domingo, 11 de octubre de 2026

De extrapolaciones y otras dulzuras


 

De extrapolaciones y otras dulzuras

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Haré una muy grosera extrapolación: Si yo tuviera un robot para que me ayudara en los quehaceres domésticos, estaría diciendo Sí a la ciencia que ha permitido que tal objeto exista; pero a la vez le diré No a esa misma ciencia, negándome a conversar con el robot sobre la fragilidad de la existencia humana, ni sobre la gravedad que pudiera poseer tal noción en nuestra idea de la vida. Y aunque sepa que algún listillo en la fábrica de robots sirvientes pudiera haberle instalado un programa para debatir las ideas de Heidegger y Sartre, no me voy a lanzar a ese misterio porque tengo la capacidad de no hacerlo. En esta decisión de no tener esa conversación, entiendo que sí hay un sentido oculto del mundo técnico (la travesura del “listillo”, si quieren ustedes).

      Y no me pondría a platicar sobre la gravedad de la muerte con el supuesto ayudante porque, aunque todo lo que pueda encontrarme en el internet quiera llevarme a otra realidad, sé que la humanamente posible es solo una: esta; de modo que la reflexión meditativa es “lo que el ser humano tiene de más propio”; sí, y aunque esa reflexión esté en lucha constante con el pensar calculador, he de valorar a la primera contra la segunda por pura gana de seguir siendo humana.

       Entiendo que el pensamiento reflexivo se ubica en otra dimensión, más allá del puro pensar calculador, esa donde puedo asumir mi finitud como ser nacido en esta Tierra, y tal conciencia, aunque pueda producir angustia, también me da la libertad de dirigir mi propia vida hacia un proyecto libremente elegido. Sé que hay cientos de obstáculos o puede haberlos, no somos plantas nacidas en las nubes, hay una tierra donde están nuestras raíces, y eso significa algo tal vez desmesurado y que puede inclinar la balanza entre mis deseos y la realidad propiamente dicha, pero si uso una balanza o me lanzo a dibujarme una vida falsa en el Instagram, eso significa que la técnica la usaré para algo, repito entonces, puedo decir no y sí a todo; sé que la técnica o la tecnología (como prefieras llamarla) no es neutral, tan lo sé que yo la uso para escribir ahora estas palabras que finalmente quieren recordarte la importancia de la reflexión meditativa para dejar de ser juguete de la técnica, ¿podremos?

       No está de más informar que esta extrapolación proviene de la alocución titulada Serenidad que Martin Heidegger pronunció el 30 de octubre de 1955 en Messkirch, con ocasión de los festejos para conmemorar el 175 aniversario del nacimiento del compositor Conradin Kreutzer.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

La sal de Estación Carrillo

 

La sal de Estación Carrillo

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

Donde el desierto guarda
memorias más antiguas que los hombres,
la tierra todavía sabe a mar.

Dicen que alguna vez
las aguas del Mar de Tetis
cubrieron horizontes
que hoy solo conocen polvo,
sol y silencio.

El mar se fue.

Dejó su huella.

Quedó la sal,
blanca bajo la luz,
extendida sobre la tierra
como un recuerdo que no quiso morir.

En Estación Carrillo
los hombres y las mujeres
salen a cosecharla.

Llegan en camionetas,
en carretas,
en lo que pueda rodar
sobre aquella inmensidad.

No llevan grandes máquinas
ni trajes que los protejan.

Llevan manos.

Manos curtidas,
manos que conocen el trabajo,
manos que la sal muerde
hasta hacerlas arder.

A veces también los pies
pagan el precio
de caminar sobre esa blancura
que de lejos parece nieve
y de cerca lumbre.

La recogen, cargan,
 y llevan hasta quienes después
la limpian, transforman,
y venden.

Y mientras otros ven solo sal,
yo pienso en quienes la levantaron.

En el mar desaparecido,
los siglos enterrados.

las manos lastimadas
que todavía arrancan del suelo
la memoria del agua.

Porque cada grano
lleva algo del antiguo océano,

pero también lleva
el esfuerzo de un pueblo
que aprende a vivir
de lo poco que el desierto concede.

Estación Carrillo:

mar sin olas,
sal sin espuma,
blancura antigua
bajo el sol de Chihuahua.

Y sobre ella,
como desde hace generaciones,
el hombre sigue cosechando
lo que dejó el mar.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

Guardiana del polvo antiguo

 

Guardiana del polvo antiguo

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

En la hora en que el sol se vuelve oro cansado,
ella despierta.

No viene de la tierra.
Es la tierra recordándose a sí misma
en forma de espiral.

La víbora de cascabel
no arrastra su cuerpo,
teje caminos invisibles
entre lo que fue
y lo que aún respira.

Cada muda no es abandono:
es renacimiento.
Se despoja del tiempo
como quien deja un nombre antiguo
y nace otra vez,
más sabia,
más silenciosa.

En su cola no hay sonido,
hay memoria.
Cada anillo es un año guardado,
una historia que no se cuenta,
pero que vibra
cuando el mundo olvida de escuchar.

Sonaja sin semillas,
oráculo sin palabras.
Cuando habla
no amenaza.
Revela.

Dicen que su carne cura,
que en su sangre duerme el remedio,
pero pocos comprenden
que su verdadero don
no se come
ni se vende,

ella enseña a mudar la piel del alma.

El vaquero que la buscaba
no lo sabía del todo,
pero algo en su andar lo guiaba:
llevaba serpientes
como quien carga fragmentos de misterio,
repartiendo sin saber
pedazos de eternidad.

Y cuando nacen sus crías,
envueltas en velo transparente,
no aprenden a vivir:
recuerdan.

Porque vienen de un sitio
donde la vida ya ha sido dicha.

Guárdate de su colmillo, sí,
pero escucha su llamado:

no todo lo que duele es castigo,
no todo veneno es muerte,
no toda piel es la última.

En el desierto,
donde el tiempo se seca y se conserva,
la Cascabel vigila

y espera
a que el hombre también
recuerde cómo transformarse.

 

Abril 2026

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

viernes, 9 de octubre de 2026

Ingrid Bergman: su rostro bello y su inolvidable sabiduría actoral


Diseño gráfico: Marco Benavides

Ingrid Bergman: su rostro bello y su inolvidable sabiduría actoral

 

Por Marco Benavides

 

Hay actrices que pertenecen a una época. Otras pertenecen a una industria. Muy pocas logran pertenecer al imaginario colectivo. Ingrid Bergman fue una de ellas.

Su rostro es uno de esos raros territorios donde convergen la belleza, la inteligencia y el misterio. Reducirla a su fotogenia sería tan injusto como describir una catedral únicamente por la armonía de sus piedras. Bergman no fue simplemente una estrella: fue una presencia artística que transformó la idea misma de la actriz en el siglo XX.

Nacida en Estocolmo en 1915, llegó al cine cuando Hollywood construía su mitología moderna. Mientras otras intérpretes cultivaban una imagen diseñada por los estudios, ella proyectaba una autenticidad casi desconcertante. Su belleza no era la de una diosa clásica e inaccesible, sino una habitada por una intensa vida interior. Tal vez por eso la cámara la amó de manera tan singular.

En una industria obsesionada con el glamour, Bergman representaba la verdad emocional. Sus personajes parecían respirar incluso cuando el guion callaba; una mirada, un gesto apenas insinuado o una vacilación en la voz bastaban para revelar universos enteros de sentimientos.

La posteridad la recuerda sobre todo por Casablanca (1942), donde interpretó a Ilsa Lund, atrapada entre el amor y el deber. Lo fascinante es que, en una obra repleta de diálogos memorables, son sus silencios los que permanecen. Mientras Humphrey Bogart encarna el desencanto de una generación herida por la guerra, ella se vuelve la encarnación de lo que el tiempo y las circunstancias obligan a perder. Y sin embargo logró trascender incluso la película que contribuyó a inmortalizarla: muchas estrellas terminan devoradas por un único personaje. Ella no.

Fue santa, enamorada, aristócrata, espía, médica, revolucionaria, madre y mártir, y nunca pareció repetirse. Obtuvo tres premios Oscar y trabajó con directores como Alfred Hitchcock, Roberto Rossellini, Anatole Litvak, Victor Fleming y George Cukor, pero sus mayores logros quizá no se midan en galardones, sino en la humanidad que imprimió a cada interpretación. Películas como Luz que agoniza (Gaslight), Encadenados (Notorious) o Anastasia conservan hoy una frescura sorprendente. La actuación cinematográfica ha cambiado enormemente en las últimas décadas, pero Bergman sigue pareciendo contemporánea: no hay en ella los excesos teatrales que envejecieron a tantos intérpretes de su generación. Su estilo anticipa una sensibilidad más moderna, más psicológica, más íntima.

Pero su historia no es únicamente artística. En 1949 se enamoró del director italiano Roberto Rossellini y abandonó Hollywood para trabajar con él. Hoy parecería un episodio privado sin mayores consecuencias; en la moral pública de entonces, el escándalo alcanzó proporciones extraordinarias. La prensa se lanzó sobre ella con ferocidad, y sectores políticos y religiosos la condenaron. La misma sociedad que la había elevado a símbolo de virtud decidió convertirla en objeto de censura.

Lejos de replegarse, defendió su libertad, construyó una nueva etapa creativa en Europa y terminó recuperando el reconocimiento internacional. Su vida parece seguir el arco de las heroínas clásicas ‒ascenso, caída, exilio y redención‒, y no es difícil hallar ecos de Tolstói, Flaubert o Ibsen en la manera en que la opinión pública juzgó sus decisiones íntimas. La diferencia es que ella no habitaba una novela, sino el implacable escenario de la celebridad moderna.

Cuando volvió a la industria, no lo hizo como una figura derrotada en busca de reconciliación, sino como una artista madura, enriquecida por la experiencia y dueña de una profundidad aún mayor. Sus últimos trabajos muestran una presencia más compleja, marcada por la inteligencia y cierta melancolía: la misma mujer, pero también otra, que había atravesado las tormentas de la fama y sobrevivido a ellas.

Murió en 1982, el día de su cumpleaños sesenta y siete. Desde entonces, nuevas generaciones descubren sus películas y se preguntan por qué su magnetismo sigue intacto. La respuesta quizá resida en una cualidad que ninguna escuela enseña ni ningún estudio fabrica: la autenticidad. Ingrid Bergman nunca pareció interpretar personajes; parecía comprenderlos. Su arte nacía de una empatía profunda hacia la condición humana. Los decorados envejecen, las modas cambian y las tecnologías se vuelven obsoletas, pero las emociones auténticas conservan una vigencia inalterable.

Más de cuatro décadas después, su rostro sigue emergiendo de la penumbra de la pantalla con la misma fuerza de la edad dorada del cine: no como un recuerdo nostálgico, sino como una presencia viva. Y acaso este sea el privilegio reservado a los verdaderos artistas: desaparecer sin abandonar jamás la imaginación de quienes los contemplan. Bergman no fue únicamente una estrella del cine. Fue, y sigue siendo, una forma elegante y profundamente humana de permanecer en el tiempo.

 

Dr. Marco Benavides, 6 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

86 años

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

86 años

 

Por Marco Benavides

 

John Lennon habría cumplido hoy 86 años. Debo confesar que para mí esta es una frase extraña de escribir. Porque en la mía, en nuestra memoria, él se ha quedado detenido en aquel invierno de 1980. El rostro, las gafas, el pelo y la voz que llevamos dentro pertenecen a un hombre al que se le negó el tiempo de envejecer delante de nosotros.

Y así hoy, 9 de octubre, celebramos el aniversario de su nacimiento imaginándolo joven. Pero la historia no debería haberse detenido ahí; debería haber habido un Lennon de cincuenta años, luego de sesenta. Un hombre con el pelo blanco, tal vez con algunos kilos de más, autor de nuevas canciones o de largos periodos de silencio. Podría haber cambiado de idea, sorprendernos, decepcionarnos, incluso aburrirnos. Podría haber simplemente envejecido. Es una posibilidad que su muerte nos arrebató, y que a menudo olvidamos.

También por esto el 9 de octubre es una fecha particular, en cuanto que no recuerda solo el nacimiento de un músico que cambió la historia, sino el inicio de una vida interrumpida a la mitad. De él custodiamos las canciones, los discos, las fotografías, las batallas y los errores. Sabemos incluso cómo murió, pero no sabemos en quién se habría convertido. Cada aniversario, por tanto, lleva consigo una pequeña pregunta suspendida: ¿quién sería hoy John Lennon a los 86 años?

No vale la pena inventar una respuesta. Es mucho más interesante dejar el vacío. Porque hoy no “celebramos” solo lo que fue, sino también, inevitablemente, todo aquello que lamentablemente nunca hemos podido conocer.

Love is the answer, and you know that for sure. (El amor es la respuesta, y lo sabes de seguro).

 

Dr. Marco Benavides, 9 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

jueves, 8 de octubre de 2026

Anne Carson, Nobel de Literatura 2026: la poesía como reinvención del lenguaje

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Anne Carson, Nobel de Literatura 2026: la poesía como reinvención del lenguaje

 

Por Marco Benavides

 

La escritora, ensayista y traductora canadiense Anne Carson (Toronto, 1950) es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026. La Academia Sueca reconoció una “obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. El anuncio corona el nombre de una autora que llevaba años entre las favoritas de las quinielas y confirma el impacto de una de las voces más originales e inclasificables de las letras contemporáneas.

A lo largo de varias décadas, Carson ha desdibujado las fronteras entre poesía, ensayo, traducción, crítica literaria y narrativa experimental. Su obra combina una erudición clásica con una sensibilidad moderna: los autores de la antigua Grecia conviven en sus páginas con inquietudes de nuestro tiempo sobre el amor, la pérdida, el deseo, el lenguaje y la memoria.

Esa mezcla tiene raíz en su formación en filología clásica, disciplina que ha marcado su producción literaria y que ejerce también como profesora universitaria. Safo, Catulo o Eurípides atraviesan buena parte de sus libros, aunque siempre reinterpretados desde una perspectiva innovadora y personal. El Nobel llega después de otro reconocimiento mayor, el Premio Princesa de Asturias de las Letras, que recibió en 2020.

Su trayectoria académica y su historial de premios acompañan esa singularidad. Carson es doctora en lenguas clásicas por la Universidad de Toronto y ha dado clases en Princeton, McGill, Nueva York y Míchigan. Entre sus reconocimientos figuran el Premio Lannan de Poesía (1996), el Griffin de Poesía (2001) por Men in the Off Hours y el PEN Award (2010), además de las becas Guggenheim y MacArthur. Desde hace años la crítica la considera una de las poetas vivas más importantes en lengua inglesa, y su nombre se repetía cada octubre entre los favoritos de las casas de apuestas.

Tres títulos dan idea de su alcance. Autobiografía de Rojo es una singular novela en verso inspirada en un mito griego. La belleza del marido explora, desde la poesía, la infidelidad y el desengaño. Y Nox, una obra entrañable dedicada a la memoria de su hermano fallecido, desafía los formatos convencionales del libro. Con ellos, Carson consolidó su reputación como una autora capaz de ampliar de manera constante las posibilidades expresivas de la literatura.

El galardón también puede leerse como un reconocimiento a la vigencia de la poesía como forma de conocimiento. En una época dominada por la inmediatez digital, su escritura reivindica la lectura lenta, la reflexión y la riqueza de los múltiples sentidos que puede albergar una palabra. La propia Carson ha señalado en distintas ocasiones que la etimología y la historia de las palabras son el punto de partida de su proceso creativo.

Para quien se acerque por primera vez a su obra, La belleza del marido, el primer libro suyo que se publicó en España, y Autobiografía de Rojo son puertas de entrada naturales. Ambos muestran cómo Carson vuelve materia emotiva la erudición, y cómo una historia antigua puede leerse como un relato íntimo de nuestros días, sin perder por ello su hondura ni su misterio.

Con este premio, que incluye 12 millones de coronas suecas (poco más de 1.2 millones de dólares), Carson sucede al escritor húngaro László Krasznahorkai, galardonado en 2025. Su elección reafirma una tendencia reciente de la Academia Sueca: distinguir a autores que exploran nuevas formas literarias y que desafían las convenciones de género, estilo y estructura.

 

Dr. Marco Benavides, 8 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

domingo, 4 de octubre de 2026

Algo que oculta el oropel

 

Algo que oculta el oropel

 

Por Carlos Gallegos

 

aquel joven pionero

del bajío guanajuatense

que vino a Delicias

a buscar a un hombre

que se había perdido en la primera batalla de Celaya

ya no tenía esperanza de encontrarlo

lo buscaba ansioso en la estación del ferrocarril

en una cueva de calichi que estaba a la subida

de la Loma de Pérez

en una posada sin nombre que se adivinaba

entre las jarillas de un llanito silvestre en lo que sería

la Avenida 7a Norte

preguntaba por él

lo dibujaba como un hombre chapo

de hombros cansados

 con ojos color de miel

al que le faltaba

la mano que había perdido

en un duelo a bayoneta con un general

de división en un burdel de Aguascalientes

no lo veía por más que lo buscaba y lo buscaba

lo buscaba tanto

porque le habían platicado que podía ser su padre

al que solo conocía

por las historias de su madre

quien un día le dijo

que había partido

hacia un pueblo de polvo perdido

en el norte del país

que usaba pantalones militares y botas federicas

recuerdos de sus días de militar

que fumaba cigarros de macuchi silvestre

con esas señas tendría

para encontrarlo en ese pueblo

en el que todos conocían a todos

pero al llegar

supo que nadie conocía a nadie

porque todos provenían de lugares diferentes

en sus ratos de desánimo

luego de buscarlo de punta a punta

en el naciente pueblo desfallecía su ánimo

pero una tarde sudorosa

tuvo razón de él en una fonda del también naciente

mercado que surgía

entre trebejos

de madera y charcos de soquete

la dueña de un tinamaste y un comal que atizaba

con carbón de mezquite

a la que

le decían María

la Sabrosa

sería por lo sabroso de sus guisos

sería por sus sabrosas formas de ex bailarina de chotís

por fin le dio razón

―En esa mesa

en la que está sentado

ahí se sienta

un señor con facha de militar derrotado

viste un pantalón caqui

una camisa con medallas viejas

trae sombrero de cinco pedradas

como los que usaban los Dorados

―se me hace raro que no se lo haya encontrado

por ahí. Ha de ser el único que anda

con una carrillera terciada entre cuello y pecho.

―Mire, qué casualidad, ahí va llegando

háblele antes de que agarre la tomada

porque luego se pone muy triste y no quiere hablar durante días

a cualquiera

que va entrando se le cuadra

creyendo que se le cuadra a Pancho Villa

solo al mirarlo

al verse en sus ojos color de miel

supo que lo había encontrado

pero al acercarse

a abrazarlo

el otro también

lo reconoció

viéndose en sus ojos

con el muñón de su mano yerta

lo rechazó

diciéndole en tono militar

―Sé quién eres y a qué has venido

vete no por donde llegaste

volver a verte me trae malos recuerdos

de una traición de amores

que cada quién siga su camino.

Te olvido y me olvidas.

Celaya es un recuerdo.

Delicias es mi nueva casa, mi nueva vida y esa

mujer del comal

es mi nueva mujer

al día siguiente, por los vericuetos

de los chismes de los pueblos chicos

todos conocían la historia

en esa natural simpatía por el desvalido

el tullido no volvió a conseguir trabajo

al rato era un paria en las cantinas

al muchacho lo vieron abordar el tren

con un boleto sin regreso

las historias tristes que se ocultan

en el oropel de los pueblos felices

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.