sábado, 5 de octubre de 2019

Alberto Carlos. Las glorias de mi compadre

Arte de Alberto Carlos

Las glorias de mi compadre

Por Alberto Carlos

Mi compadre Nacho, jugador de dominó de tiempo completo, priista de ratos libres y aviador de medio tiempo, en la última cargada se quedó chiflando en la loma. Sus modestos ingresos, provenientes de arañar aquí y allá una corta feria en las oficinas del gobierno, con la única obligación de proclamar “Mi jefe” a los titulares, le fueron cortados de golpe y porrazo mientras, le dijeron, se regulariza este cuento de la austeridad y la moralización.
En su juventud, mi compadre Nacho fue boticario, todo un experto recetador de pócimas, ungüentos y cataplasmas, cuando todavía no campeaban las de patente. Tenía un ojo clínico bien acreditado entre la clientela. Desgajaba un cotorreo sabroso, documentado con la vida y milagros de la por entonces pueblerina ciudadanía. Junto con una dosis de ruibarbo purgante, unos sobres de polvos para el cólico hepático y una bebida de hierbanís con miel virgen para el insomnio, los pacientes adquirían un sustancioso chisme sobre la viuda Mercedes y el abonero Jalil, cuyas visitas comerciales prolongábanse más de la cuenta en casa de la desconsolada viuda. De cómo, un dos de noviembre, los chamacos encargados de limpiar la tumba del difunto marido de la Meche, al remover la tierra descubrieron un par de protuberancias córneas que tenían, en parte, despostillada la base de la cruz de granito, por la fuerza del empuje al crecer en la misma proporción del pago de abonos por la todavía apetitosa doña Mercedes.
Especulaciones aparte, lo cierto es que mi compadre aprovechó el fluir de clientes de todas las categorías para cimentar sus relaciones públicas, (políticas, principalmente) colgar la bata de boticario y dedicarse a vivir del cuento, vale decir, de la polaca. Desde su debut en el PRM como pegador de propaganda en los postes, con un efímero relumbrón allá por los cuarentas, figurando como diputado local suplente, hasta la fecha, no ha vuelto a dar golpe en trabajo alguno, aparte, claro, de las mil y una comisiones encomendadas a su diligente infanterismo por canchanchanes de escritorio que descargan en mi compadre tareas tales como repartir sombreros con siglas, fletar camiones de acarreados, distribuir pancartas, y controlar la repartición de tortas a las masas priistas concentradas en plazas de armas de las cabeceras de municipios.
Mi compadre ya se echó el primer sablazo post electoral y espera confiado el desenlace de la primera purga burocrática anunciada para ver si, mientras menos burros más olotes, agarra por ahí un tentempié para capotear el temporal mientras pasa la onda moralizante y austera.
Las cosas volverán a su cauce normal, dice mi compadre, pues lo normal, remacha, es lo tradicional y las tradiciones ¡qué caray! o se respetan, o nos quedamos sin folklore en detrimento del turismo, fuente de divisas.
Por lo que se ve, mi compadre Nacho es un optimista redomado, cuya filosofía, un tanto acomoditicia le permite sobrellevar las penas en este pícaro mundo, sin menoscabo de su dignidad ciudadana.
Espero, compadrito, se te haga justicia, sobre todo, por lo concerniente a la mengua de mi presupuesto, gracias a la inflación y a tus regulares sablazos.
No es por nada, pero...

Marzo 1983





Alberto Carlos. Artista nacido en Fresnillo, Zacatecas, avecindado en Chihuahua desde la infancia. Con medio siglo de trayectoria, su vasta obra mural, escultórica y de caballete abarcó una diversidad de técnicas y temáticas. Su natural inquietud y amplia cultura lo llevó a incursionar en la literatura y el periodismo, en géneros como la poesía, el cuento, el ensayo, la calavera, el epigrama y la columna, los cuales publicaba en periódicos como el suplemento Tragaluz de Novedades de Chihuahua, El Heraldo de Chihuahua, y en las revistas Tarahumara y Solar.

JChM. Dos viejos en la plaza Catedral

Dos viejos en la plaza Catedral


Por Jesús Chávez Marín


Todos los días a las seis de la mañana se levanta Avelino y recoge de la cochera el periódico. Se rasura con cuidado y se baña, desde la noche anterior acostumbra preparar su ropa recién planchada y las botas del día, perfectamente boleadas. Se viste y sale a la calle rumbo a la plaza que está en el centro de la ciudad. Dos o tres bancas de ese parque son sus favoritas y las alterna según el ciclo del sol; a esa hora el lugar está casi vacío y él disfruta una íntima alegría al tener todo el espacio disponible. Se sienta en una banca, saca de su bolsa el periódico y empieza a leerlo con calma.
A las ocho de la mañana regresa para llegar puntual al desayuno que generosamente le ofrece su hija, la dueña de la casa. Para esa hora ya se ha ido su yerno, quien suele tratarlo con una silenciosa amistad, un poco fría pero siempre educada. Avelino se considera afortunado de que este hombre sea generoso; tres años antes, cuando un fatal accidente arrebató de la vida a su esposa Isabel, su única hija lo invitó a vivir con ellos, en acuerdo con el marido, por supuesto. Vendió la casa grande y les entregó la mitad del dinero, la otra la invirtió en adaptar la vivienda para tener un espacio independiente para él.

*

Cuando regresa del desayuno ya dieron las diez de la mañana; para entonces ya habrá llegado su amigo Ismael, con quien se reúne a platicar la mayoría de las veces.

*

Ismael lleva con buen ánimo la vida que le tocó. Cinco años antes, su hijo mayor lo convenció de que invirtiera sus dos casas en un negocio que los iba a hacer millonarios; riesgos no habría ninguno, le aseguraba el muchacho, quien por cierto ya no era tan joven, tenía 42 años. Ismael vendió las casas y hasta agregó unos ahorritos que guardaba en el banco; le dio todo el dinero al hombre, más por el cariño que por la confianza, pues aunque Ismael había sido en todos sus asuntos un hombre sensato, cuando se trataba de cualquiera de sus dos hijos renunciaba a la lógica; estaba seguro de que ninguno de los dos sería capaz de perjudicarlo.
El hijo era un hombre honesto y tal vez en todo momento obró de buena fe; pero para el caso es lo mismo: en menos de seis meses el mentado negocio ya había quebrado. No quedó dinero ni para las últimas liquidaciones. El hijo tuvo que regresar al infierno chiquito de buscar empleo meses y meses; a su papá ni cómo ayudarle. No te preocupes, hijo, como quiera me las iré arreglando.

*

Pero no es lo mismo decirlo que conseguirlo. Ismael se había ido a vivir en la casa de una hermana suya que tenía un departamento desocupado; ella era buena gente y dejaba que se le acumularan meses y meses de renta, ya casi se había olvidado de cobrarle, pero lo cierto es que ella necesitaba los centavos, pues eran parte de su pensión. Para comer, Ismael enfrentaba un problema diario; su hijo menor de vez en cuando le ayudaba, le dejaba un dinerito o lo invitaba a su casa, muy a lo retirado. Vivía en la otra orilla de la ciudad y era difícil llegar. El caso es que el viejo a veces no tenía ni un centavo, pero era estoico y reservado, nadie supo jamás de sus penurias. A veces los vecinos le encargaban mandados o lo ocupaban en algunas tareas, pero eran pocas las que podía realizar a sus 89 años. A los 90 una severa anemia acabó con él. Literalmente murió de hambre.

*

Así que aquel día Avelino se quedó esperando a su amigo; Ismael no llegó. Y ya jamás llegaría.

viernes, 4 de octubre de 2019

Víctor Córdova. Lucía en tres tiempos

Lucía en tres tiempos

Por Víctor Córdova


Para Lucía Mendoza


I
Descubrí la madrugada en el silencio de tu cuerpo

junto al mío,
en el arrullo que nace de tus ojos
cada vez que me besa tu mirada.
Aquí yace tu presencia,
en esta casa que habitan tus besos,
en este tiempo suspendido en la memoria,
bordado con los recuerdos que sembraste en mi

piel.


II
Es la tarde un artificio;
formado con fragmentos de nostalgia,
con ausencias –agudas y afiladas ausencias–
que marcan sin piedad el  ritmo de la espera.
En esta latitud del día,
la más doliente, la más absurda,
suspendido en tu recuerdo,
soy solo un fantasma que levita en el entorno de tu

nombre.


III
Será la noche tregua para este infierno que levanta

tu ausencia.
Me baña entonces tu sonrisa lunar,
acaricia mis ansias el borde de tus labios.
Sobre la piel florece el tacto de humedad que dejas

sin mesura.
Jardín noctívago mi cuerpo,
fecundado en el contacto –etéreo y carnal–
de tu presencia.




Víctor Manuel Córdova Pereyra es licenciado en artes escénicas y máster en humanidades por la UACH. Ha publicado cuatro obras de teatro en la misma Universidad Autónoma de Chihuahua; también un poemario, en coautoría con Erbey Mendoza, que se titula Entorno de los días, publicado en la Editorial de la Secretaría de Cultura del Estado Estado de Chihuahua; ensayos en las revistas Synthesis y Metamorfosis de la UACH, así como en Solar del antiguo Ichicult. Actualmente es coordinador académico en la Secretaría de Investigación y Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH.

JChM. Navojoa

Navojoa


Por Jesús Chávez Marín


Querida sombra. Ánima en mi pena que andas en los fragmentos de la memoria y todavía fulgura la luz de tu pelo negro y fino. Musa de otros tiempos, de cuando escribía todavía más torpe de lo que hoy escribo, pero con aquella verdad tan pura como el agua que brotaba en el manantial en la cumbre del Cerro Grande. Ensueño en el oscuro dolor de los días que siguieron a la hora en que nos separamos, que pasaban sin sentido ni esperanza. Ilusión absoluta, tan absoluta como toda la corte celestial, cuando tus manos estaban cerca y tu sonrisa. Mujer que para siempre ha desaparecido del mundo y por eso el mundo se ha vuelto limitado y silencioso, ausente de la música de tu voz, tus palabras.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Victoria Montemayor Galicia. Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján

Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján


Por Victoria Montemayor Galicia


“Cuando naces mexicano y en tierra árida, comprendes que la vida te juega sin sabores para poner a prueba tu carácter fuerte, solo los valientes se sobreponen al desierto.” En esta novela, El eslabón de Biescas, de la escritora Marión Durán Luján, podemos observar cómo los personajes se sobreponen al desierto o se someten a su destino. El texto se compone de ocho fascinantes capítulos. La historia se desarrolla entre 1910 y 1926. Al final de la obra el lector es sorprendido por diversas vueltas de tuerca que no es mi propósito describir aquí.
El eslabón de Biescas es una novela romántica; el escenario es una finca que pareciera encontrarse abandonada a su suerte en un desierto coronado por dunas blancas. La vida y el carácter de los personajes están forjados por este desierto; un dejo de amor y fatalidad recorre la historia: “La comunidad de las dunas está compuesta por gente muy unida, supongo que se debe a la cercanía sentimental que compartimos […] En el transitar de las generaciones vemos crecer a los niños y envejecer a los adultos, todos coexistimos con las inclemencias del tiempo y no solo eso, la imperante necesidad de aprender a vivir en un lugar donde el agua es un tesoro escurridizo que se cuela entre las grietas del yermo suelo. // Lo más trascendente de este lugar es una característica muy particular de la comunidad: su fortaleza.” El desierto de Biescas, su paisaje e inclemencias parecieran interactuar en el porvenir de los personajes.
El personaje que narra la historia y cuenta su vida se llama Abel, nombre bíblico con el que él se siente: “condenado a vivir entre tanta arena, sentenciado al anonimato, soy tan insignificante en un mundo olvidado por el tiempo, desde pequeño fue así, mis padres me ataron a este calvario con el nombre de Abel.” Si recordamos la historia bíblica, fue Abel quien murió a manos de Caín. Encontraremos una metamorfosis sutil e interesante del personaje en la obra. Es Abel quien nos presenta a los protagonistas.
Abel entrará a trabajar a la finca de don Eugenio: “Don Eugenio, un hombre acaudalado, diría yo… el más rico de todos, si no me equivoco también es el hombre más solitario, vive en una hermosa hacienda que se ve desde cualquier ángulo del pueblo. Él se dedica a vender provisiones, alimentar caballos y muchas otras actividades, la gente dice que en su hacienda siempre hay de todo lo que uno busque, desde medicamentos hasta ropa, él los vende a precios accesibles para todo el mundo. A pesar de que don Eugenio es un hombre frío, no es ambicioso ni trata mal a nadie, simplemente es un señor como los de antes, de los que ya no existen, respetuoso pero leal, de esos que se preocupan por el bien del prójimo, pero al mismo tiempo son muy discretos y reservados, guardan lo mejor para sí mismos.” El retrato de don Eugenio es de una gran persona que ha aprendido a vivir de su trabajo, a persistir en el desierto. Ayudar y dar trabajo a su gente, servir a las personas que transitan por Biescas.
Una historia romántica, de amor puro, de compañerismo, de lealtad, de ideales, donde la fuerza y el trabajo tienen que realizarse cada día para subsistir en este desierto que es Biescas. A lo largo de la obra vamos observando el carácter fuerte y noble de don Eugenio, quien se encontrará con el amor de su vida llamando literalmente a su puerta en una fría noche de viento, tres golpes fuertes en el eslabón: “En un instante, entre la tolvanera y los médanos que se trasladaban arrastrándose jalados por el viento al interior de la hacienda hasta llegar al patio principal, entró pavoneándose un carruaje ornamentado de color obscuro, se escuchaba el sonido de las pezuñas contra el suelo de los caballos que tiraban del armazón de fina madera. […] Logró cerrar el portón con la escasa fuerza que le quedaba. Al enderezarse y virar lentamente, sus ojos pudieron contemplar por primera vez a una mujer que solo había visto en sueños, bajando del carruaje como una marquesa, dejando ver su hermosura acompañada de una estampa esbelta, de cabellera larga y negra como seda brillosa”, de labios bermejos. Es cuando el amor finalmente entra por su gran puerta.
El personaje femenino que le devuelve la vida a don Eugenio es Evangelina, pero todos le dicen La Negra. En esta dama cuyo retrato es de belleza, porte y elegancia, la escritora también nos deja ver su sencillez, amabilidad, y amor a don Eugenio, la lealtad y la fuerza del trabajo en pareja: “La Negra y don Eugenio, al pasar los meses, se hicieron mucho más cercanos de lo que nunca habían sido con otras personas, cocinaban en pareja, se ayudaban con las tareas del hogar y del negocio, mientras don Eugenio atendía a los forasteros, La Negra daba agua y paja a los caballos. Las tareas se habían simplificado haciendo la vida mucho más amena para ambos, había reverdecido en su interior algo sin precedentes, en los momentos que tenían libres paseaban por la plaza.”
Al personaje de La Negra se contrapone el de su sirvienta Martha, quien con el paso del tiempo se convierte en su amiga y confidente. Cuatro mujeres conviven en esta historia, las cuatro son diversas. El eslabón de Biescas por momentos pareciera ser un retrato costumbrista, de una época que ahora vive en la memoria de los abuelos. En esta maravillosa obra también encontramos metáforas diversas e interesantes, como: “La desventura se ató a nuestro tobillo como un grillete” o “Mientras tanto sigo aquí, esperando la mágica seducción que vive dentro de las dunas”.
“¿Cómo se puede estar de acuerdo al infortunio? me hubieran nombrado Caín, apelativo mucho más enérgico, tenaz, con menos miseria que la que le tocó vivir al Abel bíblico y al de Biescas.”Comenta Abel. Quizá el cambio trágico en la historia corresponda al árido paisaje en el que se desenvuelven los personajes.
Para el año 1956, “La arena convirtió a la hacienda y a las humildes casas que la rodeaban en un recuerdo. El acceso a Biescas se hizo cada año más difícil.” La obra envuelve al lector en este fascinante mundo del desierto de Biescas, para posteriormente encontrarnos con la escritora Eleonor Márquez, y su querido amigo Amador. Podríamos incluso preguntarnos sobre estos nombres, que dan un estupendo juego que será revelado al lector.
En esta novela podemos apreciar las dotes narrativas de Marión Durán para envolvernos en este maravilloso desierto de dunas blancas en donde cualquier cosa puede suceder, en donde el trabajo, la prosperidad, la amistad, el amor y la lealtad son los valores principales. Pero como en toda historia, no solo convive el amor, sino también la traición, el desamor y la falta de valores como la deslealtad se desenvuelven en el árido clima de Biescas.
Durán Luján, Marión: El eslabón de Biescas. Editorial Amazon, México, 2019.



Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a punto de graduarse de la maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora del libro Besos en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Salvador Mendoza Rede. Julio 9

Julio 9

Por Salvador Mendoza Rede

Un día como hoy, pero en:

1649. En Parral, los diputados Quiroga y Maturana presentan el bando que pregona el gobernador Guajardo, donde ordena se obedezca las cédulas reales. Se examinan solares y se encuentra que el solar frente a la plaza se encuentra abandonado desde hace 26 años, que además nunca fue denunciado, por lo tanto se dedica a la construcción de las Casas Reales.  Fue reedificado a principios de 1800, guarda grandes añoranzas: ahí estuvo la primera escuela,  fue un fortín en la lucha contra los franceses, palacio nacional cuando albergó a don Benito Juárez, casa municipal, teatro en sus patios, presidencia municipal. (Rocha Chávez, 1976, pág. 88).

1846. El presidente Polk de Estados Unidos da instrucciones al general Taylor de seguir una política con los mexicanos de engaño y fraude. Le indica que en toda ocasión que haya que tratar con los mexicanos por necesidad o apariencia, designe a un oficial americano discreto, que hable el español, para que cuanta ocasión tenga platique a los mexicanos que la guerra era solamente para obtener justicia. Que la guerra no era para perjudicar al país, sino para echar a los opresores. En vista de las muchas divisiones que hay entre ellos, habrá magníficas oportunidades para influir en la mente y sentimientos de muchos de los habitantes que los induzca a desear que tenga éxito la invasión. Le dice que la dirección de movimientos tan delicados se le confían a su discreción. Poco antes se le obligó a distribuir una proclama que fue preparada en Washington y que decía lo siguiente: Vuestro gobierno está en manos de tiranos y usurpadores. Han abolido vuestros gobiernos de los estados; han derogado vuestra constitución federal; os han privado de vuestro derecho al voto; han destruido la libertad de prensa; os han despojado de vuestras armas y os han reducido a un estado de dependencia absoluta respecto al poder de un militar. Nosotros vinimos a obtener una indemnización por daños anteriores y seguridades para el futuro. Vinimos a derrocar a los tiranos que han destruido vuestras libertades, pero no venimos a hacer la guerra al pueblo de México ni a ningún gobierno libre que los mexicanos escojan por sí mismos. Nuestro deseo es veros libres de los déspotas, rechazar a los comanches bárbaros e impedir que renueven sus asaltos y obligarlos a que os devuelvan vuestras esposas y vuestros hijos que estos salvajes tienen cautivos desde hace mucho tiempo. Esto se hizo luego de la invitación que hiciera el gobierno americano a Santa Anna de volver al país, permitirle su entrada por los puertos bloqueados y protegerlo, con el fin de dividir, iniciar una rebelión y debilitar más a México. (Jay W. , Causas y Consecuencias de la Guerra del 47, 1948, pág. 164).

1889 Se informa que la Junta Patriótica del gobierno del estado solicita se recaben fondos para la construcción del monumento a don Miguel Hidalgo en la capital del estado. (Archivo Historico de Jiménez).

1911. Habiendo triunfado la revolución maderista y renunciado Porfirio Díaz, con De la Barra como presidente interino, Madero reorganiza el Partido Nacional Antirreeleccionista con el nombre de Partido Nacional Progresista. Deja su dirección y organiza a sus partidarios para lanzarse como candidato a la presidencia y dedicarse a su campaña política. (Taracena A. L.-1., La Verdadera Revolución Mexicana 1901-1911,, 1960, pág. 366).

1928. Las testamentarías de Marcos y Matilde Russek reclaman a México el pago de 2,164.106  dólares por daños sufridos en la Revolución en Jiménez. Los reclamantes son ahora ciudadanos de Estados Unidos. La Comisión Consultiva de Reclamaciones concedió 9 275 pesos por daños sufridos en la Revolución Maderista, que nunca fueron cubiertos. (Carrejo Candia A. , pág. Boletín No 85).

1929. Mediante un decreto presidencial  se otorga la autonomía universitaria. La Universidad Nacional de México cambia a Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. (Solchaga Zamudio N. E., 1986).

1955. Muere en la ciudad de México Adolfo de la Huerta. Revolucionario y ex presidente de México, nació en Guaymas, Sonora, en 1881. Desde 1908 estuvo en contacto con los antirreeleccionistas; fue secretario de Gobernación en el gobierno de don Venustiano Carranza; senador por Sonora y gobernador de este estado. Disgustado con Carranza, se une al Plan de Agua Prieta que derroca y asesina a Carranza, a quien sucede en la presidencia temporalmente. A él es a quien Francisco Villa se dirige para negociar el cese de hostilidades a cambio de una hacienda para sus soldados y deudos de villistas. En 1923 es proclamado nuevamente presidente provisional por el movimiento armado conocido como Revolución Delahuertista, que fracasa en 1924. Se exilia a Estados Unidos. Regresa a México y ocupa diversos cargos. (Solchaga Zamudio N. E., 1986).

Referencias

Archivo Historico de Jiménez. (s.f.). Acta de Cabildo. Jiménez, Chih, México.
Carrejo Candia, A. (s.f.). Crónicas de Huejuquilla. Crónicas de Huejuquilla.
Jay, W. (1948). Causas y Consecuencias de la Guerra del 47. México: Editorial Polis S. A.
Rocha Chávez, R. T. (1976). Tres Siglos de Historia. Parral.
Solchaga Zamudio, N. E. (1986). Efmérides Mexicanas Tomo II. México: Avante.
Taracena, A. L.-1. (1960). La Verdadera Revolución Mexicana 1901-1911,. México: Porrúa.

Dr. Salvador Mendoza Rede
Cronista de Ciudad Jiménez