viernes, 7 de septiembre de 2018

Raúl Sánchez Trillo. Malatesta

Malatesta


Por Raúl Sánchez Trillo


E.H. Carr, al hacer el balance de la ruptura entre socialistas libertarios y autoritarios, en el Congreso de la Haya de 1872, escribe: “Ni Miguel Bakunin ni Carlos Marx legaron al morir ninguna organización internacional consagrada a la aplicación de sus principios revolucionarios a escala mundial, pues ninguna de las “Internacionales” disidentes en que la organización matriz se escindió (…) llegó a sobrevivir más de medio decenio. Más o menos organizados, pero sin fuerza apenas, siguieron existiendo grupos marxistas y bakunistas (…) Hubiera sido precipitado predecir entonces si los revolucionarios del futuro levantarían el estandarte de Marx o el de Bakunin. Pero indudablemente Marx poseía una formidable ventaja sobre su rival. Legó a sus seguidores un claro y bien trabajado cuerpo de doctrina”. Doctrina de la que Bakunin se pitorreó en su tiempo señalándola como intrínsecamente autoritaria.
Si en verdad el infierno existe, desde sus profundidades Miguel Bakunin ha de haber soltado una sonora carcajada al escuchar el primer golpe de piqueta sobre el muro de Berlín. El tiempo le daba la razón en el histórico debate sostenido con Carlos Marx. El claro y bien trabado cuerpo de doctrina, al que se refiere Carr, se convirtió en un dogma, religión disfrazada de teoría científica para otorgarle un sentido a la historia, ese diosecillo travieso que se niega a quedar encasillado en los límites marcados por los materialistas dialécticos. Ante el derrumbe de lo que se conoció como socialismo real –o mejor dicho, con palabras de Bakunin, socialismo autoritario– aún se trata de buscar en la vieja doctrina una razón que la redima, ora culpando a Stalin o derrumbando a Lenin de su pedestal, para encontrar la explicación del aberrante desvío que produjo la Cheka, el aplastamiento de los marinos de Kronstadt, los campos de trabajos forzados, la quema de las obras de Shakespeare en la revolución cultural china, los crímenes de Pol Pot, Tianamen, Sendero Luminoso, o lo que es peor quizá: el sacrificio de generaciones de revolucionarios que se batieron inútilmente, como diría Simone Weil, al igual que los troyanos bajo la sombra de Helena.
Los revolucionarios del futuro levantaron el estandarte de Marx; tal parece que el autoritarismo ejerce sobre las masas y los intelectuales una extraña fascinación. El hombre dueño del presente quiere ser dueño también del futuro, por eso inventa fórmulas fijas y soluciones claras e intenta adaptar a los individuos a esquemas racionales concebidos en función de una idea teórica. Es difícil resistir la tentación de caer en la seguridad de una doctrina capaz de explicarlo todo, todavía más si esta se presenta ungida por el poder científico. Solo unos cuantos locos han resistido esa tentación. Tercos predicadores de la anarquía, se han visto frecuentemente sepultados por la indiferencia de los influidos por el terrible poder de las abstracciones ideológicas, pero a veces su pensamiento y sus ideas llegan a ser un destello. Tal es el caso de Errico Malatesta, quien planteó la anarquía como un estilo de vida y no como teoría científica.
Malatesta dedicó sesenta años de su vida al movimiento anarquista europeo. Tuvo en América dos activos partidarios: Emma Goldman y Alexander Berckman y a través de ellos ejerció una importante influencia sobre Ricardo Flores Magón. Un breve esbozo biográfico aparecido en el libro Los anarquistas, de Irving Louis Horowitz, nos dice que cuando estudiaba medicina en la Universidad de Nápoles abrazó el credo republicano para convertirse después en socialista.
Ingresó a la Primera Internacional, donde fue partidario de Bakunin. Actuó constantemente en favor de los principios de acción directa, la ocupación de tierras y la huelga general. Organizó un buen número de revueltas obreras e insurrecciones. Pronunció discursos antiestalinistas en muchas asambleas anarquistas de carácter internacional. Presentó importantes descripciones del anarquismo comunista y de las tácticas anarquistas, que tuvieron un gran impacto en el seno del movimiento. Como muchos otros anarquistas, Malatesta, que tenía por ahí una lanilla, usó sus bienes al servicio de la causa. Ganó el apoyo de amplias secciones de sus compatriotas cuyas demostraciones y huelgas en su favor lo salvaron de la muerte y la cárcel en muchas ocasiones. Nunca se ganó la vida como escritor, sino como trabajador manual. Preso y exiliado en múltiples ocasiones, se dice que encontró oro en Argentina, anduvo por Estados Unidos y publicó varios periódicos radicales. Participó en la insurrección de Jerez en España y en la huelga general de 1895 en Bélgica. En su exilio en Inglaterra vendía helados en las calles de Londres para ganarse la vida y por la noche escribía brillantes artículos para los periódicos italianos. Regresó a Italia donde murió, a los 79 años, bajo arresto domiciliario durante el régimen de Mussolini. Su obra más conocida en inglés es el panfleto Anarchy, del cual existe una versión en español titulada La anarquía y el método del anarquismo.
En La anarquía y el método del anarquismo Malatesta define a la anarquía como sinónimo de socialismo, la cual surgiría “del libre concurso de todos mediante la asociación espontánea de los hombres con arreglo a sus simpatías y necesidades, de abajo arriba, de lo simple a lo compuesto, partiendo de los intereses más inmediatos para llegar luego a los más lejanos y generales… (y tendría por finalidad) …el mayor bienestar posible y la mayor libertad de todos, reuniría a toda la humanidad en fraternal lazo y se modificaría y mejoraría conforme se modificasen las circunstancias y las enseñanzas de la experiencia”. En cuanto al método: “…es, justamente, lo que ante todo diferencía a los partidos y determina su importancia en la historia. Dejando aparte el método, todos dicen que quieren el bien de los hombres y muchos lo desean francamente… Es necesario, pues, ante todo, considerar la anarquía como un método”.
Según su entender los métodos de los diversos partidos no anarquistas, de los cuales se espera el mayor bien para todos, pueden resumirse en dos: El autoritario y el llamado liberal.
“El primero confía a unos cuantos la dirección de la vida social y fomenta la explotación y opresión de la masa por parte de algunos privilegiados. El segundo se ampara en la libre iniciativa individual y proclama, si no la abolición, la reducción del gobierno al mínimum de atribuciones posibles; mas como respeta la propiedad y todo lo funda en el principio Cada uno para sí, y por consiguiente en la competencia entre los hombres, su libertad es solo la libertad de los fuertes… para oprimir y explotar a los débiles”. Este segundo método tiende a aumentar la distancia entre ricos y pobres llevando casi siempre a la tiranía. Malatesta continúa: “Los anarquistas presentamos un método nuevo: la libre iniciativa de todos y el pacto libre después de que, abolida revolucionariamente la propiedad privada, todos están en posesión de igualdad de condiciones para disponer de la riqueza social. Este método, no dejando lugar a la reconstitución de la propiedad privada, debe conducir, por medio de la libre asociación, al triunfo del principio de solidaridad. (…) “¿Cómo se educarán los niños?, no lo sabemos. Los padres y los maestros y todos los que se interesan por la suerte de las nuevas generaciones se reunirán, discutirán y se pondrán de acuerdo o se dividirán y por último pondrán en práctica los medios que tengan por más eficaces. Y con la práctica, el método que realmente sea mejor acabará por triunfar. (…) De igual modo se resolverán todos los problemas que se presenten”.
Errico Malatesta es una especie de puente entre los anarquistas del siglo pasado y del presente. Anticientifista, no cae en el error de equiparar a la anarquía con una ciencia o una filosofía. No es tampoco un irracional sino más bien un racionalista crítico. Consecuente con ello enfiló su crítica también hacia el campo libertario, como es el caso de Kropotkin, quien intentó presentar a la anarquía como una ciencia o un sistema social que debía darse por necesidad natural, algo similar a la doctrina del socialismo científico. Al respecto, el libertario italiano nos dice: “El anarquismo es un modo de vida individual y social a realizar por el mayor bien de todos, y no un sistema, ni una ciencia, ni una filosofía”. Y luego explaya su pensamiento:
“La ciencia es la recopilación y la sistematización de lo que se sabe o se cree saber: señala el hecho y trata de descubrir sus leyes, es decir las condiciones en las cuales el hecho se produce y se repite necesariamente.
“Satisface ciertas necesidades intelectuales y es al mismo tiempo instrumento valioso de poder. Mientras indica en las leyes naturales el límite a la arbitrariedad humana, acrecienta la libertad efectiva del hombre dándole un modo de hacer servir esas leyes en su beneficio. Es igual para todos, y sirve indiferentemente para el bien y para el mal, para la liberación como para la opresión.
“La filosofía puede ser una explicación hipotética de lo que se sabe o una tentativa de adivinar lo que no se sabe. Plantea los problemas que escapan, al menos hasta ahora, a la competencia de la ciencia, e imagina soluciones que por no ser, en el estado actual de los acontecimientos, susceptibles de pruebas, varían y se contradicen de filósofo a filósofo cuando no se convierte en un juego de palabras y en un fenómeno de ilusiones, puede ser estímulo y guía de la ciencia, pero no la ciencia.
“La anarquía, en cambio, es una aspiración humana, que no está fundada sobre ninguna verdadera o supuesta necesidad natural y que podrá realizarse o no, según la voluntad humana. Aprovecha los medios que la ciencia proporciona al hombre en su lucha contra la naturaleza y contra las voluntades en oposición; puede utilizar los progresos del pensamiento filosófico, cuando sirven para enseñar a los hombres a razonar mejor y a distinguir más fácilmente lo real de lo fantástico; pero no puede ser confundida, sin caer en el absurdo, ni con la ciencia, ni con un sistema filosófico cualquiera. Se puede ser anarquista cualquiera que sea el sistema filosófico preferido. Hay anarquistas materialistas como los hay espiritualistas, hay monistas y pluralistas, agnósticos y –como yo mismo– los hay que, sin prejuzgar los posibles resultados futuros del intelecto humano, prefieren declararse simplemente ignorantes”.
El anarquista italiano no deja lugar a dudas y ataca  el exceso de cientifismo con que han sido recubiertas las doctrinas sociales del siglo pasado. Al dar un espacio a la voluntad humana y a la libertad, recupera la responsabilidad moral que tienen los luchadores sociales, independientemente de las famosas condiciones históricas, que han servido inumerables veces para justificar crímenes contra la humanidad.
Contundentemente señala: “La ciencia es útil e indispensable en el terreno de la lucha social para establecer los límites donde acaba la necesidad y comienza la libertad; más para que los hombres tengan la fe, o al menos la esperanza, de poder realizar una obra útil, es preciso admitir una fuerza creadora, independiente del mundo físico y de las leyes mecánicas. Y esta fuerza es lo que llamamos voluntad. Los materialistas deterministas y mecanicistas niegan todo eso, creen que todo está sometido a la misma ley mecánica, que todo está predeterminado por los antecedentes físico mecánicos, tanto el curso de dos astros como el brote de una flor, la emoción de un amante o el desarrollo de la historia humana… Pero entonces, a pesar de todos los esfuerzos seudológicos de los deterministas por conciliar el sistema con la vida y con el sentimiento moral, no queda puesto, ni pequeño ni grande, ni condicionado ni incondicionado, para la voluntad y la libertad”.
Malatesta, que se autocalificó modestamente como ignorante, fue un activista revolucionario que hizo agudas observaciones en el seno del movimiento anarquista. Sus pensamientos habrán de tenerse en cuenta por los revolucionarios de este fin de siglo. Fue un hombre de buen corazón que tuvo fe en un futuro solidario para la humanidad, pero no la fe ciega y dogmática de los religiosos o iluminados por una filosofía científica sino, como él la definió poéticamente:
“La fe –en nuestro caso– no es una creencia ciega; es el resultado de una firme voluntad unida a una fuerte esperanza”.

(Esta crónica de Raúl Sánchez Trillo es parte de su libro Notas anárquicas, inédito).




Raúl Sánchez Trillo estudió la maestría en artes visuales en la ENAP/UNAM. Escribe crónicas y es profesional de la fotografía de arte. Fue director de la Facultad de Artes y actualmente lo es de Extensión y Difusión Cultural de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Carmen Julia Holguín Chaparro. Su poema Digo yo como vaca

Digo yo como vaca
        

Por Carmen Julia Holguín Chaparro


para Guadalupe Dueñas, in memoriam


Apacible,
echada sobre el pasto infinito,
rumiando el tiempo eterno de la muerte;

tranquila bajo la calidez
de un cielo sin nubes,
despejados por fin todos los misterios
y miedos que te atormentaron,
todas las penas que te consumieron,
todo el horror y la pasión
que intentaste conjurar tenazmente
con la desnudez de tu palabra;

masticando sin fin,
con placidez,
la verdad que ya conoces;
espantando infatigable
las respuestas que ya no te sirven,

ahora estás,
ojalá estés,
con el sol sobre tu cuerpo tendido,
acariciándote las horas
sin sed alguna resecando
tu garganta;

tranquila
como soñaste desde el día preciso
en que naciste,
digo yo
como vaca.




Carmen Julia Holguín Chaparro es doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Nuevo México. Al lado de su trabajo académico, escribe cuento y poesía. Ha participado en encuentros de escritores en distintas partes de México, Estados Unidos y Argentina; hay textos suyos en antologías y revistas de México, Estados Unidos, España y Uruguay. Tiene dos libros de poemas: A tu prójimo amarás (2008) y El que tenga oídos… (2014).

martes, 4 de septiembre de 2018

Reyna Armendáriz González. Superación personal

Superación personal

Por Reyna Armendáriz González

la vida te sonríe
simpática ella
medio desdentada y bizca
llena de caries y fetideces

la vida te sonríe

el nombre te arrastra por un abismo

los libros de Coelho te apagan los ojos

el tiempo te aja la mano sobre la mesa
mientras esperas el mejor plato.





Reyna Armendáriz González es licenciada en letras españolas y maestra en educación superior. Ha dirigido durante años columnas de poesía en El Heraldo de Chihuahua y en otros periódicos de Chihuahua. Sus textos están publicados en antologías y revistas literarias y en sus dos libros de poemas: Estuario: remotas estancias y Yace partido el puente de la niebla. Es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Luis Kimball. Profundo Sinaí


Profundo Sinaí


Por Luis Kimball


I

En el ’77 entraba con mi papá a Chihuahua, por el norte. Pasando Mundo Feliz, me dijo: “Aquí ni un peso en la bolsa se cambia por sueños”.
Pero yo no buscaba El Dorado. Ya acabando el ’90, mientras cuidaba la tienda de Marcelo, un loco trató de perforarme con un cuchillo Mula del Army, por no dejarlo asaltar. Insistente. Lo saqué, pero no se estaba.
Al otro lado de la calle Américas (son seis carriles) estaba parado un vaquero con traje francés, camisa negra sin corbata y chaleco, también de un azul oscuro muy específico. Parecía esperar el camión.
Imagina un Johny Cash de 50 o más, o menos, pero no exactos. Nos ve saltando las mesas y hace ademán de mirarel reloj; luego atraviesa la calle a zancadas sobre botas tipo español, de mantarraya negra. No recuerdo que hiciera ruido.
Tomó el brazo del malandro, evidentemente más fuerte que yo, lo torció y lo bajó de la banca de un sopapo. Le dijo mientras lo abrazaba: “no te puedo devolver tu cuchillo porque andas muy pasado”.
Los botones del chaleco en cobre mate, que imitaba plata sahumada, tenían la doble B de Bill Blass. Volvió a ver el reloj: un pequeño Michele Herbelin sin más cosa en su carátula dorada que la manecilla de horas. No sé qué le dijo, pero seguro algo puntual, porque volvió a cruzar la avenida y el autobús se detuvo a recogerlo.
Un mesías algo gringo, algo samaritano. No sé, una ciudad como esta de dónde saca a estos personajes, o peor, ¿a dónde van?
Ya salvado regresé, recogí los Frutsis, me vendí un cigarro. Cerré la tienda y seguí leyendo: Una mujer en la oscuridad de Hammet, libro que deshace la trama de la novela. El día estabafrío


II

Estas semanas que empieza el siglo patino con óxido de cobre un mármol egipcio llamado Profundo Sinaí (brilla como oro y evoca muchas cosas). Ya no estoy seguro del sentido que guardaba esa frase de mi papá, pero entiéndola, dijo. Para que se modificara en el tiempo. Puedo describir su carro y lo que traía puesto.





Luis Kimball nació en Chihuahua en 1974. Vivió en Chihuahua, en Veracruz, en la ciudad de México, y ahora reside en Querétaro. Hizo estudios universitarios que no le satisficieron. Se interesa en el conocimiento y escribe desde joven, ha publicado en la revista Solar y en Manual del desierto. Es coautor del poemario Luna de hiel para tres, y autor de Puros de amor. Ha participado en la coordinación de espacios culturales y actualmente coordina el taller literario Escritura al día.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Andrés Espinosa Becerra. Final de día

los martes
Final de día

Por Andrés Espinosa Becerra

Desconozco la ciudad al caminarla,
casas derribadas, esquinas de tiendas
antiguas, señalamientos viales distintos;
en una tienda de hace muchos años
compro tres platos, un sartén,
cucharas y trapos para la cocina.

Ahora son las nueve de la noche,
hoy,
a las cinco de la mañana lavo
mi cuerpo,
a las siete lavo los trastes,
hago una lista para el supermercado.

La lluvia se va, como siempre.
Es de noche.
Compro unos tamales.

Dormitando en el sillón,
pienso en los pasos que da una ciudad,
siento los pasos que da mi vida,
al fin,
el recuerdo se me cae de la mano.




Andrés Espinosa Becerra nació en Córdoba, Veracruz. Es productor de radiofonía cultural y tiene publicados dos libros de poemas: Quinteto para un pretérito y Los días que no duermen. Hizo estudios de literatura hispanoamericana y cultiva un perenne gusto por el jazz, el blues y la música sinfónica.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Alejandra Hernández Figueroa. Salir de ti

Salir de ti



Por Alejandra Hernández Figueroa



Salir de ti,
reunir trozos de mi piel dispersos
en la noche de tus manos
y ponerlos a resguardo de otro hombre.

Salir
sin que la luz lo sepa,
sin que las cenizas crujan a pasar
por tu sombra.

Y llevarme lo que tú nunca me has dado,
en la curva de mis venas.

Salir de ti
más allá de la lluvia
donde el silencio es el sol
y caminar
atravesando el viento
donde el cielo y la tierra se separen.





Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.