Antes/ 15
Calle Libertad
Archivo Raúl Herrera
Cisne
lodo, de Guadalupe García Bueras
Principio
de construcción del poema contemporáneo
Por Federico Corral Vallejo
Cisne lodo, de la autora sonorense Guadalupe García
Buera, ha sido acreedor al Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2025, en su
emisión XXVI, consecutivamente desde 1999.
Este
libro posee, entre otras características, nivel literario, originalidad, uso de
figuras retóricas propias de la poesía, así como indicios prácticos de la
teoría de los diferentes tipos del verso libre, que no es tan libre como se
supone, pues modifica
sustancialmente el principio de construcción del poema contemporáneo. Uno de
los extremos a los que se llega es la separación de las estructuras
tradicionales como el soneto, el romance o la décima, entre otros. No obstante,
hay puntos intermedios que motivan el diseño orto-tipográfico de los nuevos
textos, y que algunas de esas técnicas son punta de lanza para dar rienda
suelta a las vanguardias literarias en el universo de la literatura universal.
Por lo cual Cisne lodo está relacionado de manera íntima con un coloquio
de fondos retóricos, engalanados con distintas instancias metafóricas, mismas
que traen implícitas una mayor sensibilidad y una apertura a las nuevas formas
y cánones que rompen con la expresión conocida como tradicional.
Es así como en el plano del discurso retórico de Guadalupe
García Bueras, la poeta va estableciendo sus propias bases para que su
intención lírica, mediante el verso libre, se vea concretada de manera ya
visual, o explicita. Tales expectativas o líneas poéticas reconfiguran la
secuencia horizontal de la escritura tradicional e incursionan en nuevos
trazos, que rebasan el puro significado de las palabras, y a su vez producen
otros sentidos y significados por medio de la grafía de los textos. Eso puede
verse en los dos apartados que conforman el cuerpo de la obra referida
subtitulados: “Cerebro frío” y “Poéticas de la infancia”. En ambos apartados el
lector podrá leer y observar detenidamente cómo los poemas de García Bueras van
engrosando los ejemplos de las variantes del verso libre, dado que su
inspiración se amplia y diversifica debido a la necesidad evolutiva del arte y
su lenguaje.
Por tal motivo debo puntualizar las variantes más notables de
esta posible clasificación en la obra galardonada. Por un lado, podemos
apreciar el esplendor del versolibrismo, herencia del poeta chileno Vicente
Huidobro, quien nos legó la vanguardia del “Creacionismo estético”; y por otro
contemplar las variantes del mismo que van de la línea fluyente a la línea
dividida, pasando por la línea pespunte y la línea escalonada; sin descuidar
por supuesto, la línea vertical y la segmentación por bloques. Amén de la
poesía visual con que hace ajustes estéticos y relevantes en la poesía actual
contemporánea, misma que está en perpetua evolución y va en busca de nuevos
recursos y nuevas técnicas para embellecer y escenificar de manera
orto-tipográfica la profundidad de las emociones que buscar ser al fin una
palabra, un verso, un poema. Parte de lo que escribo el posible lector lo podrá
encontrar en algunas páginas como la 16 qué a continuación cito:
En mi última invasión
encontré el viento.
El polvo de los zapatos
r a
e m
m f r
o o
l
i s
n o
de cantáridas en mi garganta.
Hallazgos similares
encontraremos en las páginas 21 y 48, y algunas más, pues parte del discurso
poético de Cisne lodo recae en cierto énfasis que nos da a entender que
todo poema posee una significación, por muy críptica o metafórica que esta sea.
Que todo cuanto se escriba desde el fondo del alma obtendrá un reflejo en otros
ojos, o en otra piel. Tal vez en otro espacio o en otro idioma, porque no
olvidemos que toda metáfora es poesía y que la poesía es un espejo, en el cual
podremos reflejarnos. Pues como decía Borges: “Todos los poetas somos Homero y
escribimos el mismo libro eternamente”.
En el siguiente poema
“Poética de la infancia” Guadalupe García Bueras nos remonta a los años niños,
haciendo que nuestro pasado relampaguée en nuestro presente. Es aquí, en estos
versos de línea vertical donde se cumple la analogía de la poesía-espejo.
Poética de la
infancia
L d
a l
o í ñ
l
s a e
u
s j
e
o v
s e
n
y regentean
al presente…
Quien tenga la
oportunidad de leer Cisne lodo se dará cuenta de que el elogio de este
texto no es gratuito, sino ganado a pulso. Que cada letra impresa es garantía
de un crecimiento literario, reflejo no de una vida, sino de muchas vidas que
son plasmadas en los versos concebidos por García Bueras, quien transcribe no solo
su experiencia, sino también la de muchas mujeres que no tienen voz y ella las
presta suya, las eleva más allá del viento y el espacio, esparciendo el sonido
de todo lo que acontece en las esquinas de este mundo.
Para finalizar quiero dar eco a los textos de los jurados de
este premio:
1. Becky Rubinstein F:
Cisne lodo es un poemario que resalta por su buen inicio y su mejor
remate. El manejo de metáforas, diríamos arriesgadas, lo hacen único, amén del
amplio vocabulario y la multiplicación de sus neologismos.
2. Abdul S. Machi:
Cisne lodo es un texto de gran integración en el contenido del mismo, lo
que genera una continuidad tópica y rítmica, exponiendo además un nivel de
calidad constante a lo largo del libro. Resalto el uso acertado de figuras
retóricas relevantes y originales, además de un interesante uso de técnicas
caligráficas en varios de los versos.
3. María Merced Nájera
Migoni: Cisne lodo es una apuesta a la poética creacionista actual,
a lo casi invisible, donde numen, fondo y forma son una trenza de versos
profundos que nos acercan a lo audible inaudito que se enmarca en el universo
de un soliloquio intenso y por demás retórico literariamente.
A modo de finiquito,
cabe acotar que esta es la tercera ocasión que el Premio Nacional de Poesía
Tintanueva recae en Sonora y que autores de la talla de Carlos Montemayor, Juan
Bañuelas, Saúl Ibargoyen, Fabio Morabito, Eduardo Langagne, Silvia Pratt,
Ernesto García Núñez y Becky Rubinstein han sido jurados y avales del mismo.
Enhorabuena, Guadalupe García Bueras y bienvenido al mundo del papel y la tinta
a Cisne lodo.
García Bueras, Guadalupe:
Cisne lodo. Editorial Tintanueva, México, 2025.
Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.
La columna de Bety
No me gusta andar a la greña
Por Beatriz Aldana
Bueno, aquí voy. Y hago una
aclaración: Mis crónicas, mis recuerdos, las vivencias que cuento, jamás
contienen un dejo de victimización, simplemente que desde muy pequeña fui
observando el hecho de ser un tanto diferente en muchos aspectos.
Aquí iniciaré. Cuando era
una chiquilla como de unos seis añitos no lograba comprender el por qué era inconveniente
el ser güerita y blanca en una colonia o barrio de clase media baja, donde la
gran mayoría de mis vecinos y vecinitas eran más bien de cabello obscuro y tez
morena clara, por supuesto con algunas excepciones por ahí de quienes tengo un
muy agradable recuerdo, ellas son Lupita y Paty.
Pues bien, continuando con
ese llamémosle inconveniente, viene a mi memoria el continuado bullying, que
así no se le llamaba en aquellos aciagos años cincuenta y sesenta, fui una niña
un tanto huraña por los constantes ataques a mi apariencia física, a tal grado
que era jalado hasta casi arrancar de raíz mi hermosísimo cabello largo rubio. Eso
por dos vecinas más grandes que yo en ese tiempo, una apodada La Menona, hija
de un boxeador, y la otra apodada La Negra, que no recuerdo de quien era hija
pero ella vivía en la zona más feíta, calles abajo de la 27, creo era la 23, que
era la zona donde se juntaban las pandillas.
En fin, por causa de mi actitud
huraña y a la defensiva, daba el aspecto de ser una niña tímida y dejada. Por
esa razón supongo que era el abuso por parte de estas dos fulanitas.
Y recuerdo esto hoy, porque
este frío intenso me recuerda aquel tiempo en que era consolada y abrazada por
mi madre Jesusita, a quien yo le apreciaba lagrimitas en sus ojos al ver que
manaba sangre de la parte inferior, o sea por la nuca, de donde solían jalarme
el cabello. Entonces con todo el dolor y angustia notoria en el rostro de mi
mami, ella optó por tomar la decisión de cortar mi cabello al estilo Príncipe
Valiente (personaje de un cómic de aquellos tiempos), o sea cuadradito y con
flequillo.
De alguna manera esa
decisión rindió frutos, ya que no volví a padecer aquellos terribles jalones de
cabello.
Bueno, este recuerdo vino a
mí porque de alguna manera ha sido un estigma a lo largo de mi vida el ser un
tanto huraña con disfraz de timidez, cuando tengo que enfrentarme o convivir
con un número mayor de seis personas ya
sea por eventos, sea por restaurantes, sea por tiendas, por reuniones,
convenciones, todo eso.
Tal vez alguien note que me
cuesta mucho ocultar mi tremendo desasosiego, incomodidad, y no me cabe la
menor duda de que hay por ahí personas
que logran captar inteligentemente mi actitud. Eso lo pude observar
totalmente estas pasadas fiestas como se les llama ahora a la Navidad,
mi yo interno me lo dijo así (pues casi lo escuchaba en mi cabecita): Mira: Vamos
a festejar Navidad y post Navidad, y reuniones familiares, pero mucho
agradeceríamos no se lo hagas saber a Bety, porque no deseamos su presencia. No
está invitada. Se nota claramente que no encaja en nuestro ambiente, es una
persona que está físicamente, pero totalmente ausente y es muy notorio su deseo
de salir huyendo.
Sin duda alguna. Atribuyo
totalmente esa reacción porque, aunque me cueste admitirlo, yo le tengo miedo,
más bien horror a las reuniones y mucho más a las familiares o de ex compañeras
de escuela o de trabajo, porque siempre estoy como la convidada de piedra. Solo
se dirigen a mí para darme la bienvenida, y de ahí parale de contar. Parezco Gasparín,
por lo del fantasmita de los cuentos.
Indudablemente yo lo
atribuyo a todo aquello que me sucedió en la infancia, y que de alguna manera
lo transfiero a mi presencia, que en la actualidad es idéntica a la que tenía
cuando era esa chiquilla de seis o siete añitos, uso mi cabello largo muy
largo, rubio, y suelo vestir de una manera un tanto diferente al común en las
damas, pues rechazo totalmente vestir con coquetería, como sería con vestido,
medias, tacón alto, o faldas a la rodilla o un poco más cortas, jamás escotes o
brazos descubiertos, y algo más un tanto incongruente, nunca mi cabello rubio
suelto, siempre recogido en coleta o trenza, y cuando es pertinente, usando una
boina.
Creo que en mi interior, por
ahí en algún lugar recóndito, mi yo interno me dice: Los jalones de greñas fueron
porque te mirabas bonita, dulce y tierna y eso no era bienvenido en un barrio
donde predominaba la cultura del esfuerzo y la lucha diaria para sobrevivir de
la mejor manera posible. Y ahora, como mujer madura, y en plena calidad de
adulto mayor, sueles transmitir y dejar salir a esa niña que aún pervive en tu
interior, y que es incomprensible en un mundo donde la apariencia (y todo lo
que ellos signifique) es lo que más rifa.
Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.
El abismo de Europa: crónica de una guerra
total
Por Marco Benavides
Amaneció el primero de septiembre de 1939 con
el estruendo metálico de tanques alemanes penetrando la llanura polaca. Aquel
día, Europa no solo cruzó una frontera geográfica: atravesó el umbral hacia su
propio abismo. Lo que siguió fue un descenso vertiginoso hacia la barbarie absoluta,
un conflicto que devoró continentes enteros y cobró más de sesenta millones de
vidas. La Segunda Guerra Mundial no fue simplemente una sucesión de batallas:
fue la implosión violenta de un orden mundial que ya no podía sostenerse sobre
sus propias contradicciones.
Las semillas de esta catástrofe germinaron en
los escombros del Tratado de Versalles. Aquel acuerdo de paz no fue sino una
venganza disfrazada de diplomacia, un documento que humilló a Alemania sin
desarmar su resentimiento. La República de Weimar naufragó entre la
hiperinflación y el desempleo masivo, mientras en las cervecerías de Múnich un
cabo austriaco de bigote recortado prometía redención nacional. Adolf Hitler no
inventó el odio: simplemente supo leerlo en los ojos hambrientos de una nación
humillada y transformarlo en proyecto político.
El ascenso del fascismo italiano y el
militarismo japonés completaron la tríada sombría del Eje. Mussolini soñaba con
resucitar la gloria imperial de Roma; Japón, con un imperio asiático bajo su sol
naciente. Mientras tanto, las democracias occidentales eligieron el
apaciguamiento. Cuando Hitler anexó Austria y desmembró Checoslovaquia, Europa
miró hacia otro lado. Polonia fue el precio de tanta ceguera deliberada.
La maquinaria bélica alemana ejecutó con
precisión su “guerra relámpago”. Francia cayó en semanas y Europa fue ocupada
en seis meses. Pero en junio de 1941, Hitler cometió el error que Napoleón ya
había pagado: subestimó la vastedad rusa y la ferocidad de su invierno. El
frente oriental se transformó en un matadero sin fin. Stalingrado devoró
ejércitos enteros en su laberinto de ruinas. Allí, entre escombros humeantes y
cadáveres congelados, el Tercer Reich comenzó su lenta agonía.
Simultáneamente, el 7 de diciembre de 1941,
Japón despertó al gigante estadounidense con el ataque a Pearl Harbor. América
entró en guerra y con ella llegó el peso abrumador de su industria titánica. El
arsenal democrático inundó el mundo de acero y pólvora, inclinando
inexorablemente la balanza.
El Día D en Normandía, ese amanecer
sangriento de junio de 1944, abrió las puertas de la Europa ocupada. Berlín
ardió bajo los proyectiles soviéticos en mayo de 1945. Hitler se suicidó en su
búnker subterráneo, llevándose al abismo el sueño enfermo de un Reich
milenario. En el Pacífico, el horror alcanzó una dimensión inédita cuando dos
hongos atómicos se elevaron sobre Hiroshima y Nagasaki, inaugurando la era
nuclear y cerrando definitivamente el conflicto.
El legado de aquella guerra trasciende las
estadísticas. El Holocausto ‒la
industrialización del genocidio‒ reveló
hasta dónde puede descender la humanidad cuando el odio se burocratiza.
Ciudades milenarias fueron borradas del mapa. Millones vagaron como espectros
entre escombros buscando hogares que ya no existían.
De las cenizas emergió un mundo dividido:
Occidente capitalista frente al bloque soviético, la ONU como garante precario
de la paz, una Europa exhausta y partida por un telón de acero. La Segunda
Guerra Mundial no fue solo el último gran conflicto del siglo XX: fue su
partida de nacimiento violenta, el trauma fundacional de nuestro presente.
Hoy, 80 años después, cuando el extremismo
renace bajo nuevas máscaras, recordar aquel abismo no es ejercicio de nostalgia
sino de supervivencia moral. Nunca lo olvidemos.
Dr. Marco Benavides, 4 enero 2026
Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.
Amargurita en la marcha por el Año Nuevo
Por Beatriz Aldana
Cuando hago mis ejercicios de introspección, me percato de que en ese yo interno perdura ese temorcito al Año Nuevo: ¿Por qué razón? Aquí lo explicaré.
Ayer, escuché al doctor José Antonio Lozano Diez, director de una universidad del sur de México. Para mi sorpresa, tocó el tema que precisamente era el que ocupaba mi mente en ese momento. Eran las 2:00 de la tarde, en que se transmite cierto programa de radio que me gusta muchísimo. Resulta que el doctor Lozano trató el tema de la siguiente manera:
Hay dos visiones en las personas con relación al nuevo año. La primera, el deseo de hacer nuevos proyectos, de todo tipo, y un entusiasmo por el año que inicia. Y segunda: el temor de aquellas personas al nuevo ciclo, nuevo año, pues entra ese dejo de temor e incertidumbre por lo que pueda ocurrir, y no precisamente cosas buenas, sin entrar en mayor detalle.
Me sentí de algún modo comprendida en ese aspecto, ya que infortunadamente me toca conmemorar en enero los cumpleaños de mis seres queridos, pero, sin su presencia física, ya que se han adelantado recientemente en este camino de vida.
Al percatarme de mi edad mucho más allá del medio siglo, y llevando una estadística del promedio de edad para partir de este panorama terrenal de mis seres queridos (hermanas y hermanos), siendo yo la hermanita menor, pues no me queda más remedio que dejar entrar esos pensamientos nada halagüeños con respecto a mi existir.
Y no nada más eso habita en mi cabecita, sino otros aspectos como es el económico, el aumento del costo de la vida, en servicios, en seguros, en mercancías, medicamentos, honorarios médicos, en fin, ya que iniciando el mes de enero aparecen en mi buzón de casa los recibos de energía eléctrica, telefonía, agua, predial, mantenimiento. Todo eso contribuye a una situación de stress, y, por qué no decirlo? cierto grado de depresión estacional, porque al prestar demasiada atención a estas situaciones me convierto hasta en una personita no muy apetecible para ser compañera de alguna de mis queridas amistades.
No quiero ser demasiado dramática, pero esta distracción o introspección continua, ha tenido efectos adversos a tal grado de no poner la atención debida en mi transitar por las banquetas de mi Ciudad Chihuahua, ya que en el transcurso de tan solo el mes, de diciembre pasado y ahora principios de enero, he sufrido tres caídas de riesgo porque han sido golpes de lleno en la cabeza, al no poner atención en las partes sobresalientes de las banquetas y el mal estado de las mismas como
En fin, esta crónica definitivamente está desnudando lo que en mi interior se gesta, y eso ocurre cada nuevo año, en los que por desgracia me entero del fallecimiento de amistades muy queridas, de diagnósticos médicos de alarma, y, por añadidura, noticias a nivel mundial sobre conflictos y cuestiones de cambios atmosféricos que definitivamente tienen consecuencias adversas.
Para finalizar, quienes hayan tenido la paciencia de leer esta crónica, les agradezco de todo corazón, y les abrazo con una oración anexa de que mis deseos para ustedes es que logren todas las metas propuestas y la salud que nunca falte, porque con salud todo es motivo para sonreír.
Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.
Presentación del libro Te amo Alejandra
en Ciudad Ojinaga
Por Heriberto Ramírez
Resulta para mí un gran gusto presentar a
ustedes el libro Te amo Alejandra, de Jesús Chávez Marín, por dos
razones: Primero, por ser Jesús uno de mis cuates que más estimo, bueno, más
que cuate ahora también es mi colega. Lo conocí a raíz de mi ingreso en la
Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, donde él cursaba la carrera de
letras, aunque en aquel tiempo nuestra relación se limitó solamente a la grilla
estudiantil.
Segundo, porque en este libro se compilan un
conjunto de crónicas muy bien escritas con un estilo irónico, condimentado con
fino sarcasmo, con tintes autobiográficos que revelan un poco y un mucho al
autor: sabremos que proviene de la Estación Mápula, ubicada a cinco kilómetros
de la carretera Chihuahua-México; que vivió su infancia en la colonia Rosario
de Ciudad Chihuahua; que se ha desenvuelto por mucho tiempo en el mundo de la
culturité y que colecciona novias al por mayor.
Aparte de esto, sus relatos son crónicas que
retratan muy bien lo que es la vida cultural de Chihuahua y de Ciudad Juárez.
Es en este sentido que Te amo Alejandra resulta el único libro de periodismo
cultural que se haya publicado en el estado de Chihuahua, que recoja los
incidentes y pormenores de los protagonistas de nuestra vida cultural.
Esos son dos motivos suficientes para
sentirme complacido ahora, si le agregamos que el libro aun está fresco y que
su presencia en Ojinaga, compartiendo el autor con ustedes sus experiencias,
seguramente tendremos una rica velada literaria.
Jesús Chávez Marín ha escrito en un gran
número de publicaciones, en varios géneros de poesía y de prosa. Sus crónicas
han aparecido en Letras al margen, columna de El Heraldo de Chihuahua; Aura y
Pro/Logos, suplementos de literatura en Novedades de Chihuahua y en las
revistas Synthesis, Cuadernos del Norte y Solar.
Sus crónicas han llamado la atención por su
humor incisivo y crítico, que le han granjeado lectores y una que otra
enemistad de quienes no toleran la crítica literaria ni de ninguna otra.
Este es un libro abierto, ameno y divertido;
una especie de a, b, c, de la cultura regional. Será útil para quienes aspiran
a ejercer la escritura en sus diversas formas. Te amo Alejandra es un documento
que nos expone a los actores de la cultura con todo el folclor y todas sus
intrigas. Es un libro que se recomienda como una guía práctica para los
aspirantes a culturitos.
Ciudad Ojinaga, año 1995
Heriberto Ramírez Luján, filósofo mexicano, redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo. Es licenciado en filosofía y doctor en educación por la Universidad Autónoma de Chihuahua.