sábado, 28 de septiembre de 2019

Alberto Carlos. Cada quien su IVA

Arte de Alberto Carlos

Cada quien su IVA

Por Alberto Carlos

El recién estrenado sexenio entró muy dado a la variedad y, como la variedad en las carpas faranduleras, lo hace por tandas. En la primera tanda, la variedad en el precio del dólar (libre, controlado y mexdólares) es una terna o trío de opciones degenerado en trifulca, porque la única sopa disponible es la primera instancia y la rebatinga se perfila con visos de motín. Se acabaron los dolaritos para la fayuca poquitera. De la fayuca grande ni nos enteramos, porque es un secreto casi de estado. Los que se endrogaron en el otro lado traen la cola entre las patas. Si no se caen cadáveres con el abono, a lo mejor les embargan propiedades y los Estados Unidos van a agarrar más territorio del que les vendió Santana.
En cuánto al IVA, la cosa es más movida. Ahora sí que cada quien tiene el IVA que se merece. En esta segunda tanda salimos bailando todos, unos más, otros menos, pero cada cual al son de la pieza que le guste bailar y según la bailadora que le haya tocado en suerte como madre de sus hijos.
Si le salió gastadora de cosméticos, ya tiene IVA para rato. Si es frijolera, menos mal. Pero si le da por hacer la comida en un abrir y cerrar de latas, con el IVA correspondiente no van a llegar al postre. En otras palabras, el que quiera azul celeste, que le cueste. Pero eso sí, habremos de cargar un instructivo para saber, en esta variedad de IVAS, dónde el ramalazo es duro y dónde más o menos, con el fin de cuidar el presupuesto.
Difícilmente podemos unificar criterios en una sociedad de capital tan variable. Lo de capital variable no es ninguna metáfora. Como están o van las cosas, cualquier hijo de vecino varía su capital de la noche a la mañana y de abajo para arriba. Le basta con adquirir un kilo de calabacitas hoy, guardarlas para mañana y amanece con un incremento de capital invertido con el que no soñó durante la noche. Si se compra un coche, se acuesta centenario y amanece millonario. En cambio, si guarda sus pesecitos en la mañana, para medio día ya vale sombrilla el guardadito. Por eso se suelta la compradera a pesar del IVA. Por eso nuestros hogares están cada vez más llenos de chácharas, de modo que ya no hay dónde poner un pie. Pero no nos hagamos la vida pesada, veamos la cosa con optimismo. Agárrenle grano al suspenso cotidiano. Cruce apuestas, haga sus pronósticos. Láncese a la cacería de “especiales” y goce las sorpresas del IVA en la cuenta del mandado. Éntrele al cotorreo quejoso con la vecina. Entreténgase echando números para administrar el chivo. En fin, sáquele jugo a las variantes, al jaleo de nuestra economía más que mixta. Póngase a componer tangos o canciones de protesta. Si su marido no le cumple... con el chivo hágale su cancioncita a la D’Alessio.
Y usted, señor, se las contesta a lo Vargas. La cuestión es gozar la vida como viene, no aminalarse.
Total, como dijo nuestro ya conocido filósofo don Cástulo Armagenóstenes, del barrio de las Lumbreras: al mejor bebedor le hace falta la botana. Lo cual no viene al caso, pero es un digno remate cultural.



Alberto Carlos. Artista nacido en Fresnillo, Zacatecas, avecindado en Chihuahua desde la infancia. Con medio siglo de trayectoria, su vasta obra mural, escultórica y de caballete abarcó una diversidad de técnicas y temáticas. Su natural inquietud y amplia cultura lo llevó a incursionar en la literatura y el periodismo, en géneros como la poesía, el cuento, el ensayo, la calavera, el epigrama y la columna, los cuales publicaba en periódicos como el suplemento Tragaluz de Novedades de Chihuahua, El Heraldo de Chihuahua, y en las revistas Tarahumara y Solar.

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