sábado, 21 de julio de 2018

Rosario Uranga

La casa abandonada

Por Rosario Uranga

Veía entre sueños una casa abandonada
Yo era la calle caminando
que se detenía a mirar por sus ventanas
 imágenes del vacío que estaba dentro
Sentí el llamado de esa casa interna que me esperaba
Quise rescatarla del abandono
con el olvido de un bolso en la silla
Tomando el café desamparado de la madera vieja
o encontrando un amigo para decirle adiós
He de llevarme la soldad de las habitaciones
en un balde
o, tal vez, caeré en el vacío de los enamorados
que no se deciden
perdiendo un lapso de tiempo
 para llegar aprisa
Como si el abandono fuera un Do sostenido
contra la fuga del tiempo
Llevaré entonces contradictorio abrigo en verano
mientras una mujer gris se sienta con disimulo
en elegante mesa
Así entenderé las paredes cuando hablan en sus propios tonos
Y podré ese día desatar las sombras
para que huyan de los rincones
de esta casa dentro de mí








María del Rosario Uranga Escobar es licenciada en ciencias de la comunicación por el Iteso, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Estudió lengua y civilización francesa en La Sorbona de París y toda su vida ha encontrado el conocimiento en distintas escuelas tanto académicas como filosóficas y artísticas. En India tuvo la oportunidad de ingresar como discípula de grandes maestros y de practicar la meditación en monasterios ashrams. Ha publicado sus textos en revistas literarias y filosóficas de Chihuahua y otras ciudades mexicanas. Tiene inédito su libro Arte para despertar.



viernes, 20 de julio de 2018

Gonzalo R. García Terrazas. ¡Adiós Memín!


¡Adiós Memín!

Por Gonzalo R. García Terrazas

Primer amor de mi vida… distancia,
que no pasó del intento…
Distancia
Alberto Cortez

Aquel Domingo de Pascua sentí, por vez primera, el influjo de Eros. Como todos los Domingos de Pascua, significaba el fin de vacaciones de Semana Santa que pasábamos con los abuelos en Satevó, donde, en compañía de primos y  muchachos del lugar, gracias a la libertad, disfrutábamos de divertidas aventuras vagando ad libitum por el pueblo y por el río, lo que acarreaba algunas veces castigos y otras lo dicho por Cervantes, que “el trasero es el fiador de los muchachos” por causa de las travesuras y picardías propias de la edad y de las circunstancias; como circunstancial fue aquel encuentro con algunas semillas de chile colorado que fueron a parar al incensario de la iglesia un Viernes Santo, incrementando considerablemente las piadosas lágrimas de la feligresía y los oficiantes. Inolvidable época de la vida que se recuerda con alegría y no poca nostalgia. Pero aquel domingo sucedió lo inevitable.
Fue al salir de Misa de Resurrección, era un tibio mediodía. Allí estaba Ella, en el atrio de la iglesia, iluminado su vestido blanco por el sol de abril; la mantilla de albo encaje y la oscura cabellera caídas sobre sus hombros creaban un armónico marco al rostro de exquisitas facciones, a los grandes y sombreados ojos castaños que, bajo unas pobladas y bien delineadas cejas, fijaron su atención en mí. Ante aquella inolvidable mirada, que frenó mi afán de buscar a los amigos, quedé paralizado, mudo, con la hormona desbordada en un nuevo y feliz estado alterado. Su boca esbozó una sonrisa, ignoro si para mí o por mi aturdida imagen. Eso fue todo, a la imperativa voz de la madre, ella y sus hermanas emprendieron el regreso. Yo, sin más voluntad, caminé detrás de ellas hasta que entraron en su vivienda, necesitaba ver de nuevo aquellos ojos, fue una vana pretensión, desapareció en un sombrío zaguán poblado de helechos.
Las vacaciones llegaron a su fin, lo que significaba esperar el período vacacional de verano para retornar al pueblo, para estar cerca de aquella muchacha que me hechizó con su mirada y su sonrisa.
Fue un compás de espera largo, lento; dos meses y medio –setenta y seis días– pensando, soñando e imaginando sensuales encuentros, un imperioso deseo de abrazarla, ceñir su esbelto talle y pasar horas a su lado. Por fin el curso escolar llegó a su fin y, con ello, el inicio de las ansiadas vacaciones. Lo más rápido posible me trasladé al pueblo en el camión que surtía el almacén de mi abuelo, y después de instalarme en la espaciosa y fresca habitación y saludar a la familia salí, no en busca de diversión sino para saber de Ella. En la plaza encontré a su hermana, con quien tenía yo alguna confianza por ser amiga de mis primas y, armándome de valor, después de los saludos y algunos circunloquios le conté mi interés por su hermana, necesitaba hablarle.
―¡Mmmm! Ya sé que te gusta Ella, me lo contó tu prima, ―dijo en tono burlón― pero es muy chica y no piensa en nadie.
―Pues yo nomás he pensado en ella ―repliqué de inmediato― Ándale, consígueme una plática con ella en la plaza cuando salgan en la noche.
Ante mi insistencia, se quedó unos instantes cavilando y respondió:
―Bueno, pero ¿qué me das? ―me preguntó sonriendo.
Eso me tomó enteramente por sorpresa, nunca lo hubiera imaginado:
―No, no lo sé ―dije con timidez― ¿un chocolate MilkyWay?
―¡No! ¿Cómo un chocolate por eso? ―contestó airadamente.
―Bueno, la caja completa ―ofrecí con rapidez.
―¡Ay! ¡Claro que no! ―exclamó dándome la espalda.
―Bueno ¿Qué quieres entonces? ―pregunté ansioso.
―Tu colección de Memín Pinguín ―dijo mirándome de reojo.
Ciento cincuenta y seis ejemplares de aquel icono de la historieta mexicana, creación de Yolanda Vargas Dulché, publicación semanal que aparecía los miércoles y me guardaba amablemente la señora del quiosco de revistas; tres años ininterrumpidos de las aventuras del simpático negrito y sus amigos fueron el costo de aquella mi primera cita de amor. Tan intenso como breve fue el debut en el inaugural, inexorable y avasallador ritual de la vida, breve porque me concedió algunos veinte minutos de charla frívola para luego marcharse a jugar al calabaceado y así fueron todos los días hasta el fin de mi estancia en el pueblo, resolviéndose en nada aquella pasión. Sin embargo le agradezco, con toda la efusión del espíritu, la revelación de la Mujer. Por ello nunca consideré una mala determinación el decir: “¡Adiós Memín!”












Gonzalo R. García Terrazas es licenciado en letras españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es gestor y promotor cultural, fue jefe de la Oficina de Desarrollo Artístico del Instituto Chihuahuense de la Cultura y secretario técnico del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Chihuahua. Es coordinador de sección en la revista Paso de gato, revista de Teatro, profesor de literatura en la UACH y consejero editorial del Congreso del Chihuahua. Publica ensayos de literatura y relatos en diversos medios.

jueves, 19 de julio de 2018

Eduardo Laphond. Panorama de miseria en El lugar sin límites

Panorama de miseria en El lugar sin límites

Por Eduardo Laphond

La literatura chilena se caracteriza por su enfoque en las problemáticas sociales. Un autor sobresaliente fue José Donoso, autor comprometido con su tiempo y sociedad. En su novela El lugar sin límites refleja la miseria rural, cuya vigencia no solo está en Chile sino en toda Latinoamérica. Por tales razones en este ensayo se analizará la miseria humana, el espacio físico y psíquico y el realismo social en El lugar sin límites de José Donoso. El valor de esta investigación es para indagar en los elementos y temas de valor que constituyen la novela del autor chileno.
La miseria ha generado un caos en los pobladores de El Olivo. Es un grado mayor de degeneración de la integridad social. Esta no solo es física donde el alimento o servicios  básicos faltan, también es mental donde los valores se van diluyendo. El caos se debe a cómo la moral dio paso al libertinaje. Los pobladores en la novela viven un grado muy alto de degradación de los valores. Se puede evidenciar en la novela que el prostíbulo tiene un mayor poder social que la misma iglesia del pueblo. Esto se hace más patente en la fiesta del vino.
La degeneración social en la fiesta del vino como remembranza al culto clásico. Se evidencia cuando las mujeres del pueblo permiten a sus hombres ir a “distraerse” al prostíbulo de la Japonesa. Al interior de este escenario vemos cómo el tejido social está totalmente podrido. Esta fiesta nos remite de inmediato al culto clásico a Dionisio y otros dioses de la antigüedad. Como lo dice Nietzsche en su tratado:

En todos los confines del mundo antiguo –para dejar aquí de lado el mundo moderno–, desde Roma hasta Babilonia, podemos demostrar la existencia de festividades dionisíacas cuyo tipo, en el mejor de los casos, mantiene con el tipo de las griegas la misma relación que el sátiro barbudo, al que el macho cabrío prestó su nombre y sus atributos, con Dioniso mismo. Casi en todos los sitios la parte central de esas festividades consistía en un desbordante desenfreno sexual, cuyas olas pasaban por encima de toda institución familiar y de sus estatutos venerables. (Nietzsche, 14)

Mediante la explicación del pensador alemán vemos cómo Donoso recrea en su novela este desenfreno donde la moral se diluye con vino. Los hombres se pervierten con las prostitutas, incluyendo la Manuela. A partir de este desfogue de impulsos, entendemos el título de la novela. En ese ambiente pervertido nos encontramos con el autoritarismo de Pancho Vega.
Pancho Vega emplea su figura de poder contra la Manuela. Pancho Vega es bisnieto de don Alejo, violento, fuerte, y borracho. Funge un papel fundamental, cuando se pierde en el alcohol la tunde a golpes a la Manuela. Es una figura de poder para esta prostituta, ella está enamorada de él, sin embargo para Pancho es su entretenimiento donde desfoga sus sentidos reprimidos. La Manuela a pesar de que la golpea, lo sigue queriendo y espera que recapacite un día. En estos personajes vemos la dura crítica contra el machismo. Es así como la novela fluctúa entre la violencia y el machismo contra las prostitutas.
La violencia y el machismo contra las prostitutas es una crítica a la sociedad. La violencia es el empleo de la fuerza física y psicológica para dominar o imponer algo. Es la exaltación de la figura masculina como figura de poder sobre lo femenino. Como lo mencionan Marín y Leone: “El machismo, como construcción cultural, es un modo particular de concebir el rol masculino, modo que surge de la rigidez de la mayor parte de las sociedades del mundo contemporáneo, para establecer y agudizar las diferencias de género entre sus miembros.” (Marín y Leone, 276)
Como lo mencionan las autoras, el machismo crea una brecha de desigualdad entre ambos géneros. Por tal parte del enojo de Pancho contra la Manuela se puede entender por la ambigüedad en este personaje. La crítica a la sociedad que hace el autor es mordaz, debido a que en la década de los sesentas el machismo y la misoginia eran muy palpables en la sociedad. Al abarcar estos temas, la novela adquiere otras dimensiones artísticas. De igual manera el autor innovó al incorporar a la Manuela como símbolo de marginalidad.
La Manuela es un símbolo de marginalidad y una innovación en la literatura. Es un travesti propietario del burdel, su identidad como mujer se reafirma con un vestido rojo estilo español. Es un símbolo de marginalidad en la novela porque es flaca, con el vestido roído, con muy pocas esperanzas; de esta manera se ejemplifica como es la condición del poblado. El lugar sin límites es un texto cargado de simbolismo y de varias interpretaciones literarias. Es además un ejemplo claro de la novela con realismo social.
Expresa sus características y cómo está presente en la obra de Donoso. El realismo social lo vemos mucho en literatura, como una forma de denuncia para las barbaridades de este siglo. No se trata de mostrar la realidad, sino de denunciarla. Los artistas de este movimiento estaban mayoritariamente vinculados a la izquierda, o eran directamente militantes. Como lo mencionan Rodríguez y Calufa:
Constituye un reflejo consciente y denunciante de una realidad política y social considerada ominosa y repudiable, por lo que todo ciudadano con un mínimo de sensibilidad humana debe repudiarla sin ambages. Más aún, función del escritor es señalar con dedo acusador a los responsables de una situación que no debe ser asumida como un destino inexorable, sino ubicada dentro de un contexto histórico creado por grupos interesados, cuya responsabilidad les incumbe por el orden político y social imperante. (Rodríguez y Calufa, 4)

Como lo mencionan los autores, Donoso crítica y señala a los culpable, en este caso al caciquismo que tiene vida dentro de la novela simbolizada en don Alejo. En la novela vemos este realismo en lo paupérrimo en lo que se vive en El Olivo. Se juzga esta pobreza en cierta medida por el abandono del campo. La novela abunda en elementos realistas, los cuales son fácilmente detectables.

Los elementos realistas en la Japonecita y la Manuela
Los elementos realistas son los que crean esta atmosfera de pesimismo. La Japonesita representa la realidad, el ser verdadero y sin disfraz. Mientras que la Manuela es la carnavalización de esta realidad, su opuesto, pero un opuesto complementario. Sin su hija no podría ser mujer, pues a través de ella es madre y posee a Pancho. Es por esto que El Olivo se transforma en un gran espejo donde todos conviven con su otro y donde existe la opción de asumirlo o de obviarlo, a conveniencia.

Finalmente, la obra se presenta como un constante cambio entre mundos internos y desplazamientos simbólicos a través de imágenes especulares dentro de un lugar delimitado. Paradójicamente, este lugar sin límites es cerrado, aislado y enclaustrado, pero dentro de él se transgreden los límites eternamente y se acepta lo que en otras circunstancias estaría vedado. El Olivo se presenta como el espejo invertido de la sociedad reflejada en la literatura criollista, es la caída de la concepción cultural de realidad y el descenso del ángel del paraíso a la tierra, creando el infierno.

Bibliografía.
Marín, Leticia. El machismo en el imaginario social. Universidad de San Luis. Argentina. Web.
Nietzsche, Federico. El nacimiento de la tragedia. Ediciones proyecto Espartaco. Web
Ostrov, Andrea. Espacio y sexualidad en José Donoso. Universidad de Buenos Aires. Argentina. Web.
Rodríguez, Mora. El realismo social. Instituto de Costa Rica. Costa Rica. Redalyc Web.








Eduardo Laphond Domínguez nació el 11 de diciembre de 1996. Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Consejero Nutricional y Chef de Culinaria Saludable por el Centro de Estudios Profesionales de Colima S.C, Colegio de Nutriólogos de Chihuahua A.C y Asociación Internacional de Nutrición para el Bienestar Humano A.C (Chihuahua, Chihuahua 2013-2015). Ganador en el concurso Palabras Migrantes 2017. Premio Nacional de Poesía 2015 con Las Voces del Más Allá” 2015. Ganador de la Beca Nacional INTERFAZ del ISSSTE convocado por Mario Bojórquez emisión Chihuahua 2016.

miércoles, 18 de julio de 2018

Ultratumba. Martha Estela Torres Torres

Ultratumba


Por Martha Estela Torres Torres


Tú no comprendes cómo me dueles: me dueles en el alma, en mis huesos, en mi vientre, en el sueño. Me dueles cada día del pasado que no terminaste de sellar, cada minuto en que advertí silenciosa tus engaños.
Las horas de mis noches lúgubres dispararon los latidos de mi corazón, pero nunca comprenderás mi dolor. No has vivido el tormento de amar con sangre impresa y desengañarte con la misma fuerza.
Habrá un día, al morirte, o quizás antes de que la fiebre te abultará el cerebro, cuando comprendas la devastación y la ruina que dejaste. Me recordarás con el mismo dolor que agrietó mi memoria.
Pero será tarde. Tan tarde como la muerte; nunca resucitarán los muertos ni revivirán a los vivos. Estaré lejos. Ya no escucharé tus palabras ni miraré tu arrepentimiento.
Ojalá Dios se apiade de ti como aún no se apiada de mí que aún soporto el amor truncado y la impotencia. A ti que nunca luchaste por mí ni eres digno de una lágrima ni de una gota de perdón.
En ultratumba me verás de nuevo, y entonces tal vez recordarás mi nombre, el nombre que nunca pudiste pronunciar en tu vida tan pequeña.
No volverás a olvidar que existe una justicia celeste y terrena. Y si acaso has escapado de las llamas del arrepentimiento, no escaparás del castigo divino que te perseguirá antes que la muerte.









Martha Estela Torres Torres tiene licenciatura en letras españolas y maestría en humanidades. Entre sus libros publicados están: Hojas de magnolia, La ciudad de los siete puentes, Arrecifes de sal, Cinco damas y un alfil, Pasión literaria y Árboles en mi memoria. Actualmente es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y editora en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

martes, 17 de julio de 2018

Ricardo Morales

Dos laberintos


Por Ricardo Morales


En nuestra búsqueda, los artistas encontramos que siempre podemos obtener inspiración por igual si metemos la mano en las bolsas del amor y en la del dolor emocional.
La del amor está llena de una luz diamantina, refulgente y esperanzadora, en tanto que la del dolor emocional es un abismo oscuro, insondable, en donde nunca sabrás con anticipación –con certeza– lo que puedas encontrar. Algunos, enervados en el placer autocomplaciente, se han perdido allí en laberintos de hábitos nocivos, encontrando depresión, desesperación, locura alucinada y –casi siempre– autodestrucción y muerte.
Como todos los abismos, la bolsa del dolor es peligrosa, en tanto que la del amor abre oportunidades y es un fluir tanquilo; un viento fresco que pasa por la puerta y la ventana.
Ambas bolsas son de una riqueza inagotable y casi siempre producen una gran belleza, que conecta genuinamente con los sentimientos de los demás.
La verdad y la sinceridad en el arte son piedras angulares.
Por mi parte, la experiencia me ha enseñado que es en la bolsa del amor donde hay más riqueza, alegría y opulencia, aunque, por alguna razón quizá cuántica o de vasos comunicantes aún desconocida, a medida que metes más hondo la mano en la bolsa del amor, conectas –sin buscarlo y sin desearlo– con una cierta oscuridad.






Ricardo Morales es licenciado en estudios multidisciplinarios por la Universidad de Texas en El Paso. Ha sido bibliotecario, periodista, escritor y artista plástico. Publicó el poemario La oración de las moscas melancólicas (Universidad Autónoma de Zacatecas, México 1982). Poemas suyos aparecen en los libros colectivos Muestra de la poesía chihuahuense de Alfredo Espinosa y Rubén Mejía (Ediciones del Gobierno de Chihuahua, México 1986), en Ahora mismo hablaba” (Ediciones de la revista Punto de Partida, UNAM, Mexico 1981), y en Primer encuentro de poetas y narradores jóvenes de la Frontera Norte (Programa Nacional de las Fronteras, SEP, México 1986). Su libro Pez al cielo, con portada de Jose Luis Cuevas, fue editado en Puente Libre Editores, coedición con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Chihuahuense de la Cultura, México, 1995. Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés, portugués e italiano.

lunes, 16 de julio de 2018

Margarita Etchechury. Evanescente

Evanescente

Por Margarita Etchechury

La excelsitud de la luz inunda mi espacio
párpados cerrados le impiden escapar
Me veo plena, sin sofisticación
En el mar etereo
                   gozo y tiemblo.
Por momentos, repentina e insidiosa,
la incertidumbre me atrapa
¡Ahí está! De nuevo el Numen me guía
Vuelvo al relax
El firmamento permea luces de colores
donde el polvo se pierde e interactúa
en el infinito mar de la no existencia
Me estremezco, regreso al diario trajinar
Efímero, gratificante










Margarita Etchechury fue presidenta de la Asociación de Escritores Chihuahuenses 1994 y 1995. Ha publicado en revistas y suplementos literarios, entre ellos Letras y algo más, Solar, El Heraldo de Chihuahua, El Monitor de Parral, El Correo de Parral y El Sol de Parral. Su obra aparece también en varias antologías. En 2015 publicó su libro de poemas Transparencias, que fue presentado en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en la ciudad de México, y en 2017 salió su libro de relatos Canto de sirenas.

domingo, 15 de julio de 2018

Petronilo Amaya. T r i s t e s

T r i s t e s

Por Petronilo Amaya

La sonrisa es amparo de perturbaciones a su fe,
es ornamento para preservar la convicción de su sino.
Su fervor es deletrear en lo sórdido, en lo fúnebre.
Silencio encorvado, se reflejan en cruces de cementerios.
Su espíritu, de tanta agitación, no se entusiasma.
Heredan murmullos, rumores en lápidas de tumbas:
adentro llevan rebeldía contra sus culpas.
El silencio que los circunda se oye en sus miradas.
Melodía son sus patéticos recuerdos que nada olvidan.
Los de su estirpe son depositarios del dolor original,
la tristeza les brota por los pensamientos,
por los suspiros,
por las palabras.
Ni sus movimientos, ni su sed, ni sus rezos
se libran del aliento gris que los envuelve,
tal parece que anudan sus días con desolación.
Y no buscan conciliarse con la vida:
el eco de sollozos de ayer despeña otros;
hablan como si sus labios fueran de vidrio
y temieran herir las palabras.
Los asusta la risa,
su cuerpo, ave desprotegida en la tormenta,
es testimonio de la nostalgia que tritura sus entrañas.
Un diluvio que no fluye reposa entre sus ojos.
Su silencio habla de angustias y es real su pesadilla:
la culpa, el dolor de otros es lluvia de sal sobre la llaga.






Petronilo Amaya estudió ciencias sociales en la Escuela Normal Superior de Durango y Periodismo en la ujed. Es director y fundador de la revista Contraseña. Fue director del Centro Literario Olga Arias y preside la Fundación Cultural Amaya. Su obra ha sido incluida en las siguientes antologías Los poetas VI, colectivo, DIF/Casa de la Cultura de Durango, 1992; Poesía, Secretaría de Educación en Durango, 1992; Poetas de Tierra Adentro II, 1994; Memorias de las Tertulias, Gobierno del Estado de Durango, Secretaría de Educación, Cultura y Deporte, 1994; Historias para llevar I, Secretaría de Educación, Cultura y Deporte y Revista de Creación Contraseña 1997; El Sembrador en las Letras, Dirección General de Educación Tecnológica Industrial, 2004; Antología I, Red de Escritores de Durango, 2007;  Antología II, Red de Escritores de Durango, 2008; 25 Años de Narrativa en Durango, Instituto Municipal del Arte y la Cultura de Durango, 2009; Del silencio hacia la luz. Mapa poético de México, Conaculta, 2009; Verso abierto, Argentina 2010 y Voces del noreste, Instituto de Cultura del Estado de Durango, 2010.