lunes, 31 de diciembre de 2018

Giorgio Germont. San Vasily El Bendito

El secreto de Olga
Novela

Por Giorgio Germont

Capítulo 26. San Vasily El Bendito

Descansaron en el hotel la sobremesa del almuerzo y se dispusieron a asistir a la función de las 06:00 en la Iglesia ortodoxa de San Vasily El Bendito. Era el punto de reunión de los ex patriados rusos de la localidad. Tiene decorada la cúpula un poco al estilo de la catedral de Moscú, con colores rojos y verdes en patrones espirales. El festival ya había dado comienzo. Tuvieron dificultad para encontrar estacionamiento y al fin entraron al recinto. Al pasar por el interior de la iglesia vieron una inmensa fotografía de un templo con siete torres blancas y tres domos dorados. David hizo un alto y le preguntó a Olga que si era San Vasily El Bendito.
—No —le dijo ella, es El Cristo Redentor, la que está a las orillas del río Moskba.
Los fieles se arrodillaban en un pequeño altar en la parte trasera de la nave principal, donde un lector sentado en el suelo con un pequeño micrófono oraba con el público. Se escuchaba su voz gangosa y rítmica que decía:

Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos será el reino de los cielos,
bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán la tierra,
bienaventurados los que tienen hambre y sed de jus-ticia
porque ellos serán saciados...

El festival estaba en su apogeo. Salieron al jardín por la puerta de la sacristía en donde mucha gente ya estaba reunida alrededor del pastor, un clérigo barbón de lentes con un tocado de tres picos y una sotana negra. El jardín tenía setos y mesas de picnic donde ya se colocaban viandas. Le presentaron a David a varios hombres rusos y las mujeres se dirigieron hacia donde estaban los preparativos, los ingredientes en unas mesas. David pensó que reconocía a un barbudo pelirrojo. No estaba seguro pero sospechaba que lo había visto en la página aquella de la computadora que visitaba Olga. Raiza lo introdujo.
—Mira David, él es Boris Rostov, el presidente del grupo.
El pelirrojo era un inmenso fortachón con manos como garras. Le estrechó la mano, casi le quiebra los dedos, y se despidió al instante siguiendo a otros rusos que lo buscaban.
David se quedó donde uno de ellos. Un tal Sasha lo llevó a ver cómo la carne cruda se preparaba.
Te voy a mostrar cómo se prepara la carne asada al estilo ruso le dijo. Se pone desde el día anterior a curar en kefir. ¿Sabes lo que es el kefir?
David contestó que no lo sabía y escuchó la disertación entera. A lo lejos veía cómo Boris saludaba a Olga efusivamente, le daba sus tres abrazos y luego le enroscaba un brazo por la cintura diciéndole algo al oído. Lo que le pasó desapercibido fue que al saludarla Boris le puso en la mano a Olga una nota con un nombre y una dirección. Ella la tomó y se la guardó pidamente dentro del corpiño. En eso Raiza se acercó con ellos y llevaban una conversación muy animada con muchos ademanes entre los tres. También miró David a una mujer muy delgada que vestía una túnica color azul turquesa muy larga. La mujer tenía lentes y pelo largo canoso. David trató de acercarse donde Olga para averiguar de qué hablaba con Boris, pero Sasha lo tomó del brazo y lo arrastró de nuevo a la mesa donde el cocinero sacaba el puerco del tazón lleno de kefir y condimentos.
Mira, David, aquí está el detalle importante le dijo.
Olga estaba muy atenta en la mesa del fondo a lo que decía el pelirrojo Boris. Si David pudiera entender ruso esto es lo que hubiera escuchado, lo que Raiza le dijo al oído a Olga: Dice Boris que era preciso verte en persona. Le tienen intervenido el teléfono ¿entiendes? Está bajo una vigilancia muy estrecha.Ese era el tema que discutían mientras David aprendía a cocinar como si fuera un ruso de verdad.
Muy a su pesar, David observó cada detalle de cómo se preparan las agujas de carne de puerco antes de colocarlas sobre las brasas. El humo se le metía en los ojos, la carne asada ya empezaba a cocerse. El olor a carne al calor de las brasas era intenso. David volteaba donde Olga y apenas la podía ver en medio del grupo que la rodeaba. Solamente se veía el color azul turquesa del vestido de la mujer canosa; alguien más que David no alcanzaba a distinguir estaba detrás de Olga y la tenía abrazada. Raiza se acercó de pronto y le dijo a David:
Aquí está el Chorny perets y lavrovny, gránulos de pimienta negra y hojas de laurel para la carne. Te va a saber a gloria, David.
Raiza acentuaba que solamente faltaba el vodka para darle a todo el punto final, pero no podían tomar alcohol en la iglesia. Así pasó la tarde y finalmente abandonaron el jardín. Después de tomar los refrigerios pasaron de nuevo por la nave principal y aún estaba el sermoneador leyendo a los creyentes, en su mayoría mujeres cubiertas con pañoletas negras con las manos juntas en el pecho y la cabeza agachada. Resonaba la voz adormecedora del lector:

Más tú, Jehová, eres un escudo alrededor de mí;
eres mi gloria, el que levanta mi cabeza.

(Continuará).


Giorgio Germont estudió medicina en la UACH, ejerce su profesión en Estados Unidos. Ha publicado tres novelas: Treinta citas con la muerte (2005), Dos miserables entre la luz y la oscuridad, (2011). Ambas recibieron sendos galardones como finalistas de los concursos USA BEST BOOK AWARDS en los años 2007 y 2011 respectivamente. Las versiones en español de la primera, titulada Mis encuentros con la muerte y la segunda con el mismo nombre se publicaron en 2012 por Editorial Perfiles. En 2016 publicó su novela Rayo azul.

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