, Robert Stephens, Ian Richardson, Christopher Plummer, Michael Caine y John Barrymore, entre otros.

Puedo estar equivocado y quizás estemos ante una obra maravillosa, llena de sensibilidad, capaz de abordar al personaje de la pipa y el sombrero de cazador de una manera nunca antes vista. Puede ser. Pero lo que sí es seguro es que Mr. Holmes merece ser vista, aunque solo sea porque tiene mejores actuaciones y diálogos más profundos que las típicas películas para ver mientras se comen palomitas de maíz.

 

Título original: Mr. Holmes. Dirección: David Frankel. País: Reino Unido. Año: 2015. Reparto: Ian McKellen, Laura Linney, Milo Parker, Hiroyuki Sanada, Hattie Morahan. Duración: 104 min. Dónde ver: Amazon Prime Video.

 


Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.

Denisse

 

Denisse

Un dibujo de Larissa C V

Volar

 

Volar

Dibujo de Violeta C V

miércoles, 22 de enero de 2025

Encanto silente

 

Encanto silente

 

Por Marco Benavides

 

La mañana de enero se despierta en un profundo silencio, como si el mundo entero hubiera acordado no hacer ruido, al menos por un instante. Es una quietud que envuelve todo, un murmullo de frío en el aire que llena el espacio, donde hasta el más leve sonido parece fuera de lugar. El cielo, de un azul pálido y cristalino, parece sostener el aliento. El día aún no se ha desplegado por completo, la luz del sol apenas se asoma, como si dudara en romper la quietud. La escarcha cubre la tierra en una capa delicada, como un velo gélido que suaviza el mundo y lo envuelve en frescura.

En este tipo de mañanas, la naturaleza parece detenerse en el tiempo, como si estuviera en medio de una meditación, escuchando solo su propio pulso. Cada árbol, cada hoja que aún se aferra a las ramas, se cubre con una ligera capa de hielo, reflejando la luz que se va colando desde el horizonte. El aire está cargado de un frescor inmaculado. El frío, lejos de ser un enemigo, se convierte en un compañero.

Caminar por las calles en la quietud de la mañana de enero es como adentrarse en un paisaje de otro tiempo, un lugar donde lo moderno se desvanece y lo eterno se vuelve tangible. Los edificios, que durante el resto del año se mezclan con el bullicio de la vida cotidiana, ahora parecen más lejanos, distantes, como si se fundieran con el frío, como si la capa de escarcha los hubiera convertido en seres distintos. En cada rincón se alza una pequeña formación de hielo, como una escultura minúscula hecha por las manos invisibles de la naturaleza, capturando la luz en su transparencia.

No hay prisa en este rincón del mundo; el paso del tiempo se vuelve lento, casi apacible. Las horas parecen moverse a otro ritmo, como si el frío las hubiera suavizado. Todo se reduce a la serenidad de la mañana: el aire frío que se respira con la suavidad de un susurro, el crujir de las hojas bajo los pasos, el suave sonido de los árboles meciéndose con un viento que no busca otra cosa que acariciar. En cada paso que se da, el suelo cruje, y es como si las huellas dejaran una marca fugaz, como si el momento fuera algo que se desvanece.

El sol se asoma lentamente, como una presencia tímida que, sin embargo, se siente poderosa en su resplandor. Sus rayos dorados tocan las copas de los árboles y los tejados de las casas, tiñendo de un naranja tenue las sombras que antes se cernían sobre el paisaje. La luz parece tamizada, más suave. No hay el mismo calor que en el verano, ni la intensidad cegadora de un mediodía de julio. El sol de enero se muestra contenido, comedido, como si quisiera dar solo lo necesario, sin prisa.

Los árboles, por su parte, parecen rendirse ante la quietud del frío. Aquellos que aún conservan las hojas las tienen endurecidas por el hielo, y sus ramas, despojadas en su mayoría, se alzan en una elegancia silenciosa, casi majestuosa. Cada uno de ellos es una escultura en sí mismo, un testimonio de la resistencia de la naturaleza frente al paso del tiempo. Es fascinante cómo el frío parece otorgarles una serenidad diferente. El viento, aunque presente, no grita, no arrastra las ramas con fuerza, sino que las acaricia con un toque sutil, casi respetuoso. En estos momentos, los árboles parecen ser testigos de algo más grande que ellos mismos: una estación que impone su ritmo, que nos invita a vivir a su compás.

El aire, claro y frío, se introduce en los pulmones como una caricia interna. Hay algo peculiar en la respiración en la mañana de enero: es más lenta, más consciente, como si el propio cuerpo se ajustara al ritmo del entorno. No es solo el aire el que se siente más fresco, sino que todo a su alrededor parece estar detenido en una pausa cargada de significado. El frío nos recuerda la fragilidad de la vida, su carácter efímero, pero también nos invita a una reflexión tranquila.

En la distancia, el sonido de algún automóvil o el lejano murmullo de una conversación parecen pertenecer a otro mundo. La gente se mueve de manera diferente en la mañana de enero: caminando más lentamente, envuelta en abrigos y bufandas, como si el frío hubiera reducido el mundo a lo esencial. Es un momento en el que la prisa queda atrás.

No es solo la quietud de la mañana lo que resulta fascinante, sino también la belleza que emerge de la simplicidad del invierno. El paisaje de enero es austero, rebosa de una elegancia natural. Cada rama desnuda, cada hoja caída, cada capa de escarcha sobre el césped tiene su propia belleza. Hay algo profundamente poético en la desnudez del invierno, algo que recuerda la fuerza de la naturaleza cuando se desprende de lo superfluo. La nieve, cuando llega a cubrir el suelo, es la última capa de un lienzo en blanco.

Hay algo esencial en la mañana de enero que no se puede explicar fácilmente. Tal vez sea la sensación de que el tiempo se ha detenido solo por un momento, de que el mundo ha pausado su constante movimiento para darnos un respiro. La luz que se filtra a través de las nubes grises, las huellas que dejamos en la nieve, los sonidos suaves de la naturaleza: todo parece encajar en armonía. En este momento, el invierno no es solo una estación del año, sino una sensación profunda que nos llega al alma, invitándonos a la reflexión, a la calma, y a la belleza que se esconde en los rincones más fríos del mundo.

 

21 enero 2025

 

https://tecnomednews.com/

drbenavides@medmultilingua.com

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

martes, 21 de enero de 2025

Breve tratado de los bosques

 

Breve tratado de los bosques

 

Por Guadalupe Ángeles

 

 I

Laberíntico incendio en la conciencia

          frente a mí la arboleda

su férrea tenacidad

no hay temor en mi deseo de ser tierra

          Madre tibia de raíces.

 

II

Anhelo el vértigo de las ramas rumbo al sol

          la sencillez del nido ajeno

                    a la inmensidad del vuelo

el frenesí de la danza arbórea en la tormenta

dulce verdor enamorado del rocío que bosteza

          desprendiéndose de elfos nocturnos.

 

III

El de mi infancia no fue un jardín japonés

          lírico y dulce como niebla

          despojado de abrumadores fantasmas

fue más bien una especie de selva

          en cuyo corazón pude haber muerto

aguas mansas no corrían bajo ese verde seductor

          y en arenas movedizas quiso hacer de mí su alimento.

 

No sabía que todo bosque

          no es sino un símbolo lleno de Dioses

                    necesitaba uno

           ¿era malo entonces alimentarlo?

 

IV

De niños soñamos con un vuelo

Acaso vértigo de

Insectos entre árboles

 

Y no era un deseo de ser tierra

sino el terror concreto de millares de patas de hormigas

descendiendo de mi cuello hasta los pies

¿el cálido abrazo de las raíces habría de salvarme?

¿el murmullo que de ellas emana haría de canción de cuna?

Como rama invernal temo la próxima tormenta

las canciones que se escancian en mi pecho al tacto del frío

 

¿Estaré de vuelta cuando dance el sol con la lluvia?,

¿se transformará el desasosiego en asombro ante el arco iris?

 

No de rocas y árboles inmensos fue el bosque de mi infancia

Fue como cuchilla de hielo ese viaje inesperado:

dialogo de piernas con pantano

mediodías de fascinación oscura:

Mi cabello entre ramas

¿ese tirón al tratar de correr era real?

Diluí el espanto en historias de amor

entre hojas y flores aéreas

Pues tenderme y ser cubierta de musgo

despojaría mis sentidos de argumentos

aunque en el corazón del vértigo ninguno es necesario.

 

¿Quería ser liquen, lodo tras la lluvia,

caracol entre tierra húmeda

techo coruscante, iridiscente lecho de hojas?

 

Deseaba olvidar el vértigo

El arañazo de la nada.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.