sábado, 18 de abril de 2020

Alberto Carlos. Mi casa es chica pero...

Arte de Alberto Carlos

Mi casa es chica pero...

Por Alberto Carlos

Don Julián y su familia son de clase media, son de medio pelo. Ni muy muy, ni tan, tan. Son de esa clase media a la que le gusta guardar las apariencias y en una boda o en unos quince años se dan la endrogada de su vida para alquilar un salón, servir unos platillos que constan de una tajada de pechuga fría, catorce unidades de sopa de coditos más fríos que la pechuga, una galleta salada y un cacho de gelatina. Se brinda por la felicidad de los festejados con sidra tibia y se parte un aparatoso pastel (viendo la cámara, por supuesto). Un pariente de las víctimas, digo de los festejantes, ganador de una flor natural en las fiestas de aniversario de Coyame, se avienta una tirada lírica-barroca en honor de los novios o de la quinceañera y todos felices.
Esta familia adquirió una casa, típica de su clase, no sé si de Pensiones o del Infonavit. Dos recámaras, sala comedor, cocina y baño. Un patio para tender la ropa y cochera, aunque en ese tiempo no tenían coche. En estos casos la cochera puede ser de mucha utilidad: puede convertirse en sitio de tiliches, en un lugar ideal para poner macetas o un estanquillo para vender refrescos, chicles y papas fritas. Esta es la casa típica del principio.
Gracias a esa mexicana afición que poseemos para guardar cuanta cháchara cae en nuestras manos, con el tiempo la casa que era suficiente se convierte en una miscelánea insufrible. La finca empezó a crecer el día en que la señora recibe a don Julián cuando llega del trabajo y le suelta a boca de jarro: mi rey, ¿no sería bueno hacerle aquí otro closet? Mira como están atiborrados estos dos. ¡Ya no cabemos!
La familia es la misma porque tuvieron la precaución de planificar, pero los chicos han crecido y tienen el cuarto convertido en discoteque, campo deportivo, cuarto de televisión y cantina. El closet ya se llenó de chamarras, tenis, botas, bates, pelotas, magicubos, patines, patinetas, posters, mochilas, fotonovelas y mil cosas más. De pasada ya invadieron el closet de los rucos. De ahí el plural en primera persona “ya no cabemos”.
Construido el closet nuevo, robándole un pedazo al patio, la cosa se empareja un poco distribuyendo los haberes. Pasado un tiempo aquello está de nuevo hasta el tope.
—Julián, hay que hacer un cuarto aparte para los muchachos, en donde pongan sus cosas. En ese lado del patio se puede.
Julián se mete en el berenjenal de conseguir albañiles, que no es enchílame otra. Los consigue pero cobran como arquitectos y ni modo ¡a darle!
Más tarda en hacerse el inmueble que en llenarse también de tiliches. El televisor viejo ya no funciona, pero ahí está; el estéreo descontinuado al que sustituyó al cuadrasónic; frascos vacíos de todos tipos, por si se ofrecen, envases de plástico, las bicicletas, llantas usadas (ya tienen coche); ropa vieja, persianas desvencijadas, sillas rotas, cajas con esferitas y foquitos navideños, una carrucha, la lavadora automática, el burro de planchar y para qué seguirle.
Un sabadito lindo, cuando Julián está embebido en la contemplación apasionada de un partido de fútbol que pasan por televisión, cosa rara, ante el América y las Chivas rayadas, y saborea una caguama acompañada de ricas botanas, se acerca doña Eneida (así se llama su señora. Perdón por no haberla presentado) con cierta cautela, llevándole otra  cheve y unos cacahuatillos enchilados.
—Viejo, ¿no crees que...?
A don Julián no lo han vuelto a ver. Se fue de mojado y desde allá les manda de vez en cuando unos dolarillos. Doña Eneida dice que es un desobligado “ya se ha de haber conseguido una gringa” Que ella y sus hijos, bla, bla, bla...
Marzo 1982




Alberto Carlos. Artista nacido en Fresnillo, Zacatecas, avecindado en Chihuahua desde la infancia. Con medio siglo de trayectoria, su vasta obra mural, escultórica y de caballete abarcó una diversidad de técnicas y temáticas. Su natural inquietud y amplia cultura lo llevó a incursionar en la literatura y el periodismo, en géneros como la poesía, el cuento, el ensayo, la calavera, el epigrama y la columna, los cuales publicaba en periódicos como el suplemento Tragaluz de Novedades de Chihuahua, El Heraldo de Chihuahua, y en las revistas Tarahumara y Solar.

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