martes, 26 de octubre de 2021

Hágase a un lado, mi General, para que pase la tecnología. Andrés Espinosa Becerra

 

los martes

Hágase a un lado, mi General, para que pase la tecnología

 

 

Por Andrés Espinosa Becerra

 

 

Este nuevo libro de cuentos, magnífico, Siluetas en la resolana, del escritor Jesús Chávez Marín, tiene un inicio bellísimo, de trascendencia: “Sus ojos desde el trapecio”; cuento que me recuerda al cine italiano en blanco y negro, es un guion cinematográfico de una historia amorosa que construye una figura femenina para convertirla en personaje central; se trata de un inicio lujoso.

 Algo que se aprecia en el autor es la historia del barrio y la ironía utilizada para contarla; ahí se incorpora otra característica más, la jerga dentro del cuento, esto es, la manera de hablar cotidiana y de las calles. Chávez Marín es un observador que parece seguir la enseñanza de Chava Flores.

El sentido irónico al contar se le da fácilmente al autor, incluso cuando retoma las leyendas locales, lo cual se nota en el cuento que tiene como personaje importante a la histórica Pascualita.

En medio de ello, Chávez ingresa un lenguaje que acostumbra y lo hace con naturalidad, aparente, porque está bien pensada: “me vale madre”, “cuanta madre”, lo cual requiere de talento para incluirlo oportunamente, aunque sean nuestras frases cotidianas. En el libro Colonia Rosario hay un pasaje magistral que se da en el cuento “Chulas fronteras”, al respecto de unas jovencitas escolares a quienes llevaron a un encuentro de poesía: “…no entendieron ni madre, ni regresaron nunca…”

Es notable y meritorio que el libro esté construido con sucesos de lo cotidiano.

Así, algo que podría ser no grato para el lector, es el tema del desamor, pero ahí está descrito y es un aprendizaje. Hablar y escribir acerca de la desolación con suavidad no es común y nada fácil.

Lo maravilloso de contar y un gran ejemplo al manejar la descripción, con las palabras de uso diario, es algo ejemplar en Chávez Marín, en todos sus libros.

Jesús Chávez Marín es un poeta, como lo muestra en “Ciudad encantadora” cuando dice: “Salgo a la calle en la mañana fresca, con los colores bien realizados en el azul señalado por el sol desde el poniente.”. Es un poeta de los días, que son los mejores poetas tradicionalmente.

Refiriéndose a la fotografía de una flor que retrató en su patio, dice: “la visita de un ángel muy tempranito con sus colores, con su gracia, alguien a quien conocí de niño”.

Es indudable la importancia de Chávez Marín como escritor, poeta, y editor, además como amigo.

 Él afirma, como maestro budista que es y no lo acepta:

“Cuando lees dialogas con el autor, pues construyes para ti las historias, los poemas, a través de los símbolos universales de nuestra cultura y a través de tu armonía personal”.

Y yo concluyo: Al leer, se escribe ese libro que tienes entre manos, con una mirada nueva.

 

Chávez Marín, Jesús: Siluetas en la resolana. Editorial Oserí, México, 2019.

 

 





Andrés Espinosa Becerra, Córdoba, Veracruz 1958, hizo estudios de literatura hispanoamericana. Tiene tres libros de poesía publicados: Quinteto para un pretérito (1996), en coautoría con otros autores; Los días que no duermen (2004) y Una casa con silencio y patio (2019). En 1996 ganó el premio Cuauhtémoc de poesía con Domingo Siboney. Tiene algunos proyectos en espera de aparecer, como El ramalazo de los recuerdos y El árbol de los ciruelos.

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