domingo, 3 de octubre de 2021

Libro adentro, libro afuera. Ofelia Torres

 

Libro adentro, libro afuera

 

 

Por Ofelia Torres

 

 

De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa. El libro es una extensión de la memoria y la imaginación.

Jorge Luis Borges

 

 

Estoy en esta reunión profundamente agradecida por la invitación a presentar un nuevo libro. A todos los presentes muchas gracias por acompañarnos. Siempre que nace un libro, siempre que un libro ve la luz, es un hecho extraordinario porque ello significa que su lectura llegará a muchas manos, pues el divino acto de leer un texto es un regalo a los sentidos.

Vamos pues a lo que aquí nos ha reunido. Entremos sin más demora a la original propuesta literaria que es Cuatro habitaciones de Mariana, obra de la escritora chihuahuense Arelí Chavira.

Cuatro habitaciones de Mariana es una búsqueda a la palabra que nos mueve al placer por la extrañeza y por el vértigo, a la palabra que nos sitúa ante otra relación con el tiempo y el espacio, a la palabra que no nos exime de la sumisión a lo cotidiano, que nos permite conocer caminos que alguna vez emprendimos, seres que nos acompañaron y formaron parte de una memoria mucho más basta y plena que los propios recuerdos, miedos, dolores, fobias y obsesiones. Eso –sin agotar por supuesto el repertorio– es el libro de Arelí Chavira.

El placer de leer es una aventura maravillosa por la imaginación del lenguaje y es el mejor ejercicio de ocio creativo. La lectura debe ser una experiencia estética motivada por el placer del texto y a esto nos lleva la lectura de Cuatro habitaciones de Mariana.

La narración se desarrolla a través de una sucesión de textos breves donde el punto de vista puede ser Arturo de Córdoba, Adrián, Majo o cualquier mujer. La voz narradora toma indistintamente el cuerpo de un hombre o de una mujer de cualquier edad, de cualquier condición social. En ocasiones el narrador es nada más –y nada menos– que una voz anónima. Una voz que surge de la nada y se evapora. A veces quién nos habla trasmite una mirada evocadora y nostálgica, otra satírica y punzante, a menudo desamparada, desposeída de afinidades con el mundo que recrea. Pero siempre sentimos próxima la fecundidad de su palabra, el amplio campo donde se arraigan sus raíces, el pleno desenlace de una sensibilidad abierta a todas las perspectivas del horizonte, de un horizonte que es bruma y luz, desorden y armonía, misterio y revelación, angustia y esperanza, búsqueda incesante siempre.

Quiero pensar al texto como un camino que se hace sin cesar, una acción perpetua de los seres humanos. No en vano toda la historia de la humanidad es una narración, primero oral, luego escrita.

Tomando como base lo anterior, cada uno de los relatos que forman las Cuatro habitaciones de Mariana es un camino recorrido o por recorrer.

¿A dónde nos lleva este recorrido? Nada mejor que la lectura del libro de Arelí Chavira para respondernos. Me atrevo a anticiparles algunas notas de su música. Una música armada, sobre todo, de frases breves, intensas, fulgurantes, en las que el lector súbitamente se queda atrapado como una mosca en la tela de araña. Atrapados en el ardid literario porque como sabemos sin esa red que lo captura, el lector no existe como tal.

La autora sigue un orden básico dentro del cual cobra sentido el pasado y se atisba por una pequeña rendija abierta a la memoria: “Inquilinos”, título de una de las narraciones que componen este libro, página 52, trae al presente un dolor pasado y el miedo a la soledad. Ciertos fantasmas persiguen a la protagonista, la obsesión por el abandono y la inseguridad de que alguien le dé su amor acompañan a Mariana. Leemos sus palabras llenas de dolor y de inmediato nos hace cómplices de sus sufrimientos.

Arelí rescata los elementos esenciales de la realidad, de nuestra realidad, esa en la cual puede identificarse el ser humano. En los relatos aparece un conglomerado de sucesos y vivencias que constituyen cualquier existencia humana, equivale a la búsqueda de una vida personal, el conocimiento de uno mismo. Ese momento privilegiado puede revelarse a través de una simple palabra, una mirada, una sonrisa, realidades de la naturaleza fugaz que sin embargo logran imponerse, modificar el rumbo de una existencia, de una relación. La autora busca a través de los personajes mostrarnos una realidad en la que ha sido minimizado el papel de la mujer y sus múltiples escenarios del cómo actuar dependiendo del contenido social de nuestra época y cuya temática está presente en el relato titulado “Amuletos poderosos contra el temor”.

Las protagonistas son seres como cualquiera de nosotras; las historias vividas por ellas podrían ser las nuestras. Las vicisitudes, desengaños, el miedo son parte de la existencia de todo ser humano y estas las encontraremos en los relatos de las Cuatro habitaciones de Mariana.

La cotidianidad se rompe, de pronto surge el signo, la señal que nos coloca en otra dimensión, como en el relato titulado “La tranquilidad de doña Mariana” en el que la protagonista pierde no nada más la tranquilidad sino su existencia: al igual que Abundio en Pedro Páramo, muere de terror, como lo vemos en el siguiente fragmento de la página 67:

 

Doña Mariana escribe: “Llegó la noche la más callada en mucho tiempo; se podía escuchar el crujir de la vieja madera y las hojas golpeando suavemente al desprenderse de los árboles, los vidrios del ventanal por el que miraba con insistencia en busca del invasor; no obstante, no había rastro de él, solo el silencio que ahora molestaba más que su odiado enemigo”.

“La luna había menguado en honor a su ausencia, uniéndose así al dolor que le causaba su partida, ¿qué habrá sido del perro…?”

—Pero ¿qué estoy escribiendo? Maldito animal, deja ya de meterte en mis pensamientos, en mi vida. No puede ser, voy a cerciorarme de que por fin te fuiste al infierno —vociferó.

Exasperada tomó una linterna y salió de la casa en busca del perro blanco, aquel que convirtiera sus días de luz en una angustiante oscuridad. Caminó rumbo al panteón al mismo lugar de la vez que lo viera, ahí donde ella le pagara sus muestras de cariño con un trozo de carne envenenado. De pronto, algo se movió sobre unas lápidas, a unos metros de ella.

—Con que no te moriste, ¿qué clase de perro eres? Por Dios, qué es…?

Frente a los ojos de doña Mariana, espeluznantes sombras brotaron de entre las tumbas del camposanto, ánimas furiosas, atormentadas, que se dirigían hacia ella. Desencajada, corrió lo más rápido que pudo a su casa. Parada en mitad del recibidor respirando a duras penas no daba crédito a lo que estaba sucediendo.

 

Así, no importa el sujeto que aparezca en los textos, al instante nos sentimos identificados con el personaje del relato. He aquí el valor de las páginas de este libro, su capacidad de contagio, su constante traslación al otro lado del papel, su poder para diluirnos en lo ajeno sin que opongamos resistencia.

Las cuatro habitaciones de Mariana como el título indica está dividido en cuatro partes a donde confluyen relatos que nos invitan a leerlos. Mi intención es contagiarlos, motivarlos para que disfruten las páginas de este libro. No se arrepentirán.

Muchas gracias por su atención y compañía.

 

Chavira, Arelí: Cuatro habitaciones de Mariana. Editorial Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua, México, 2021.

 






Ofelia Torres Rodríguez es catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, egresada de la licenciatura en letras españolas y de la maestría en literatura de la Universidad de Nuevo México. Sus campo de investigación es educación y literatura. Es autora de artículos sobre literatura latinoamericana y literatura  chicana publicados en Creadores, Los milenias y las humanidades, Los discursos humanísticos del nuevo milenio, Lenguaje, medio y sociedad, entre otros. Escribe en varias revistas entre las que se encuentra la Revista Mexicana de Teatro Paso de gato y Arenas blancas. Es miembro del Comité Editorial de la Revista de la Red de Cuerpos Académicos en Lenguas Extranjeras.

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