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jueves, 3 de diciembre de 2020

Renée Nevárez y Jesús Chávez Marín, al alimón. JChM entrevista a Renée Nevárez


 

JChM entrevista a Renée Nevárez

 



Por Renée Nevárez y Jesús Chávez Marín, al alimón

 



1. ¿En qué año y a qué edad debutaste como cantante?

No recuerdo el año, yo tenía 18 años y empecé cantando con el Gipsy Band en La Escuela Libre de Música. Sería en 1978 o por ahí.

¿Qué quiere decir Gipsy?

Gitano.

 

2. ¿Fue como solista o como cantante de un grupo?

Como cantante del grupo.

 

 3. ¿Fue en un concierto, en un bar, o en un evento social?

Fue en el Club de Leones, en un evento social.

 

 4. ¿Cuál fue el primer grupo musical donde fuiste la cantante?

En todos los grupos en los que trabajé, lo fui.

 

5. Relátanos brevemente cómo fue tu experiencia con Gipsy Band.

Me enteré de que el grupo estaba audicionando porque, su vocalista femenina se había retirado y, entonces, me aventuré a presentarme. De inmediato me contrataron. Excuso decir que, en aquella época, a los 18 años, no tenía permiso de mi padre, solo de mi mamá. Los músicos fueron siempre muy respetuosos con mi poca experiencia musical, y el tiempo que estuve con ellos fue para mí de gran aprendizaje.

 

6. ¿En cuántos y cuáles fueron los grupos musicales donde cantaste?

En Gispy Band, Los Contreras, Misty, Arena Show Band y La División. También muchas veces canté con grupos emergentes, sobre todo para los eventos de diciembre, que solían ser los más numerosos.

 

7. Como cantas como los ángeles, tienes ese don, y además eres mujer bonita, te llueven pretendientes. Cuéntanos una anécdota de ese tema.

Muchas gracias, maestro, y no creas que tantos pretendientes. La gente se deja llevar por lo que ve en el escenario, pero hay pocas personas que quieren saber, en realidad, lo que hay detrás de las luces y las lentejuelas. Es difícil saber si el interés es solamente el deslumbramiento por un concierto o una presentación, o si es un interés real. Yo, en todos los casos, he sido muy cauta. Naturalmente he sido considerada "fría", pero es meramente precaución.

 

8. En la ciudad de Chihuahua, ¿quiénes son los cantantes de tu generación? Dinos por lo menos ocho nombres, entre mujeres y señores.

Manuel Rosales, "Olvia y sus coros", "Angie y sus coros", Rodolfo Gerardo, Coco Bugarini, Roberto Sánchez, Yolanda Yáñez y Belinda. Hubo más, por supuesto.

 

9. Dinos por lo menos cinco nombres de bares o salones con música viva que hayan estado de moda en los años recientes.

La verdad es que en los años recientes he estado retirada de bares o sitios de moda, pero sí puedo nombrar algunos de los que fueron famosos en Chihuahua en los años ochentas, como El Hobbit, Fulanos, Candilejas, Bar Quijote de Los Parados de Tony Vega, La Olla o Los Vitrales.

 

10. ¿En cuáles de ellos has trabajado?

En Hobbit, Fulanos, el Bar Quijote, Los Vitrales, en lo que era conocida como La Zona Dorada de Chihuahua, en todos los salones de baile de la época, como el Club de Leones, el Hotel Victoria, El Casino y un largo etcétera.

 

11. Cuéntanos una historia de tu actuación en bares de música viva.

Las estrellas que figuraban en Gilbertos eran la gran Coco Bugarini, en el horario estelar, y Belinda, que cantaba con los mariachis. Yo, muy joven y recién llegada, era el relleno, junto con mi guitarrista, Luis Oscar Medina. Un día que no fue Coco y que Belinda llegaría muy tarde, me lanzaron en el horario estelar con los mariachis, sin que yo tuviera antecedentes de música ranchera. Canté un repertorio improvisado por más de una hora, debo decir que para mi propia sorpresa. Desde ese día me dieron también una hora con los mariachis. Poca gente sabe que canté mucho con ellos.

 

12. Dinos por lo menos cinco recintos culturales, museos, centros de arte donde hayas cantado.

Teatro de los Héroes, Teatro de Cámara, Teatro de la Ciudad, El Paraninfo Universitario, Museo Casa Chihuahua, Mediateca Municipal, Centro Cultural Universitario Quinta Gameros, Quintas Carolinas, Palacio de Gobierno, Casa Siglo IX.

 

13. Cuéntanos una historia de tu actuación en centros de cultura.

En el último concierto que di en Casa Chihuahua, Baladas rock, se me acercó, entre la gente, un señor de edad muy avanzada y me dijo cosas que me conmovieron muchísimo. Aseguraba que ese concierto lo había llenado de felicidad como no había sentido en muchos años. Me colmó de bendiciones y buenos augurios. Estaba muy emocionado, pero no pude atenderlo como se merecía. Entonces, buscó a uno de mis conocidos y me dejó grabado un mensaje que hasta el día de hoy me emociona a mí también. Estas cosas son por las que vale la pena el trabajo de un artista: dar alegría a alguien, darle esperanza, darle el "sueño de una noche de verano". Es el cometido de un artista. Ese día me sentí satisfecha porque todo eso pude darle a ese señor. El artista propone, da, despliega su arte, pero depende del público si lo quiere recibir o no. Yo me siento afortunada con el público, que ha sido excepcionalmente generoso conmigo siempre y, por supuesto, estoy inmensamente agradecida.


14. Cuéntanos una historia de tu actuación en bodas.

En una ocasión, durante la entonces famosa tanda del billete, se me acercó un niño y me invitó a bailar. "No", le dije, "es la tanda del billete", y él respondió: "Por eso, vamos a bailar para que nos pongan billetes en la ropa".

 

15. Cuéntanos una historia de tu actuación en eventos de comercio, agencias de automóviles, ferias populares, centros comerciales.

Recuerdo que me contrataron (previa audición) para La Feria de Santa Rita, en un evento exclusivo con el gobernador en turno. El tema era España. Adornos, comida, ropa y canciones españolas. Yo estaba recién llegada de aquellas tierras, por tanto, mis recuerdos estaban frescos. Así que mi madre, que hacía vestidos de novia en aquel entonces, me confeccionó un traje andaluz y puse un repertorio íntegramente español con mi guitarrista. Al llegar al recinto, en efecto, parecía que estábamos en Sevilla. El horario estaba previsto para la cena, pero tuvimos que esperar, porque a última hora resultó que el gobernador había invitado a una amiga suya, justamente española, llamada Ana Sirré. La cantante interpretó boleros y canciones mexicanas, incluido México lindo y querido, que todos corearon. Cuando ella terminó, subí yo, con mi vestido de holanes y mis flores en el pelo, a cantar De España vengo, La Zarzamora; Ojos verdes, El emigrante y una nutrida lista de canciones famosas en España. Al terminar, una mesa de personas que me conocían, me dijeron, con justa razón: ¿y qué no hubiera sido mejor que tú cantaras los boleros y Ana Sirré el repertorio español? Paradojas.

 

16. Cuéntanos la historia de un cantante de Chihuahua, su biografía y su trayectoria, hombre.

Citaré a Manuel Rosales, con el que coincidí por años en muchos lugares. Conocí a Manuel en un bar llamado La Teja, de Ciudad Juárez. Me dijo que me había estado buscando en Chihuahua, pero fuimos a encontrarnos en Juárez. En aquel entonces, Manuel era una especie de trovador/ showman muy solicitado, que tenía varios trabajos cada noche. Mi guitarrista y yo nos hicimos buenos amigos de él. Cuando regresamos a Chihuahua, después de seis meses, volvimos a coincidir con él en Gilbertos, donde era una de las principales atracciones. Los artistas de Gilbertos, el bar de moda, eran todos unas estrellas. Allí Manuel seguía con su exitoso show y tenía numerosos seguidores. Era un cantante de vanguardia, con un repertorio muy amplio, que lo mismo cantaba un corrido que una balada, que una canción de nueva trova. Después de que cerró Gilbertos, buscamos nuevos horizontes en algunos centros nocturnos, pero fue en Los Vitrales donde volvimos a coincidir. En ese tiempo, el periódico Novedades lanzó la convocatoria para el Premio Novedades de Canto, que ganó un pianista de Los Vitrales, llamado Raúl Lerma. De ahí en adelante, Manuel se descubrió como un gran compositor y, para un video navideño de todos los artistas de Chihuahua, que el Canal 2 había organizado, Manuel compuso la letra y música que todos cantamos. Después la llevamos a grabación en el estudio Meca 3. Manuel ha preferido siempre cantar para un público muy cercano, así que calles, parques, centros comerciales, escuelas, facultades y explanadas han sido muchos de los escenarios que ha preferido, lejos de los reflectores. Cuando me fui de México, Manuel se había tomado un tiempo fuera de los escenarios, y cuando volví, al cabo de casi 20 años, lo volví a encontrar como jurado en un concurso de canto del Jardín del Abuelo. Trabajé con él como guitarrista durante varios años y fui con él al Concurso Nacional de Boleros, en el que él estuvo contratado como organizador por muchos años. Actualmente, Manuel está inmerso en la composición y en su estudio de grabación.

 

17. Cuéntanos la historia de una cantante de Chihuahua, su biografía y su trayectoria, mujer.

Hablaré sobre Ivette Becerra, más conocida como Arantxa. Cuando la conocí fue en un bar, cantando con mariachi. Era menor de edad y siempre iba con sus padres a todas partes. Ellos la protegían y la representaban. La joven, que tenía una hermosa voz, era muy famosa en aquel tiempo. Trabajaba en todas partes, pero donde coincidimos fue en el Premio Novedades de Canto. Verdaderamente hizo un gran papel, de tal suerte que los jurados fueron severamente criticados. Más adelante, ella y sus padres se fueron a vivir a la Ciudad de México, donde ella comenzó una carrera como baladista. Fue contratada para cantar el tema de la telenovela "Cuando nace una estrella", y a partir de entonces, su carrera se vio en ascenso. Grabó algunos discos, pero la participación más memorable fue un dueto con Armando Manzanero llamado Nada personal. Tuvo varias colaboraciones con otras cantantes, por ejemplo en un grupo llamado Las Reinas, con el que hizo varias giras por el país. También participó en un programa de concursos para profesionales llamado La Academia. Hoy día se dedica a promocionar un disco de covers de sus cantantes más admiradas.

 

18. ¿En cuál década les fue mejor a los cantantes de Chihuahua: los sesentas, setentas, ochentas, noventas, o en lo que va de este siglo?

En mi experiencia personal, los ochentas fueron los mejores. En Chihuahua se creó la costumbre de asistir a centros nocturnos y apoyar a los artistas en muchos sentidos. Un cantante podía vivir de su trabajo y era muy respetado. En todos los lugares había equipo de sonido, el público identificaba a sus artistas, acudía a verlos y los contrataba. Los centros nocturnos pagaban bien y a tiempo, uno podía durar años en un local y crecer como artista en él. Era permitido, si te apoyaba el público. Cuando regresé a México quise volver a los centros nocturnos, pero el trabajo de los cantantes está ahora intensamente devaluado. En el ámbito nacional parece que han desaparecido los compositores y solo se escuchan refritos y covers, porque los empresarios no quieren arriesgar. Lamento decirlo, pero las novedades musicales vienen ahora de la mano de la música norteña, grupera y de banda, los demás géneros de copian y se repiten. Sin embargo, yo confío en que regrese la fe en las nuevas creaciones y en que los artistas tengan la fuerza para hacerlas valer.

 

19. Cuéntanos cómo es el ambiente artístico y social para los cantantes de ahora.

Los artistas de hoy, según creo, están más preparados que antes. Me ha tocado convivir en talleres de ópera con jóvenes promesas del canto que podrían figurar frente a cualquier cantante profesional sin desmerecer. Los nuevos músicos, igual. Realmente hay un boom de gente talentosa, estudiosa y entusiasta que viene pisando fuerte. Yo los admiro y aprendo de ellos, son geniales y están llenos de propuestas interesantes. Hay que trabajar duro para estar a su altura. Me tocó trabajar con los padres de algunos músicos con los que he cantado recientemente, así que los siento como de la familia. El ambiente musical es rico y variado, y el público de Chihuahua también ha crecido en sus gustos. A pesar de todo, los artistas siguen creando, con todo y que los apoyos son cada vez más escasos, pero esa es la historia de siempre.


20. Platícanos tus planes inmediatos y tus planes futuros como cantante.

Mi plan más inmediato es poder llevar a cabo el concierto de mis canciones, que quedó pospuesto dos veces en este año: Sangre de Bolero. Luego quisiera proponer en Casa Chihuahua, donde siempre acogen mis proyectos, un concierto de Música Disco y otro, Homenaje a Bárbra Streisand, Aretha Franklin y Etta James. Quisiera poder cantar un concierto de las grandes bandas del jazz con una orquesta, y otro de canción de arte con un buen pianista. Mientras tanto, estudio ese repertorio y me preparo como si fuera a cantarlo pronto. Doy mis clases de canto y estudio repertorios con el maestro Ramón Farías, que siempre me ha apoyado. Mi plan más a futuro es poder hacer varios conciertos de mis canciones y presentar una obra de teatro musical, de la que tengo compuestos la mitad de los temas. Y, por supuesto, seguir creciendo.

 




Renée Nevárez Rascón escribió en El Heraldo de Chihuahua, en el libro Los escritores de Chihuahua, en 1982, y en la revista Letras y algo más. A lo largo de su carrera, colabora con numerosos músicos y poetas, poniendo música a sus versos o versos a su música. En 1992 viaja a España, donde radica por 20 años, y publica dos antologías con poetas valencianos: La primera en la colección Algo que decir, del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia; la segunda en Caminos de la palabra, con la Fundación Max Aúb en Segorbe. A su regreso a México es invitada a participar en la antología Todo es posible, y luego publica su primer libro en solitario, llamado Marea del naufragio. Posteriormente es invitada a participar en el colectivo cultural Voces de mi región, en la que forma parte de la organización del Festival de poesía de Chihuahua. En este colectivo, la poeta funge como periodista cultural y presentadora, además, es editora de la revista Voces y de papel, así como de Voces y letras, en la que se presentó una antología de poesía infantil llamada Poesía para iluminar, de la cual es también editora y colaboradora. Prepara una publicación de dos libros más, llamados Luciérnagas en la noche del alma y El Septentrión. Actualmente es maestra de canto y cantante profesional.

 

Jesús Chávez Marín es editor de Estilo Mápula, en equipo con Javier Chávez Bejarano.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Renée Nevárez Rascón. Buscar la luz

Foto Pedro Chacón

Buscar la luz

 

 

Por Renée Nevárez Rascón

 

 

Escuchamos las sirenas a todas horas, ya ni siquiera nos sobresaltan. No hace mucho que sonaban por otras razones igualmente tristes. De todas formas, ya no podíamos caminar libremente por las calles.

Ahora tenemos un miedo distinto: el de respirar.

No sé qué pasa con el mundo, ¿se trata de extinguirnos de todas las maneras posibles? Amenazados con un arma, intoxicados, contagiados, muertos de hambre. El caso es que estamos finalmente acorralados, refundidos en el temor, en el recuento de la desgracia, que las noticias se empeñan en detallarnos con imágenes aterradoras. Nunca fue la vulnerabilidad tan profundamente verdadera.

Los caminos, que los pasos horadaron, están ahora quietos, con el lomo calvo de cara al sol. Las paredes de las iglesias, que el humo del tiempo había desfigurado, se cruzan de brazos ante el eco fantasma de la vida vivida ahí, en la ningunía que fuimos, codeándonos por esas calles.

Las bardas se permiten ser derramadas por las últimas, radiantes octubreras, pero no hay testigos. Las campanas de los templos no repican, las serenatas debajo de las ventanas han enmudecido; queda solamente la voz de las sirenas que anuncian la muerte, que sueltan sus alaridos como La Llorona de nuestras leyendas.

Ese monstruo hecho de sustancias tóxicas, de balas, virus, miedos y rabias, circunda por nuestras calles. Sus ojos son nuestros propios ojos, asechando en la oscuridad y su mano infinita corre por las avenidas como una serpiente de mil cabezas.

Sin embargo, ante todo esto, tendríamos que salir más puros de nuestras propias lágrimas, de tantos sin abrazos, de esta impaciencia y este íntimo temblor que nos perfora las entrañas. Para que un corazón se abra, primero debe romperse, dijo un sabio.

Nuestro endeble barquito de papel no ha culminado su travesía por el océano, pero cruzarlo, navegar cada noche en la masa de sus aguas, nos da una perspectiva que de otra manera jamás conoceremos.

Tal vez la vida se trate de avanzar a pesar de todo y, como el tallo de las flores que se abre paso bajo la tierra, elevarse. Y esa resiliencia de los árboles que crecen en la ranura de la piedra, esa locura de la rosa por fundirse en la flama de su pasión transitoria, sea tal vez lo único que cuenta: buscar la luz, donde quiera que esté, como los girasoles.

 

 

 

 

 

Renée Nevárez Rascón escribión para El Heraldo de Chihuahua, el libro Los escritores de Chihuahua en 1982 y en la revista Letras y algo más”. A lo largo de su carrera, colabora con numerosos músicos y poetas, poniendo música a sus versos o versos a su música. En 1992 viaja a España, donde radica por 20 años, y publica dos antologías con poetas valencianos: La primera en la colección Algo que decir, del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia; la segunda en Caminos de la palabra”, con la Fundación Max Aúb en Segorbe. A su regreso a México es invitada a participar en la antología Todo es posible, y luego publica su primer libro en solitario, llamado Marea del naufragio. Posteriormente es invitada a participar en el colectivo cultural Voces de mi región, en la que forma parte de la organización del Festival de poesía de Chihuahua. En este colectivo, la poeta funge como periodista cultural y presentadora, además, es editora de la revista Voces y de papel, así como de Voces y letras, en la que se presentó una antología de poesía infantil llamada Poesía para iluminar, de la cual es también editora y colaboradora. Prepara una publicación de dos libros más, llamados Luciérnagas en la noche del alma y El Septentrión”. Actualmente es maestra de canto y cantante profesional.

lunes, 5 de agosto de 2019

Renée Nevárez. Tus ojos

Tus ojos


Por Renée Nevárez


“Y si” a pesar de todo
–un puntito desleído–.
Cabrían tantas cosas
ahí
cosas fortuitas
las once veces de ser
en las dimensiones
donde es probable todo
sin embargo
si acaso
tal vez
el viento danzante
en la arboleda
y un rayo en los labios
de la flor
y un ojo-pez que mira adentro
y afuera.
“Y si” la cabra tuviera cola de pez
y patas de montaña
“y si” mis manos alcanzaran
el precio de Dios
agujereado en mis bolsillos
y pagado al dios del polvo
“y si” todo tan cierto fuera
así, justamente
yo no podría conocer tus ojos.



Renée Nevarez Rascón empezó su profesión artística como cantante y compositora durante más de 10 años en Chihuahua, hasta que fue radicar en España por 17 años. Allá se dedicó a la literatura. Actualmente pertenece al grupo Ópera Siglo XIX y se dedica a la composición musical, la escritura, el canto y la enseñanza. Es autora del libro de poemas Marea del naufragio y su obra aparece en dos antologías, una poética en El Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia en su colección Algo que decir y otra de narrativa para la que escribió el relato poético “Eres eco” con la Fundación Max Aúb de Segorbe en su colección Caminos de la palabra.

miércoles, 27 de junio de 2018

Renée Nevárez Rascón

Acerca de Árboles en mi memoria libro de Martha Estela Torres Torres


Por Renée Nevárez Rascón  


El libro de cuentos Árboles en mi memoria de Martha Estela Torres Torres es de una profusión y diversidad tan rebullidas como ciertamente son los árboles de la primavera, infinitos en la sorprendente repetición de sus patrones fractales, y a la vez distintos unos de otros en sus corvaduras.
Nos asombra en primera instancia la imaginación de la cuentista y su generosidad para contar historias que van desde la inocencia de un niño hasta la más aterradora visión diabólica.
En este tipo de relatos, oscuros o de suspenso, Martha Estela se percibe cómoda y sustanciosa literariamente. Crea una atmósfera minuciosa en la estética de su relato con la que envuelve al lector para que ningún cabo quede sin resolver. No permite la sombra de la duda, nos lo da todo, lo aclara todo; su lectura es diáfana, aunque muchas veces la conclusión se revela distinta a la lógica y al sentido común.
Sus personajes son hombres y mujeres de una psicología definida y profunda, sin datos que nos distraigan. Aún si el cuento es narrado a manera de diálogos, las razones y sentencias que los propios personajes muestran como una carta abierta pueden ser identificados plenamente por el lector.
El relato así narrado es vertiginoso en la pluma de Martha Estela, pues abre un horizonte rápido a partir del cual somos capaces de comprender la fórmula del cuento y el espíritu con el que fue concebido.
Tal como la rauda escritura de Margarite Yourcenar, Martha Estela empieza como un potro que cabalga y no descansa hasta que llega, y no nos permite descansar.
El cuento “Punta diamante” que es un diálogo sin guiones ni comillas, es un claro ejemplo.
En dicho relato la autora escribe en un lenguaje absolutamente coloquial hasta el delirio; delirio en el denso ambiente de la trama y delirio en el lenguaje de sus protagonistas. Este delirio de alguna u otra manera nos acompaña durante el resto de la lectura.
Esta autora nos recuerda en ocasiones a algunos grandes talentosos delirantes como Henrich Böll en su libro Opiniones de un payaso en el cual delira a través de un monólogo sin fin en el que no perdemos ni una sola de sus líneas, donde el escritor nos arrastra emocionalmente a su infierno personal y también a su gloria literaria: el único factor de triunfo en la obra doliente.
Martha Estela recoge de García Márquez el perfil atormentado y lleno de misterio, de magia y de sombras del pasado de sus personajes. Cualquiera de las historias que ella relata, leyendas horribles o románticas podrían ser el argumento para un Cien años de soledad o un La cándida Eréndira y su abuela desalmada, pero ella lo condensa y así, hechos una acordeón conceptual, nos entrega el sumum de sus causas.
Algunos de los universos de esta autora son irreales y sin embargo cercanos a nosotros; tal vez sean las mismas leyendas o fantasías, ya sea por el aire de su lenguaje netamente chihuahuense, por las calles, los paisajes, los objetos familiares o las personalidades iguales a las que diariamente vemos en nuestros propios universos.
Así, nos topamos de frente con su cuento “Estilismo y expresión”, que detalla, a partir de un diálogo ininterrumpido las banalidades que es posible escuchar en una estética desde la vanidad personal hasta las terribles noticias de nuestra situación social.
La peluquera y la clienta se internan verbalmente en el aciago mundo del narcotráfico, empezando por la esperpéntica, protozóica y desquiciada moda narco. Las imposibles botas de pico tan grande como el ego del que las porta, las camisas de arrebatadas tonalidades, los cinturones como una evocación del triunfo que, por más que nos lo impongan, jamás será reconocido.
Esto nos conduce a una importante reflexión, planteada entre líneas por la escritora: ¿Acaso Chihuahua ha sucumbido también finalmente a los encantos del realismo mágico?
Reducidos por causa de la pobreza, la ignorancia o la desesperanza surgen por ejemplo los héroes enmascarados de la calle con su filosofía del desastre y la derrota sublimadas; surge la santa muerte como una anticonsuelo después de que se han agotado las oraciones y la imaginación de la fantasía religiosa que en los mexicanos es indispensable. Ellos trasladan ese mismo fervor, pero a la oscuridad. Tal vez allí se sienten a sus anchas, merced a esa vieja  propensión inquebrantable por la negrura.
Los personajes de este cuento, a la vez gracioso y aterrador, nos hablan de una situación que podría ocurrir en cualquier lugar de nuestra ciudad, en la que se ha terminado el reino de la cordura para entrar en del cucaracherío moral de quienes ordenan a punta de terror y violencia, impunemente.
En este cuento observamos hasta dónde un diálogo como ése, hablar de la realidad tal como es, sin tapujos, tal como nosotros mismos la pensamos a diario, nos puede en un momento destruir. Las temibles consecuencias. Nos vemos reflejados en aquella clienta y aquella peluquera porque es una realidad, un lenguaje y un sitio comunes en el que nos vemos las caras cada día.
No sopesamos ya el bien y el mal sino para protegernos de ambos por igual; Martha Estela sugiere que este es el realismo mágico en el que nos hemos visto envueltos sin querer, realismo en el que los personajes disparatados, ofensivos y grotescos triunfan (como es el caso de la película Salvando al soldado Brian) y nosotros, después de la hecatombe como sucede en la película La rosa púrpura del Cairo de Woody Allen nos sentamos a aplaudir, hipnotizados por el carisma del personaje sin importar su calidad moral, sus valores o sus frutos.
Historias cercanas y peligrosas como esta o de crítica por el detrimento en el que han caído nuestras preferencias nos mueven algo por dentro, la toda junta humanidad que somos: el ningunero aplaudiendo el sinsentido y la desvergüenza, y nos dejan desnudos del alma frente el espejo que entre todos conformamos, anigunándonos, escondidos detrás los unos de los otros.
En otro de sus cuentos, “La lámpara de Aristo”, la escritora nos enfrenta con otra realidad, producto del cucaracherío político que nos asola: es la realidad de los maestros universitarios, aquellos que con maestrías, doctorados y cientos de exámenes por revisar cada semana, aceptan los contratos temporales que no les permiten obtener antigüedad en tanto no consigan un “tiempo completo”. A 70 pesos la hora de clase, estos maestros ganan menos que un empleado de la limpieza, quien además sí tiene servicio médico.
Aristo es uno de esos seres “culturales” a los que es fácil demorar el pago por misteriosas y divinas providencias burocráticas. La cultura en esta ciudad, sin duda, no es un negocio rentable, es lo que piensa la mujer de Aristóteles.
En sus propias palabras se pregunta: “Por qué será que la cultura y la educación que promueve la justicia y el sueldo igualitario entre hombres y mujeres nos tiene a nosotros tan pobres?” Ella no entiende ni el amor de Aristo por la cultura ni al resto de la humanidad que la minimiza. “Los políticos piensan”, asegura ella, “que todo lo creemos, que tenemos una rayita y una ruedita en la frente, pero aunque somos pobres, todavía pensamos y sabemos cómo se mueve el mundo y cómo son algunos que se rebelan a los de arriba, porque no les dejaron el puesto que les ofrecieron y luego los asilencian con candidaturas, lanzando a sus señoras de la cocina a la presidencia… Y no hablo de equidad de género”, continúa diciendo ella, “ese pa´ mí que ya es una lucha de poder, hablo de la equidad de vida, de correspondencia en las cosas simples.”
De este modo ocurre en Chihuahua donde es difícil subsistir todo el mundo, y más para los “seres culturales”. En un lugar donde la cultura es el último pececito en la cadena alimenticia, estas palabras adquieren un peso real por sí mismas.
Existe en nuestra sociedad un grave problema cultural y artístico que repercutirá en todo lo demás. Sin la sensibilidad, la creatividad, la locura, la visión y la comprensión de un “ser cultural”,  corremos el peligro de la sin conciencia y la ceguera. La cultura no tendría por qué ser un lujo, sino una forma de preservar nuestro vínculo como humanidad que se ha trascendido a sí misma a través de las eras, y sin embargo continúa haciéndose las mismas preguntas.
Este “Gutierritos” de Martha Estela que todos hemos conocido alguna vez, o que todos los escritores hemos sido alguna vez, nos muestra el otro lado de la moneda política que se gasta hoy en día en nuestro país. Es el pececito, la insignificante abeja que, si se extingue, como asegura Albert Einstein, provocaría la extinción de todo lo demás.
En la segunda parte de este libro encontramos historias propiamente novelescas. Algunos relatos contienen posibilidades sustanciosas, situaciones y personajes que serían dignos de una atención más detallada. Sin embargo la cuentista nos deja satisfechos en cada uno, con su justa dosis, aunque imaginamos que podrían ser incluso el guión de una película. EL libro es una constante lente en la que es fácil imaginar una pantalla con los sitios, situaciones y personas que la autora describe.
Tenemos, por citar solo uno de los ejemplos, el cuento de “Margarita,” en el que claramente podemos ver a la camarguense Elsa Aguirre, a Arturo de Córdoba y a Ramón Gay interpretando los papeles estelares. Nos encontramos después con “Radiante”, el cuento de una mujer que, obsesionada con la belleza y la juventud, toma baños de luna fría. Andrea Palma, con su lánguida belleza blanca, sería esta mujer.
Tal vez Martha Estela, en otro enfoque, ya fuera del cine, hace un guiño en este relato a ciertos atormentados seres que se han convertido en sus propios enemigos, hombres y mujeres incapaces de aceptarse a ellos mismos. Acuden entonces a los remedios más extraños, y en lamentables ocasiones, definitivos. Sin embargo ellos jamás se darán jamás su aprobación. Este, señala entre líneas la escritora, es otro de los grandes males de la sociedad.
Martha Estela toma de su entorno todo lo que de él chorrea y lo reparte en este libro. Hay historias reales, fantásticas, horridas, historias cotidianas, leyendas, pesadillas, visiones que hemos tenido, hemos escuchado o hemos soñado alguna vez.
En el cuento “El filo del miedo”, la autora nos recuerda indefectiblemente a Jorge Luis Borges cuando habla del destino real de un cuchillo, implícito en su sola concepción. El cuchillo busca o espera la muerte, ese es su destino, dice Borges, y no puede sustraerse de él. Con la bárbara intención del filo, el cuchillo no intuye otra cosa, no sabría cómo hacerlo si pudiera intuir. Cada cosa posee un destino, cada uno de nosotros, también. Estamos hechos del filo de un cuchillo, del ala de una mosca o del sépalo de una flor. Todos acabamos siendo lo que somos en algún momento, nos delata un penacho invisible que cuenta nuestras historias secretas que pensamos que lo son porque no las nombramos. El caso es que ellas son el perfume de ser que otros aspiran hasta en los detalles más simples, en una sola mirada.
El protagonista de este cuento busca venganza: “Desde aquel día se me quedaron los Rodríguez guardados en el alma como brasa ardiente que me quemaba a todas horas, nomás pensaba cómo diablos hacerlos pagar lo que le hicieron a mi padre. Me ponía a pensar dónde le dolería más a Fabián para vengar la afrenta que le hicieron a mi pobre viejo; lo más fácil era pensar en su familia, pero era injusto irme contra inocentes, por eso desistí un tiempo. Pero cada vez que veía las cicatrices de mi padre, me volvían a despertar la rabia dormida”.
Tal es la historia de este cuento desgarrador que fácilmente podría convertirse en una novela dramática al estilo de Isabel Allende o de Ángeles Mastreta. Martha Estela es generosa con su arte como probablemente lo es en su vida. Entrega la riqueza de su conocimiento, es como una mano abierta donde hay un imposible lago que refleja todas las estrellas. Brinda todas sus estrellas, hasta la más ínfima, hasta la más remota; no se queda con nada en el sombrero, los conejos del mago corren por sus páginas como los pequeños conejos peludos y blancos que salían de la garganta de Julio Cortázar e inundaban su apartamento.
El libro es un libro interminable. No parece que Martha Estela haya concluido con el punto final, sino que se “huelen” otros cocimientos literarios en él, muchas más historias de este Chihuahua nuestro, plagado de vientos arenosos, de auras altas y tristes en los días de vendaval, de gente con los ojos acechantes en la proximidad del peligro, pero gente casi toda buena que se levanta con los primeros fuegos del desierto y soporta en sus espaldas el poderoso rigor del septentrión.
Chihuahua de la sed, del sequío, del dolor sombroso por las cosas acalladas, por las llagas de sus muertas, por sus madres de profundas impotencias, de marchas por el centro de la ciudad ante los ojos de la gente que no las mira, madres que a nadie importan.
Ese Chihuahua de Martha Estela que todos conocemos, lenguaje que hablamos, desde su pan hasta su soledad de piedra dormida es el tema de su libro. Encontramos elementos familiares que enseguida nos imbuyen en la trama.
“Árboles en mi memoria”, el triste relato de un entrañable manzanero que ama sus árboles, que los alimenta incluso en sus sueños, que los recuerda como si al recordarlos los alimentara, es el cuento que da nombre al libro.
El manzanero, desconsolado por la injusticia que los intermediarios cometen con los campesinos, arremete en contra de su propia cosecha, arrancando con ella las alas de su espíritu, porque el hombre, aunque lo haya enterrado al fondo de un abismo de sin razones, de olvidos y de inconsciencia, sigue siendo el hijo de la tierra, y ese vínculo, que la tierra sabe, incluso por debajo del asfalto, nos reclama a cada momento. No es solamente la tierra, es la entera vida, el cosmos, el infinito que viene a buscarnos a cada momento por los ojos de las estrellas. EL manzanero nos recuerda que aún si acabamos con nuestro mundo, con nuestra tierra, subsistirán de algún modo los árboles en un rincón de nuestra memoria, el aire verde de sus hojas sopladas por la brisa, los paisajes, el vuelo del águila, La Natura que somos, el agua que somos. Siempre seremos llamados por ella, siempre existirá el anhelo del barro en nuestros pies.
Los relatos de Martha Estela son árboles en su memoria que han sobrevivido a la poda, árboles que ahora crecen en otros suelos de otras almas. No importa quién o cómo haya podado lo que tenemos, lo que soñamos; nadie podrá podar lo que sabemos y lo que somos: de eso no hay regreso, como tampoco se regresa del amor. Es un éxodo sin destino que, así como el alma del cuchillo quiere matar, el amor lleva en su esencia la pura pasión de ser, renacer, y vivir impecablemente en sí mismo como vive la tierra de la que somos los hijos pródigos, renegados, los hijos que se han ido de la casa materna pensando que era su pasado, como Borges lo expresa en alguna de sus reflexiones.
Pensé, dijo el escritor, que Argentina era mi pasado, pero Argentina resultó ser mi futuro. Allí regresó y su tierra, siempre fértil y fresca, lo esperaba. He ahí nuestro final, el antefinal del principio que es la muerte. Esto que la tierra representa en sus entrañas, y que llevamos en nuestro destino de venas y de agua, es también, en el círculo sagrado del todo, a pesar de la poda, nuestro principio vital.

Torres Torres, Martha Estela: Árboles en mi memoria. Editorial Secretaría de Cultura de Chihuahua, México, 2018.






Renée Nevarez Rascón empezó su profesión artística como cantante y compositora durante más de 10 años en Chihuahua, hasta que fue radicar en España por 17 años. Allá se dedicó a la literatura. Actualmente pertenece al grupo Ópera Siglo XIX y se dedica a la composición musical, la escritura, el canto y la enseñanza. Es autora del libro de poemas Marea del naufragio y su obra aparece en dos antologías, una poética en El Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia en su colección Algo que decir y otra de narrativa para la que escribió el relato poético “Eres eco” con la Fundación Max Aúb de Segorbe en su colección Caminos de la palabra.