viernes, 29 de agosto de 2014

mario


Escribir


Por Mario Lugo


Escribimos para dejar en claro nuestros sentimientos más elementales. Nos mueve el mismo impulso que tienen los bebés para mover, sin aparente causa, sus manos o sus pies.

Algo ocurre en sus cerebros apenas nacen al mundo exterior. Aun habiendo satisfecho sus necesidades primarias, ese algo los impulsa a trazar movimientos a veces bruscos y a veces serenos en el aire, o sobre el pecho materno mientras se amamantan; o mientras transcurren sus pequeñas soledades.

Escriben, o quizá pintan, o esculpen, o dibujan; o hacen giros como quien dirige una orquesta. Crecemos y ese impulso que deja constancia de nuestra breve vida continúa.

En relación a esa misma pregunta, Jules Renard anotó una frase inolvidable: “Escribo no para ganar dinero. No para ser celebre; sino porque no estoy tranquilo”

Para mí, no hay reflexión que responda de manera exhaustiva y plena a la pregunta: ¿Por qué escribimos? Lo anotado arriba apenas revolotea sobre esa flor misteriosa como un colibrí.

Habrá que ver atentamente a ese colibrí, el de cada cual, y esperar que nos diga algo más.












Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochentas del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

1 comentario:

  1. Un hombre que lee toneladas de libros, que reflexiona con lógica y sutileza, que ha publicado novelas y un mar de notas literarias, es el autor de este relato sobre los orígenes de la escritura.

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