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lunes, 5 de enero de 2026

Presentación del libro Te amo Alejandra en Ciudad Ojinaga

 


Presentación del libro Te amo Alejandra en Ciudad Ojinaga

 

Por Heriberto Ramírez

 

Resulta para mí un gran gusto presentar a ustedes el libro Te amo Alejandra, de Jesús Chávez Marín, por dos razones: Primero, por ser Jesús uno de mis cuates que más estimo, bueno, más que cuate ahora también es mi colega. Lo conocí a raíz de mi ingreso en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, donde él cursaba la carrera de letras, aunque en aquel tiempo nuestra relación se limitó solamente a la grilla estudiantil.

Segundo, porque en este libro se compilan un conjunto de crónicas muy bien escritas con un estilo irónico, condimentado con fino sarcasmo, con tintes autobiográficos que revelan un poco y un mucho al autor: sabremos que proviene de la Estación Mápula, ubicada a cinco kilómetros de la carretera Chihuahua-México; que vivió su infancia en la colonia Rosario de Ciudad Chihuahua; que se ha desenvuelto por mucho tiempo en el mundo de la culturité y que colecciona novias al por mayor.

Aparte de esto, sus relatos son crónicas que retratan muy bien lo que es la vida cultural de Chihuahua y de Ciudad Juárez. Es en este sentido que Te amo Alejandra resulta el único libro de periodismo cultural que se haya publicado en el estado de Chihuahua, que recoja los incidentes y pormenores de los protagonistas de nuestra vida cultural.

Esos son dos motivos suficientes para sentirme complacido ahora, si le agregamos que el libro aun está fresco y que su presencia en Ojinaga, compartiendo el autor con ustedes sus experiencias, seguramente tendremos una rica velada literaria.

Jesús Chávez Marín ha escrito en un gran número de publicaciones, en varios géneros de poesía y de prosa. Sus crónicas han aparecido en Letras al margen, columna de El Heraldo de Chihuahua; Aura y Pro/Logos, suplementos de literatura en Novedades de Chihuahua y en las revistas Synthesis, Cuadernos del Norte y Solar.

Sus crónicas han llamado la atención por su humor incisivo y crítico, que le han granjeado lectores y una que otra enemistad de quienes no toleran la crítica literaria ni de ninguna otra.

Este es un libro abierto, ameno y divertido; una especie de a, b, c, de la cultura regional. Será útil para quienes aspiran a ejercer la escritura en sus diversas formas. Te amo Alejandra es un documento que nos expone a los actores de la cultura con todo el folclor y todas sus intrigas. Es un libro que se recomienda como una guía práctica para los aspirantes a culturitos.

 

Ciudad Ojinaga, año 1995



Heriberto Ramírez Luján, filósofo mexicano, redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo. Es licenciado en filosofía y doctor en educación por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

lunes, 9 de septiembre de 2024

El tractor de Chente. Heriberto Ramírez Luján

El tractor de Chente

 

 

Por Heriberto Ramírez Luján

 

 

Era una refinería de gas en las inmediaciones de Eunice Nuevo México. Ahí coincidíamos una buena cantidad de trabajadores mexicanos, algunos sin papeles, como era mi caso, y otros ya ciudadanizados. Y alguno que otro que decía serlo sin ser verdad.

Era un microuniverso en donde se entrelzaban los caminos más impensables, gente del Mulato, un poblado en las cercanías de Ojinaga, muy próximo al río Bravo y, casualmente, gente famosa por su bravura; de Falomir, El Porvenir, por Ciudad Juárez y de otras latitudes.

Nuestros trabajos no eran exactamente de los mejor calificados, eran de esos que “ni los negros se atreven hacer”. En mi caso se reducía hacer zanjas con el exigente martillo neumático en un suelo rocoso con pipas calientes de gas por encima que obligaban a trabajar doblado casi todo el día.

A ciertas horas del día los trabajadores solían darse pequeños espacios para chancear o cotorrear. Se hacía una pequeña bola a escondidas del capataz. En una de esas ocasiones, Elías, un compa de El Mulato, con greñas desparramadas y estrabismo, le dice a Chente:

–Anda, cuéntanos esa charra tuya del tractor en Falomir.

Chente era uno más de esos campesinos que cruzan al otro lado para trabajar una temporada, juntar un poco de dinero y aliviar un tanto la apretada economía familiar. Tenía una panza prominente, resultado de comer a diario tortillas de harina y beber cerveza los fines de semana, ya medio calvo, con manos que parecen mazos, con la parsimonia songa de gente de rancho. Con una voz entre gutural y aguda empieza su relato.

 

Era la época de la fumigación del algodón, las avionetas fumigadoras volaban de aquí para allá toda la mañana, con una pipa acarreaban agua para hacer la mezcla del veneno. Pero en una de esas que se les acaba la gasolina. Uno de los pilotos va a mi casa, donde tenía mi tractor afuera y me dice que si les puede ayudar a acarrear agua del río para completar lo que les faltaba de fumigar. Le dije que no tenía gasolina, que si conseguían con mucho gusto les ayudaba.

Bueno, me dijo, pues gasolina, lo que es propiamente gasolina, pues no tenemos, pero sí tenemos turbosina.

Le digo:

–Ah jijo, y funcionará con es madre.

–Puede ser –me responde–, si funciona con el avión no veo porque no pueda hacerlo con el tractor. Además, le damos algo para que se ayude.

Ya con eso como que me entró la primera y me animé, arrimé el tractor hasta el campo de aviación y le cargamos la turbosina al tractor. Listo, me dice el piloto, ya lo puede echar a volar. Que lo prendo y que sale el tractor en chinga por todo el pueblo a todo lo que daba y no lo podía parar…”

 

Ya para entonces estábamos todos botados de la risa, tanto por la ocurrencia en sí como por la forma en que Chente nos contaba su historia.

Estos eran los momentos que hacían la faena más llevadera.

A pesar de los años transcurridos recuerdo esta anécdota. Ya nunca supe qué fue de él y de ninguno de los otros compañeros.

 

 

 

Heriberto Ramírez Luján, filósofo mexicano, redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo.