lunes, 6 de enero de 2025

Talleres literarios

 

Cocodrilo Bit

Talleres literarios

 

Por Benito Rosales

 

A lo largo de mi vida he participado en varios talleres literarios. Aunque creo que el trabajo de un escritor se realiza en soledad, ya que requiere concentración para generar textos, también considero que, como parte del proceso creativo, la influencia y participación de otras personas son convenientes, al menos en mi caso. La participación en un taller puede ser útil tanto para generar ideas como para consolidarlas. Siempre resulta valiosa la mirada de los otros para afinar y corregir los textos, no solo en aspectos de ortografía y gramática, sino de forma integral.

Escuchar las opiniones de los demás me sirve como brújula para evaluar qué tan bueno o malo es un texto, y si logra transmitir la idea que tenía en mente. Por esta razón procuro formar parte de algún taller literario, con la intención de rebotar mis escritos.

Mi primer taller fue El Nudo, dirigido por el maestro José Julio Llanas, en el cual estuve alrededor de dos años, entre 2014 y 2015. Más adelante, en 2018, participé brevemente en el taller Los Elegidos, liderado por el desaparecido maestro Eligio Coronado. También tomé clases con el maestro Jorge Chípuli en un taller literario en línea que organizó hace algunos años; no recuerdo la fecha exacta, en 2018.

Tras un tiempo alejado de los talleres, durante el cual las revisiones de mis textos las hacía de manera personal con amigos, decidí retomarlos en 2023. Ese año me inscribí en un taller del maestro Margarito Cuéllar. Fue especial para mí porque él tenía una relación cercana con Eligio Coronado, lo cual resultó un aliciente adicional. Además, la experiencia y oficio de Margarito son indiscutibles; tuve la oportunidad de aprender de quien, para mí, es el mejor poeta actual de la ciudad.

En 2024, mi experiencia con los talleres literarios fue especialmente enriquecedora. No solo tuve la oportunidad de participar en dos grupos con el maestro Margarito Cuéllar, sino que también participé en un taller en línea impartido por la poeta Marisol Vera Guerra. Con el maestro Margarito asistí al taller de primavera, en el cual trabajé textos de mi libro más reciente, Metimos la pata, una colección de cuentos. En el taller de otoño, enfoqué mi atención en un libro de poesía próximo a publicarse.

Por otro lado, el taller de Marisol Vera Guerra, titulado El peso ígneo de las ideas, se realizó entre noviembre y diciembre. Este taller, con un enfoque en el uso de la literatura como herramienta para aproximarse al duelo, constó de seis sesiones, y los textos trabajados formarán parte de una antología. Para mí fue un espacio natural, ya que los temas de duelo, pérdida y soledad son recurrentes en mi escritura. Además, tuve el privilegio de trabajar con Marisol, quien dirige Ediciones Morgana, sello bajo el cual se publicaron mis dos poemarios.

También cabe mencionar las asesorías que tomé con la maestra Lorena Sanmillán entre abril y mayo de 2024, en las que trabajé algunos textos de Rastros del innombrable II y textos infantiles.

Cada taller, más allá de su vocación literaria, tiene su propia dinámica y personalidad. Cada uno me ha brindado la oportunidad de acercarme a la literatura desde diferentes perspectivas y de seguir aprendiendo.

En este 2025 planeo continuar con el maestro Margarito Cuéllar. El taller de otoño aún no concluye, ya que las sesiones se han extendido, lo que me ha permitido consolidar el cuaderno en el que estoy trabajando. Sin embargo, también me gustaría participar en otros talleres, como el del colectivo Lenguas Dispersas, que el año pasado publicó una antología con los textos realizados, o el taller de poesía Ases Poéticos, liderado por Luis Spencer y Víctor Frankenstein Palomino Torres, cuyas antologías Sangre Bestia me parecen muy interesantes.

¿Y ustedes qué opinan de los talleres literarios? ¿Creen que ayudan a crecer como escritores? ¿Han participado en alguno?

 

5 enero 2025, desde la Colonia Municipal, en Monterrey

 


Benito Rosales Barrientos nació en Monterrey, ha participado en talleres literarios de su ciudad natal. Es autor de los libros: Sobre la cornisa del laberinto, poemas; Cuando estos cielos caigan como ojos de gato, poemas; Las flores del jardín, cuento, 2017; La niña y la serpiente, cuento, Metimos la pata, entre otros.

sábado, 4 de enero de 2025

Hombre I


 

Hombre I


Por Leticia Herrera


cuando vengan las lluvias

cuando el invierno me azote con su malla

quiero que estés aquí conmigo

para que me ayudes a leer el libro

de los salmos

 

cuando se quiebre el mundo

y todos caigamos por la orilla

hacia ninguna parte hacia morir

quiero que estés conmigo

para que me detengas los besos

con tu boca

 

pero si no puedes estar conmigo

si no puedes llegar si no escuchaste

que yo te llamaba

abriré mi libro paciente

me sentaré a la vera de mí misma

para leer versículo a versículo

como limpiar el grano en un pocillo

de peltre

como encender la hoguera

viviendo en cuclillas hasta el final

del tiempo como ahora

 

pero si puedes

                        hombre

venir

aquí te espero

 


Leticia Herrera poeta, promotora cultural, editora, maestra universitaria, ha publicado una selva de libros, entre ellos: Pago por ver (1984), Canto del águila (1985), Poemas para llorar (1993), Caracol de tierra (1996), Vivir es imposible (2000), Hace falta que llueva (2002), Poemas incompletos 1984 – 2006 (2006), Solo digan que fui (2011), Celebración del vértigo (2011), Palabras roncas (2016) y Poemas escogidos (2019). La Universidad Autónoma de Nuevo León le entregó el Premio de las Artes 2011. Es directora de Ediciones Caletita.

Antihappy

 

Antihappy

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Hoy es 3 de enero de 2025. Parece que todavía no son las ocho de la mañana (quizá sí). "¿Qué se hace a la hora de morir?" se preguntaba Rosario Castellanos en un poema. Ese aire, el de la interrogación profunda, habita esta mañana, acaso solo por la dulce música que viene de la radio (viejas canciones de la década de los años treinta del siglo pasado), o por el sonido de aves poblando árboles cercanos.

      Quizá, sobre todo, ensucio esta primera página de la agenda porque siguen resonando en la conciencia los buenos propósitos y las imágenes antropomórficas (¡qué palabra!) de un año que ya no se llama presente.

      Difícil es, sin duda, abstraerse de sentir ese aire de recién nacidos, pero con cuerpos decadentes. Es extraño, o lo más esperado quizá, esa sensación a esta hora y en ese día; porque dulces melodías y viejas añoranzas de las que tal vez no exista cura son caldo de cultivo perfecto para llorar (aunque sea metafóricamente) por lo que ya no fuimos y no podremos ser.

      Poderosa la mente, vira a tiempo, como hábil conductor y, antes de precipitarse al abismo, fabrica un perdón adecuado al azar porque, ¿quién si no él nos puso aquí y ahora? No hay nuevos proyectos de vida, presumir de eso sería mentir. A estas alturas el sacrificado lector se preguntará por qué pierde su tiempo adentrándose entre estos renglones, si es que no se fue a sus cosas desde hace rato. ¿Qué podría ofrecerle para que se quede? Nada, acaso solo la invitación a escuchar dulces melodías antiguas mientras percibe la dulzura con que un ave hace su vida en aquel árbol y, casi sin pensarlo, el amable lector mira sus manos y sin preguntar nada, sabe que tampoco quiere morir.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Pastorcita de la paz

 

Pastorcita de la paz

 

Por Fernando Suárez Estrada.

 

Los líderes de la Tierra recibieron el abrazo de Año Nuevo que una Pastorcita, desde las Cuevas de los Portales, dirigió a los corazones del mundo.

Y el milagro se dio: Las fantasías de aquella criatura se hicieron realidad. 2025 se convirtió, desde su primer segundo, en el año del amor y la armonía. Todos los seres humanos se deshicieron de las armas y las drogas, y cantaron con amor a los dioses y a su luz civilizada.

¡Adiós odio, armas y drogas! serenatearon niñas, niños, jóvenes, nubes, nieve, lluvia, rayos, centellas, el sol y una luna.

La Pastorcita besó las frentes de padres, hermanos y amiguitos, incluyendo las de su parentela y las de los desconocidos, besó las plumas de nieve, los arenales, las montañas, cerros y ríos, los alamitos, pinos y rosales, manzanos, maizales, nueces y frijoles. Besó las calles, los cachetes de la luna, las estrellas, los labios del volcán Picacho. ¡A los dinosaurios voladores Quetzalcoatlus!, fósiles de nuestra región, las faldas de la Laguna de Bustillos. A osos, venados, búfalos, toros, vacas, cochinos, ovejas, burros, mulas, caballos, coyotes, lobos, zorrillos, perritos, perros, gatos, ratones, víboras, palomas, golondrinas, pavorreales, grullas, cuervos, pajarillos, patos, cisnes, hormigas, gusanitos, luciérnagas, grillos, abejas y, sobre todo, besó las frentes de muchos niños y jóvenes que eran orillados a perder la sonrisa, su mirada y la ilusión de vivir, debido a los narcos que asfixiaban y esclavizaban a seres buenos, destruyendo a sus propios hijos y familias.

Las redes sociales y la inteligencia artificial temblaron de emoción. Las cuevas, granjas, escuelas, iglesias, ateos, cines, televisoras, radio, prensa y literatura sacudieron las conciencias y proyectaron a la Pastorcita del mundo como el pedacito de Dios de la humanidad, nacida ella un día primero de enero de 2025.

Y entonces un beso de virgencita y aleluyas de amor e ilusiones cantadas en múltiples lenguas se posaron en los oídos de los pobladores de México, del planeta Tierra y del Universo.

 


Fernando Suárez Estrada hizo la licenciatura en periodismo en Escuela de Carlos Septién García, se tituló con su tesis El espacio ambiente nos informa, y la licenciatura en derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chihuahua con su tesis Consideraciones generales en torno al derecho a la información. Es autor de las siguientes obras publicadas: Cuentos tarahumaras (1975), en la revista Comunidad, editada por la Universidad Iberoamericana, y los libros Jesusita y otros relatos (2001), Caminos del villismo, de la hacienda de bustillos a la epopeya” (2005), Milagro en los alamitos, novela histórica sobre el nacimiento de CuauhtémocChihuahua (2012) e Identidad cuauhtemense. También es coautor del libro colectivo De San Antonio a Cuauhtémoc, herencia de grandeza”.

viernes, 3 de enero de 2025

Que mis manos te busquen

Que mis manos te busquen

 

Por Sergio Torres

 

A mí sí me gusta estar solo contigo, que mis manos te busquen y te encuentren a tientas, en la oscuridad más profunda. Reconocerte con mis manos, hundir la nariz en tu cabello y saberte cerca. Sentir el latido de tu corazón, la calidez de tu vientre, el frío de tus pies a partir de octubre y hasta que el verano regrese.

A mí sí me gusta que me cuentes qué pasó en el trabajo, quién se peleó con quién y quién hizo de nuevo las paces. Que me compartas los detalles de esas cosas que pasaron el fin de semana con las familias de tus compañeros... y olvidarme de todo hasta volver a encontrarnos. Darte de nuevo pie para que sigas contando la maravilla que es la vida de todos y cada uno.

A mí sí me gusta quedarme mirando tus ojos, lentamente, como si la luz se escurriera en tu mirada, a veces fiera, a veces dulce, a veces juguetona, a veces inquieta.

A mí sí me gusta susurrar tu nombre a tu oreja, sentir cómo se estremecen tus hombros y te aprietas contra mí y te abandonas a nuestro abrazo con los ojos cerrados.

A mí sí me gusta ir tomado de la mano contigo en la calle, aunque no tengamos 14 años sino muchos, muchos más. Que nos tomemos fotos en cada esquina y construyamos recuerdos para cuando alguno falte y el otro necesite recordar que la vida se vive en este preciso instante, y tome esa otra mano, y acompañe ese otro latido.

A mí sí me gusta que sepan que estás conmigo, que sepan que estoy contigo, porque mi quererte no es ningún secreto, ningún amor debería serlo.

A mí sí me gusta quererte y que sepas que te quiero.

 


Sergio Torres. Licenciado en Artes, músico desde la infancia, dibujante y compositor de canciones. Maestro de música por vocación.

jueves, 2 de enero de 2025

Quetzalcoatl. Nueva versión de la leyenda de Ce Ácatl Topiltzin. Episodio 9

 

Quetzalcoatl. Nueva versión de la leyenda de Ce Ácatl Topiltzin. Episodio 9

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Era de madrugada. Con mareos y dolor de estómago, Topiltzin se incorporaba apoyándose en la cabeza de serpiente que decoraba el basamento de su trono. Sus propias plumas y escamas es decir las de su revestimiento representando a Quetzalcóatl se encontraban ahora esparcidas por el recinto. A un lado, sobre los cojines y mantas del descansillo, yacía Xochipétatl, apenas cubierta por una tira de tela. En su cara se advertian rezagos de dolor y de placer. Sin embargo respiraba tranquilamente, no se necesitaba una explicación para saber que había bebido mucho; tampoco para saber qué había pasado aquella noche. Ce Ácatl ahora mismo no quería creerlo: había bebido, se había embriagado, había dejado salir a la bestia, más propia de Tezcatlipoca que de él, había dado al traste con años, muchos años de castidad, había arruinado también la de su hermana. Con qué cara enfrentaría a delegados, coros y danzantes que de seguro insistirían ahora más que antes en tener sus sacrificios. Ya no tienes, Ce Ácatl, la estatura moral para negarles nada. Pero ¿qué acaso eres todavía un dios después de lo que ha pasado?

Varias cosas habían cambiado. Su perfecta castidad, y no era tan solo haber fornicado, sino haberlo hecho con su propia hermana. El haber perdido el control, la racionalidad. Sentía que políticamente había caído en la trampa de los tepocas: tal vez era lo más terrible que había hecho, que era aquello precisamente lo que Tezcatlipoca había querido que hiciera. La manipulación le mostraba a Topilzin no solo su propia debilidad, sino el peligro que había estado corriendo y que finalmente le alcanzó como un mazazo en la cabeza. Y ahora tenía que enfrentar esa culpa, la intensa ansiedad por lo que había pasado, el arrepentimiento doloroso. Sentir que necesitaba ser castigado, pagar por el crimen cometido. Su consejero principal, Tlacaéletl y su amigo Tecpatli, ya lo abordaban diciéndole:

—"Hay que seguir adelante". Y "Aquí no ha pasado nada".

Pero ¿como podían decir eso? ¿Qué no habían visto a Xochipétatl levantarse llorando? ¿Qué del daño inflingido a la muchacha? —pensaba Topilzin— Ya no podrían ni él ni ella ver a nadie a la cara, directo a los ojos. Y una vocecita decía a Topilzin:

—Has fallado, príncipe guerrero. Tu camino hacia la divinidad estará cerrado de aquí en adelante. Y así lo dirán el negro y el rojo.

Y luego venía la responsabilidad, haberle quedado mal al dios, al mismo Quetzalcóatl. ¿Qué no era para eso que hasta ayer permanecías casto e inmaculado? Para identificarte cada día más con él. Tal vez para llegar a ser como él, a ser él mismo.

            Tlacaéletl, su consejero principal, con su pragmatismo característico insistía. "Hay que empezar de nuevo. No hay tal derrota, no es, no debe ser esto el final de todo. Basta con enmendar el camino. Sabemos qué hacer, hagámoslo de hoy en delante. Otra vez."

            Nunca sabremos si el prestigio moral de Topilzin se hubiese recuperado de haber seguido ese consejo, o si lo que pasó causara un daño irremediable a la imagen del príncipe frente a su pueblo. Muchos piensan que por el hecho de que le adoraban, tal vez le hubiesen perdonado cualquier cosa, incluso el más grave pecado.

Pero él no se perdonaría a sí mismo.

Fue tanto así, que desde el despertar de su borrachera comenzó a pensar en irse, huir, abandonar su puesto como rector máximo de la ciudad de Tula y del pueblo tolteca. De cualquier forma sus admiradores señalaban que no era muy factible que un hombre del cual hasta ayer se decía que había conducido al pueblo trayendo un esplendor grandioso a su ciudad, a su cultura, a sus artes y edificios, por un hecho solitario, aislado, desmereciera todo lo bueno que había hecho antes. ¿Qué acaso no había muchos que declararían que no creían lo que se decía que había pasado aquella noche en el salón del trono? ¿O qué no habría quien, aun concediendo veracidad a la historia de lo que se decía, pensara que el prínicipe merecía una segunda oportunidad? Seguro que la condena no era uniforme, no podía serlo. ¿Pues qué aquellos que identificaban a Ce Ácatl Topilzin con el dios Quetzalcóatl no recordaban que en tiempos lejanos el tigre Tezcatlipoca había derrumbado a Quetzalcóatl de su trono solar con un certero zarpazo y después este se había recuperado? —como lo dicen los códices.

            Pero lo que había en el palacio era para Ce Ácatl Topilzin Quetzalcóatl un imperdonable pecado. Pensaba que debía ser castigado. Que había perdido todo al pecar de esa manera. Sentía que todo había cambiado, que el cambio era permanente. Que no había remedio.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico y Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores.

miércoles, 1 de enero de 2025

Escribir en el siglo XXI

 

Escribir en el siglo XXI

 

Por Marco Benavides

 

En un rincón iluminado por una lámpara tenue hay una máquina de escribir sobre un escritorio, con su teclado mecánico y su inconfundible sonido de teclas que golpean el papel. Para muchos, esta escena evoca un tiempo en el que la escritura era un ritual casi sagrado, donde cada palabra se pensaba cuidadosamente antes de ser inmortalizada en tinta. Hoy, sin embargo, vivimos en una era digital que ha transformado radicalmente la manera en que los escritores crean y comparten sus obras.

La llegada de herramientas digitales ha revolucionado el proceso creativo. Si bien el procesador de texto clásico como Microsoft Word sigue siendo un fiel compañero, aplicaciones como Scrivener y Ulysses han elevado la experiencia de escritura a un nuevo nivel. Estas plataformas no solo permiten escribir, sino también organizar ideas, notas y escenas con una facilidad impensable en los días de las libretas y las carpetas. Escribir una novela, por ejemplo, ya no es un caos de papeles dispersos; ahora todo puede estar perfectamente estructurado y al alcance de un clic.

Los mapas mentales también han encontrado su lugar en el mundo digital. Herramientas como MindMeister y Miro permiten a los escritores visualizar conexiones complejas entre personajes, eventos y temas. Estas aplicaciones son como pizarras infinitas donde las ideas fluyen libremente, ofreciendo una flexibilidad que la máquina de escribir nunca hubiera podido proporcionar.

Sin embargo, no todo es eficiencia fría y funcional. La tecnología también ha traído magia al proceso creativo. Los generadores de ideas como Reedsy Prompts o Story Generator funcionan como musas modernas, capaces de sugerir tramas, personajes y escenarios que encienden la chispa de la imaginación. ¡Quién habría pensado que un algoritmo podría ayudar a superar el temido bloqueo creativo!

La inteligencia artificial ha emergido como una colaboradora insólita y poderosa. Herramientas como ChatGPT, Sudowrite y Writesonic están redefiniendo lo que significa escribir. Estas plataformas no solo generan texto, sino que también ofrecen sugerencias estilísticas, reescriben fragmentos y hasta ayudan a estructurar tramas complejas. Por ejemplo, un escritor puede pedirle a la IA que imagine un diálogo entre dos personajes y, en segundos, tiene una base sobre la cual construir.

Pero la inteligencia artificial no se detiene ahí. Herramientas como ProWritingAid y Grammarly actúan como editores personales, analizando cada palabra y oración en busca de errores gramaticales, incoherencias estilísticas y oportunidades para mejorar la claridad. Es un tipo de retroalimentación instantánea que antes solo se obtenía tras semanas de espera por parte de un editor humano.

A pesar de su eficiencia, estas herramientas también suscitan debates apasionados. Algunos escritores temen que depender demasiado de la IA pueda diluir la autenticidad de la voz literaria. Sin embargo, otros ven en ella una oportunidad para experimentar y explorar estilos que de otro modo podrían quedar fuera de su alcance.

La escritura, especialmente en proyectos largos como novelas o ensayos extensos, puede ser un ejercicio de caos organizado. En este contexto, herramientas como Trello, Notion y Evernote han demostrado ser indispensables. Estas aplicaciones permiten gestionar tareas, metas y recordatorios con una eficiencia que la vieja libreta ni siquiera hubiera podido imatinar.

Para los escritores obsesionados con el progreso, aplicaciones como WordCounter y Pacemaker ofrecen un alivio significativo. Estas herramientas permiten establecer objetivos diarios de palabras y monitorear el avance hacia la meta final. Es como tener un entrenador personal que te anima a alcanzar la meta, una característica que hubiera sido inconcebible en la era de la máquina de escribir.

En el pasado, editar un texto significaba imprimirlo, marcarlo con un bolígrafo rojo y volver a mecanografiar las páginas corregidas. Hoy, la edición ha sido transformada por herramientas como Hemingway Editor y AutoCrit. Estas plataformas analizan el texto en busca de redundancias, frases demasiado largas y palabras innecesarias, ayudando a los escritores a lograr una prosa limpia y efectiva.

La colaboración también se ha beneficiado enormemente. Plataformas como Google Docs y Dropbox Paper permiten a varios usuarios trabajar en el mismo documento en tiempo real, dejando comentarios y sugerencias que pueden ser implementados al instante. Es un nivel de interactividad que las copias físicas nunca pudieron ofrecer.

La autoedición es posiblemente una de las revoluciones más significativas que ha traído la era digital. Herramientas como KDP (Kindle Direct Publishing) de Amazon e IngramSpark permiten a los escritores publicar y distribuir sus obras en formato digital e impreso sin necesidad de pasar por las grandes editoriales. Esto ha democratizado el acceso al mundo editorial, dando voz a autores que antes habrían quedado al margen.

Para aquellos que desean un acabado profesional, programas como Canva, Adobe InDesign y Vellum ofrecen soluciones para diseñar portadas y maquetar libros con estética impecable. Nunca había sido tan fácil crear un libro que compita en calidad visual con las publicaciones tradicionales.

En cuanto a la promoción, las redes sociales han abierto un universo de posibilidades. Herramientas como Hootsuite y Buffer permiten gestionar campañas de marketing, programar publicaciones y analizar el impacto de cada acción. Los escritores pueden ahora construir comunidades de lectores fieles desde la comodidad de su escritorio.

Si algo caracteriza a la era digital es la conexión global. Plataformas como Wattpad, Medium y Reedsy han creado espacios donde los escritores pueden compartir sus trabajos, recibir retroalimentación y conectarse con lectores de todo el mundo. Estas comunidades también ofrecen oportunidades para colaborar con otros escritores, editores y diseñadores, ampliando las posibilidades creativas.

Pero no todo es un camino de rosas. La era digital trae consigo retos significativos. La distracción constante, facilitada por las mismas tecnologías que potencian la escritura, es uno de los principales enemigos del escritor moderno. Internet puede ser un pozo sin fondo de distracciones que roba tiempo y enfoque.

Además, la dependencia excesiva de las herramientas digitales plantea preguntas sobre la autenticidad. ¿Escribir con la ayuda de una IA sigue siendo un acto puramente creativo? ¿O estamos delegando parte de nuestra expresión en algoritmos? Estas son cuestiones que los escritores modernos deben enfrentar con honestidad.

La máquina de escribir, con su encanto nostálgico, sigue siendo un símbolo de una época en la que la escritura era un acto deliberado y casi ceremonial. Aunque las herramientas digitales han simplificado y acelerado el proceso, también es importante recordar que, al final, la esencia de la escritura permanece intacta: comunicar ideas, emociones e historias.

Escribir en tiempos modernos no significa abandonar el pasado, sino construir sobre él. Las herramientas digitales son extensiones de nuestra creatividad, no sustitutos. El verdadero arte de escribir reside en la mente y el corazón del escritor, no en la tecnología que utiliza.

Así, mientras damos la bienvenida a un año lleno de posibilidades, también podemos mirar hacia atrás con gratitud. Porque, aunque las palabras se escriban hoy en una pantalla, siguen llevando consigo la pasión, la intención y el poder que siempre han tenido. La máquina de escribir puede estar en un rincón, pero su espíritu vive en cada palabra que escribimos, ya sea con tinta o con pixeles.

30 diciembre 2024

 

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drbenavides@medmultilingua.com

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.